Aunque las campañas electorales en los Estados Unidos de México aún parecen lejanas, las principales fuerzas políticas ya comienzan a trazar sus estrategias de cara a las próximas elecciones intermedias. La jornada del 6 de junio de 2027 no será una elección ordinaria, se perfila como un auténtico mega proceso electoral que pondrá en juego 17 gubernaturas, además de congresos locales y centenares de ayuntamientos. De su resultado dependerá, en buena medida, la reconfiguración completa del mapa del poder en México.
Falta poco menos de un año para esa cita y las próximas elecciones ya toman forma en medio de un choque directo entre dos visiones políticas opuestas que pugnan por conquistar el electorado. La mayoría en el poder ha consolidado un marco legal que permite anular comicios ante la sospecha de injerencia extranjera, utilizando la defensa de la soberanía como escudo tanto político como electoral.
Frente a esta narrativa, la oposición mexicana - integrada por el PAN, el PRI y Movimiento Ciudadano - rechaza de manera tajante la reforma al artículo 41 constitucional. Consideran que esta medida constituye una herramienta autoritaria y discrecional que el oficialismo podría utilizar para invalidar procesos electorales que le resulten desfavorables.
El Congreso de México había aprobado a finales de mayo una reforma constitucional que permite anular elecciones en las que se compruebe que una intervención extranjera influyó en el resultado. La reforma al artículo 41 de la Constitución consiste en incorporar la «intervención o injerencia extranjera» como nueva causal de nulidad de elecciones federales y locales. Según la modificación, se podrá anular una elección cuando se acredite que una intervención extranjera influyó de manera determinante en su resultado. Para ello, se deberán presentar pruebas de actos externos tales como financiamiento ilícito, propaganda, desinformación, presión diplomática u otros mecanismos similares.
Anular elecciones por injerencia extranjera
Más allá de las disputas internas y de los posicionamientos de unos y otros, resulta particularmente significativo que esta reforma, impulsada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y sus aliados en el gobierno, se inscribe en un contexto de crecientes tensiones internacionales, especialmente con Estados Unidos. Aunque no es el primer país del mundo en buscar anular elecciones por injerencia extranjera, México se convierte en uno de los pioneros al incorporar esta causal de forma explícita y general en su Constitución.
Dentro de los precedentes concretos, se puede destacar el más reciente y relevante que es Rumania en 2024, donde el Tribunal Constitucional anuló la primera vuelta de las elecciones presidenciales por una campaña masiva de interferencia rusa (principalmente en TikTok y Telegram) a favor de un candidato. Se ordenó repetir todo el proceso.
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No obstante, México destaca por su innovación constitucional. A diferencia de otros países, no hay registros de reformas equivalentes que incorporen de forma explícita y general la injerencia extranjera como causal automática de nulidad electoral. Mientras la mayoría de naciones optan por regularlo a través de leyes contra el financiamiento extranjero, esquemas de transparencia (como en Australia), anulaciones judiciales puntuales (como en Rumanía) o sanciones administrativas, México ha optado por consagrarlo en la Constitución y aplicarlo de forma amplia tanto en el ámbito federal como local.
La injerencia extranjera en elecciones es un problema antiguo y creciente (Rusia, China, Irán, etc.), pero las respuestas suelen ser reactivas o a través de inteligencia/seguridad nacional, no reformas constitucionales preventivas tan directas. México lo está institucionalizando de forma muy explícita. Aunque no es el primer país en reaccionar anulando una elección por injerencia, sí es uno de los primeros (posiblemente el primero) en constitucionalizarlo como causal general de nulidad. Críticos argumentan que la redacción es vaga y podría usarse de forma discrecional.
la revolución digital constituye hoy en día el principal acelerador de este fenómeno, pero no es la única causa, su escala actual se explica por una combinación de factores tecnológicos, geopolíticos y sociales. Pero porque la injerencia extranjera en elecciones constituye un riesgo estructural grave para la democracia electoral?
Los tres pilares de la democracia representativa
Es evidente que la democracia representativa se sustenta sobre tres pilares esenciales que la injerencia extranjera ataca de manera directa y sistemática. En primer lugar, la soberanía popular, ya que las elecciones deben ser la expresión auténtica de la voluntad libre e informada de los ciudadanos del país, y no el reflejo de agendas impulsadas por potencias externas. En segundo lugar, la confianza en las instituciones, pues cuanto mayor es la siembra deliberada de dudas sobre la legitimidad de los resultados electorales, más se erosiona la aceptación social de los gobiernos democráticamente elegidos. Y, finalmente, la autonomía del debate público, dado que los ciudadanos deben formar sus opiniones y tomar decisiones a partir de información veraz y de un debate genuino surgido en el interior de la sociedad, y no de operaciones de influencia coordinadas desde el exterior.
Estos tres pilares, cuando son socavados, comprometen la esencia misma del sistema democrático. Cuando un actor extranjero logra influir de forma significativa (incluso sin “robar votos”), distorsiona el proceso democrático. No es solo un problema de “trampa”, sino de ilegitimidad de origen. Ejemplos como la anulación en Rumania 2024 o las reformas en México muestran que los países están respondiendo porque ven esto como una amenaza existencial.
Antes, interferir en otro país requería embajadas, fondos físicos, agentes sobre el terreno o medios de comunicación tradicionales, un proceso costoso y relativamente fácil de detectar.
Hoy, en cambio, un equipo reducido - o incluso solo inteligencia artificial - puede alcanzar a millones de personas de manera barata, rápida y casi anónima a través de las redes sociales.
Los algoritmos de plataformas como Facebook, X, TikTok o YouTube desempeñan un papel fundamental en esta nueva realidad, ya que están diseñados para optimizar por interacción. El contenido polarizador, conspirativo o emocional se viraliza con mucha mayor facilidad, y los actores extranjeros lo aprovechan con gran destreza.
Esta desinformación se ha convertido en una operación industrial: bots, granjas de trolls, cuentas falsas y, ahora, herramientas de IA generativa (deepfakes, textos, audios y vídeos hiperrealistas) permiten crear campañas altamente personalizadas según segmentos demográficos específicos. A ello se suma la velocidad y la opacidad del medio, una operación puede desplegarse en cuestión de horas y resulta extremadamente difícil atribuirla con certeza absoluta.
La guerra de la información como herramienta híbrida
Todo esto ha transformado la guerra de la información en una herramienta híbrida de conflicto, situada en una zona gris entre la guerra convencional y la paz. Países como Rusia, China e Irán la utilizan de forma sistemática porque resulta mucho más efectiva y menos arriesgada que los métodos tradicionales. Varios medios y analistas franceses, han advertido en el mismo contexto que el régimen argelino busca influir en las elecciones presidenciales francesas de 2027, principalmente a través de su importante diáspora en Francia, mediante una movilización en redes sociales de cientos de miles de ciudadanos franceses de origen argelino. Si esta injerencia argelina se materializa, se enmarcaría principalmente dentro del modelo de injerencia a través de la quinta columna, pero en una versión moderna e híbrida.
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En el mismo contexto, el antiguo Alto Representante de la Unión europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, había afirmado en una de sus intervenciones que “la injerencia extranjera en las elecciones es uno de los graves problemas que tiene la democracia en Europa y en el mundo”. En España, Aunque el Tribunal Supremo español archivó en marzo de 2025 la causa por alta traición contra el líder separatista Carles Puigdemont por la presunta injerencia rusa en el Procés de Cataluña, las sospechas de interferencia extranjera en el independentismo catalán continúan siendo objeto de preocupación tanto a nivel nacional como europeo.
Ante este tipo de amenazas, Josep Borrell había impulsado desde el Servicio Europeo de Acción Exterior, un programa específico cuyo nombre oficial en inglés FIMI es precisamente «luchar contra la injerencia extranjera y la desinformación en las elecciones, advirtiendo en declaraciones públicas de la necesidad de mantener la máxima vigilancia en vísperas de las próximas elecciones europeas para que no se repita lo que ya pasó en anteriores elecciones, la injerencia y la desinformación en el proceso democrático es algo que hemos de vigilar, porque sí hay muchos agentes exteriores que interfieren en nuestros procesos, sembrando desinformación» . Un llamamiento que insiste en la amenaza de múltiples actores exteriores, sin necesidad de nombrarlos. Esa imprecisión deliberada revela, por sí sola, la dificultad inherente de identificar a este tipo de actores, que han aprendido a aprovechar con maestría el anonimato y la opacidad propios de la guerra de la información.
También en Africa, las campañas de desinformación en línea pueden distorsionar el panorama informativo y socavar los cimientos de los procesos electorales. Estas operaciones de información se han convertido en una herramienta de influencia en el continente, llegando incluso a competir con los medios de comunicación profesionales tradicionales. El Instituto de Estudios de Seguridad (ISS), con sede en Pretoria (Sudáfrica), reveló en un estudio reciente sobre la desinformación en línea durante las elecciones de 2024, que la Comisión Electoral Independiente (CEI) de Sudáfrica, junto con otras instituciones democráticas, ha sido blanco de campañas de desinformación coordinadas. Este estudio analiza las tácticas, los discursos y los actores detrás de estas campañas, así como influyentes políticos sudafricanos en línea, subcontratan sus servicios a otros países africanos.
Además del papel que desempeñan los extraordinarios avances de la tecnología digital en la manipulación remota de las elecciones, existen otras causas estructurales de gran relevancia. Todas ellas pueden resumirse en el actual contexto de geopolítica multipolar, caracterizado por una creciente rivalidad entre las grandes potencias: Estados Unidos, China y Rusia.
En este escenario, interferir en las elecciones de otros países se ha convertido en una táctica estándar de la guerra híbrida, una forma eficaz de debilitar al adversario sin necesidad de recurrir a un conflicto armado directo. Otro factor clave es la polarización interna, las sociedades profundamente divididas son mucho más vulnerables a la manipulación externa. Los actores extranjeros no crean estas divisiones, pero las amplifican de manera extraordinaria, exacerbando las tensiones existentes. Finalmente, destaca la debilidad regulatoria de muchos países, que durante años tardaron en establecer normas claras sobre financiamiento extranjero de campañas, transparencia en la publicidad política y responsabilidad de las plataformas digitales.
Ciberdefensa electoral y sensibilización mediática
Aunque parece muy difícil de eliminar completamente este fenómeno, las democracias están respondiendo con mejores leyes de transparencia y financiamiento, cooperación internacional y mecanismos de coordinación en la lucha contra la manipulación de información extranjera y la injerencia, además de inversión en ciberdefensa electoral y sensibilización mediática.
Expertos y servicios de inteligencia dudaban o sabían de la existencia de la injerencia extranjera en las elecciones desde hace décadas, pero el gran momento en que el fenómeno entró de lleno en la conciencia pública global, y se comenzó a dudar y a debatir seriamente su existencia, alcance y peligros, fue 2016, cuando las elecciones en EE.UU, según los informes de inteligencia estadounidenses marcaron el cambio cualitativo. La revolución digital (redes sociales, algoritmos, trolls y bots) había logrado la injerencia extranjera más visible, barata y escalable, afectando a la potencia más poderosa del mundo, lo que atrajo atención mediática masiva, especialmente porque la injerencia pasó de ser algo que las grandes potencias les hacían a países pequeños, a algo que podía afectar a todos. Desde entonces, el fenómeno se ha convertido en un tema central de seguridad nacional en la mayoría de democracias. Esto explica en parte reacciones actuales como la reforma en México. Tanto las viejas como las jóvenes democracias ya no lo ven como algo lejano, sino como una amenaza real y actual.
La revolución digital, por tanto, no inventó la injerencia extranjera (ha existido siempre), pero la amplificó, la abarató y la volvió mucho más efectiva. Esto representa un riesgo sistémico porque ataca el núcleo de la legitimidad democrática, la idea de que «el pueblo decide». Sin respuestas inteligentes (tecnológicas, legales y culturales), este fenómeno seguirá erosionando la confianza en las elecciones en todo el mundo. La reforma mexicana es una reacción a este nuevo entorno, aunque sus críticos señalan que también puede usarse como herramienta interna de control.
Las intervenciones durante la Guerra Fría eran más «analógicas» y directas, mientras que las actuales son más «digitales» e indirectas (guerra de información). Pero el objetivo siempre ha sido el mismo, inclinar la balanza a favor de un candidato o partido alineado con los intereses del país interventor. La revolución digital no creó la injerencia, pero la revolucionó. Multiplicó su escala, redujo drásticamente su costo y aumentó enormemente la dificultad de atribuirla.
Un riesgo estructural inherente a las democracias abiertas
Como resultado, ningún país está hoy plenamente protegido frente a la injerencia extranjera en sus elecciones. Se trata de un riesgo estructural inherente a las democracias abiertas en la era digital. Por eso, no existe un escudo perfecto, sino solo mejores defensas. La clave reside en fortalecer la resiliencia interna, recuperar la confianza ciudadana, consolidar instituciones sólidas y formar ciudadanos con espíritu crítico. Más que buscar una protección total, que resulta ilusoria, el verdadero desafío está en construir sociedades más resistentes a la manipulación externa.
Según R.O.C.K. Insitute un centro de experiencia y pensamiento estratégico con sede en París, Marruecos se encuentra actualmente en el centro de una guerra informativa y cognitiva no declarada, cuyas consecuencias son cada vez más evidentes. Esta guerra no se libra con bombas ni invasiones. Sus armas son las historias, las imágenes y las sensaciones. Su campo de batalla no es geográfico, sino informativo y psicológico. El objetivo no es capturar una capital, sino manipular las mentes, sembrar la duda, polarizar y minar la confianza.
El Reino de Marruecos, potencia diplomática en ascenso y actor clave entre África, Europa y el mundo árabe, es hoy blanco de una guerra cognitiva sin precedentes. Esta guerra no se libra con armas ni tratados, sino a través de narrativas, percepciones, flujos de información y emociones colectivas. Su objetivo es socavar la legitimidad institucional, fragmentar la cohesión nacional y reconfigurar el equilibrio de influencia en el Magreb y África.
El Horizon Institute, otro centro de reflexión estratégica basado en Tánger, explica los motivos de esta una guerra informativa y cognitiva no declarada, por el hecho de que el Reino de Marruecos, es potencia diplomática en ascenso y actor clave entre África, Europa y el mundo árabe, por tanto «es hoy blanco de una guerra cognitiva sin precedentes. Esta guerra no se libra con armas ni tratados, sino a través de narrativas, percepciones, flujos de información y emociones colectivas. Su objetivo es socavar la legitimidad monárquica, fragmentar la cohesión nacional y reconfigurar el equilibrio de influencia en el Magreb y África».
A solo tres meses de las próximas elecciones generales, la reforma electoral marroquí no incorpora, al menos de forma explícita, una disposición configurada como una ley «anti injerencia extranjera» comparable a las adoptadas en otros países. En cambio, varias medidas van claramente en el sentido de un fortalecimiento de la protección del proceso electoral contra las influencias exteriores, especialmente en el espacio digital. Los textos adoptados (leyes orgánicas relativas a los partidos políticos, a la Cámara de Representantes y a las listas electorales) introducen, entre otras cosas, un encuadramiento inédito del uso de las redes sociales durante las campañas; disposiciones relativas al uso de la inteligencia artificial, un refuerzo de los mecanismos de transparencia del financiamiento político, además de un plafonamiento de ciertos gastos relacionados con la comunicación digital.
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Estos elementos responden de manera indirecta a riesgos actualmente asociados a las injerencias extranjeras: campañas de desinformación, financiamiento oculto a través de intermediarios, manipulación de los electores por parte de actores exteriores o utilización de contenidos generados por IA.
Cabe recordar en este contexto que la CAN 2025 estuvo acompañada de una intensa actividad de desinformación en las redes sociales: difusión de contenidos falsos, vídeos manipulados, rumores sobre la organización, la seguridad o el arbitraje, a veces difundidos de manera coordinada. Varios medios marroquíes y analistas hablaron de una verdadera guerra informacional alrededor del evento. Sin embargo, las autoridades marroquíes competentes han presentado la reforma del sistema electoral más bien bajo el ángulo de la «moralización», de la «transparencia» y de la «segurización» del escrutinio que bajo el de la lucha contra las injerencias extranjeras propiamente dichas.
En el plano político, sin embargo, es difícil ignorar que la introducción de reglas relativas a las redes sociales y a la IA se produce en un contexto internacional donde los Estados están cada vez más preocupados por las operaciones de influencia llevadas a cabo desde el extranjero. Por lo tanto, se puede considerar que la reforma conlleva una dimensión preventiva contra este tipo de riesgo, aunque el legislador marroquí no haya elegido utilizar explícitamente la noción de «injerencia extranjera».
El legislador marroquí frente a las estrategias de influencia extranjera
Políticamente, no obstante, cabe destacar un elemento interesante: el encuadramiento de las redes sociales, de la propaganda digital y de los contenidos generados por inteligencia artificial responde a preocupaciones que hoy están en el centro de las estrategias de influencia extranjera en numerosas democracias. El legislador marroquí parece tratar el problema de forma indirecta, asegurando el entorno informacional de las elecciones en lugar de apuntar explícitamente a los actores extranjeros.
Desde un punto de vista geopolítico, resultaría sorprendente que un país que ocupa hoy una posición tan visible en África, en el Mediterráneo y en los expedientes sahelianos atraviese una importante campaña electoral sin ser objeto de intentos de influencia informacional desde el exterior. En cambio, atribuir de antemano estas eventuales campañas a un Estado concreto sería mera especulación mientras no se establezcan elementos fácticos. Por tanto, la verdadera cuestión que se plantea aquí, no es «Será Marruecos objetivo?», sino más bien: «Cuál será la magnitud de estos intentos y la capacidad de las instituciones, los medios y los ciudadanos para identificarlos?». Las autoridades marroquíes ciertamente han tomado conciencia de esta dimensión informacional en el proceso electoral. El encuadramiento más estricto de las campañas digitales y la introducción de disposiciones relativas al uso de la inteligencia artificial en la reforma electoral pueden interpretarse como una respuesta preventiva ante este tipo de riesgos.
Conviene matizar, en este mismo contexto, que el riesgo de injerencia extranjera no implica que una campaña externa pueda determinar por sí sola el resultado de las elecciones. La experiencia internacional demuestra que estas operaciones suelen tener más éxito sembrando confusión, alimentando la desconfianza y acentuando divisiones ya existentes, que logrando imponer directamente un bando sobre otro. Por ello, aunque la legislación marroquí contempla con claridad la anulación de elecciones locales o de escaños parlamentarios cuando se prueba un fraude, resulta mucho menos preocupada por la hipótesis de una injerencia extranjera generalizada que afecte la integridad del escrutinio nacional. Es precisamente este tipo de vulnerabilidad la que está impulsando, en varios países, el necesario debate sobre la adaptación de la legislación electoral a los desafíos de la era digital.
Es probable que las autoridades marroquíes sean plenamente conscientes de que no existe una protección absoluta contra las operaciones de influencia dirigidas a la opinión pública. Una democracia abierta es, por definición, más vulnerable a la circulación de información que un régimen autoritario. El verdadero desafío, por tanto, no consiste en hacer imposible la injerencia, sino en volverla más difícil, más visible y menos eficaz.
La OCDE, en un documento sobre la lucha contra la desinformación, titulado "Hechos sin falsedades« , ofrece un panorama general de las políticas para fortalecer un ecosistema propicio para la integridad de la información. Se trata de políticas públicas que fomentan la rendición de cuentas y la transparencia en las plataformas en línea y las redes sociales, y la necesidad urgente de contrarrestar riesgos específicos en el ámbito de la información, incluyendo la manipulación y la injerencia de agentes extranjeros, la preservación de la integridad de la información durante las elecciones democráticas y las perturbaciones causadas por la IA generativa en el espacio informativo.
En definitiva, la mejor inmunidad democrática no radica en convencer a los ciudadanos de que confíen ciegamente en el Estado, sino en dotarles de las herramientas necesarias para distinguir por sí mismos una información auténtica de una operación de influencia. Es lo que algunos especialistas denominan resiliencia democrática, la capacidad de una sociedad para permanecer libre al mismo tiempo que resiste con inteligencia los intentos de manipulación.
