A miles de kilómetros del Estadio BBVA de Monterrey, donde los hombres de Mohamed Ouahbi doblegaron al gigante neerlandés, la ciudad de Laâyoune vivió una noche histórica.
Poco después de que Marruecos transformara el último penalti, las calles de Laâyoune se convirtieron en el epicentro de las celebraciones. Hombres, mujeres, jóvenes y mayores tomaron las principales arterias de la ciudad, desafiando las altas horas de la madrugada para celebrar una victoria que quedará grabada en los anales.
Una noche en vela improvisada, impulsada por un entusiasmo que se prolongó hasta las primeras luces del alba. «La alegría es inmensa. Incluso a la hora de la oración del alba, la multitud seguía celebrando. La euforia es total gracias a la hazaña de nuestros jugadores. Es un momento que se vive desde lo más profundo», relata un vecino, aún emocionado por la intensidad de la tanda de penaltis.
Frente a un rival de talla mundial, los Leones del Atlas demostraron una fortaleza mental que fue ampliamente elogiada por los aficionados. «Fue un partido de máxima tensión. Estábamos muy nerviosos, pero los jugadores dieron una auténtica lección de valentía. Esa capacidad para superarse merece todo nuestro respeto», analiza una aficionada presente en la plaza Al Mechouar.
Si el gol del empate de Issa Diop al término del tiempo reglamentario alivió la tensión, la tanda de penaltis transformó el suspense en una explosión de felicidad colectiva. «Sí, pasamos miedo, pero la clasificación es totalmente merecida. Los jugadores lo dieron todo. Salimos a celebrarlo juntos y a felicitarnos aquí, en la plaza Al Mechouar», comenta otra vecina, con la bandera nacional sobre los hombros.
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Al eliminar a uno de los favoritos del torneo, Marruecos ha demostrado que se ha instalado definitivamente entre las grandes selecciones del fútbol mundial. «Sabíamos que la tarea sería muy difícil frente a una selección como Países Bajos, pero este grupo volvió a demostrar una fortaleza de carácter que ya es su sello de identidad. Consiguieron esta clasificación a base de esfuerzo y determinación», subraya otro aficionado.
En la plaza Al Mechouar, convertida en el principal escenario de esta celebración colectiva, las banderas seguían ondeando mucho después del pitido final. Entre cánticos patrióticos, bocinas y abrazos, el mensaje enviado por los habitantes de Laâyoune a los Leones del Atlas era claro: toda la nación está movilizada.
Para los ciudadanos, esta clasificación no es más que una etapa. La ambición de los Leones del Atlas parece no tener límites. «El partido no fue fácil, pero nuestros jugadores demostraron que son una fuerza imparable. Vamos a seguir apoyándolos hasta el final. ¡Queremos esta Copa del Mundo!», exclama una joven aficionada, resumiendo el sentir de una ciudad que ya mira hacia el próximo desafío frente a Canadá.
