En un artículo publicado este miércoles, el Washington Institute for Near East Policy destaca la «capacidad demostrada de exportación» del modelo marroquí de desradicalización para contribuir a los esfuerzos de estabilización de Gaza.
El Board of Peace, impulsado por Washington, se reúne esta semana en Chipre para debatir sobre la gobernanza y la estabilización de Gaza en la etapa posterior al conflicto. Las conversaciones están pasando progresivamente de las operaciones militares a la aplicación del plan de veinte puntos de la Administración Trump. En este contexto, una cuestión sigue abierta: ¿qué socios regionales pueden contribuir de forma concreta a reconstruir las instituciones del territorio y rehabilitar a su población tras años de conflicto?
El instituto señala que Marruecos ha desarrollado durante las dos últimas décadas un sistema religioso que «combina una formación estrictamente regulada con una acción de proximidad en las comunidades». Ambos mecanismos, integrados en una misma estructura administrativa, presentan un doble interés para Gaza: la rehabilitación de extremistas violentos y el desempeño de funciones administrativas esenciales para la reconstrucción institucional.
«Teniendo en cuenta las relaciones estratégicas de Rabat con Washington y Jerusalén, así como su experiencia demostrada en la lucha contra el extremismo, Marruecos puede desempeñar un papel útil en la aplicación de un componente crítico del plan estadounidense», afirma el informe.
¿Por qué Marruecos creó este sistema?
Tras los atentados de Casablanca de 2003, Marruecos emprendió una profunda reforma de su gestión del ámbito religioso. Todas las mezquitas pasaron a depender del Ministerio de Habices y Asuntos Islámicos, encargado desde entonces de nombrar y acreditar a todos los imames, controlar la financiación de las mezquitas y gestionar los bienes habices (awqaf).
Todos los imames deben seguir un programa oficial de formación y superar un examen estatal. Asimismo, los sermones fueron completamente revisados para promover el rito malikí, basado en la tolerancia y la unidad nacional, «en lugar de recurrir a pasajes religiosos susceptibles de ser utilizados para justificar la violencia».
En 2015, el rey Mohammed VI inauguró en Rabat el Instituto Mohammed VI para la Formación de Imames, Mourchidines y Mourchidates, que, según el think tank, se ha convertido en «uno de los principales instrumentos de la estrategia marroquí de lucha contra la radicalización en África Occidental y el Sahel».
Un modelo ya exportado a África y el Sahel
Ante el aumento de la violencia yihadista en África Occidental y el Sahel, varios gobiernos solicitaron el apoyo de Marruecos para formar a sus responsables religiosos. Según el instituto, «el sistema religioso centralizado de Marruecos, su programa de formación estandarizado y su amplio cuerpo de formadores acreditados por el Estado lo convierten en un modelo especialmente adaptado para responder a esta demanda».
Los imames extranjeros que cursan estudios en el Instituto Mohammed VI reciben formación en teología islámica, jurisprudencia malikí, acción comunitaria y comunicación, «ampliando así el número de voces religiosas moderadas en el extranjero y reduciendo el riesgo de que un único movimiento extremista monopolice el discurso religioso local».
Según las últimas cifras disponibles, correspondientes a finales de 2022, el Instituto Mohammed VI había formado a más de 2.798 imames procedentes de África y Europa. Los acuerdos bilaterales continúan multiplicándose, como demuestra el memorando firmado en julio de 2025 para formar a otros 400 imames malienses.
Paralelamente, Marruecos despliega una red de mourchidines y mourchidates en mezquitas, escuelas y centros penitenciarios. Estos orientadores religiosos, acreditados por el Estado, «mantienen contacto con las familias, asesoran a los jóvenes, responden a cuestiones religiosas y promueven interpretaciones del islam que rechazan la violencia y el extremismo».
Desde 1998, Marruecos también actúa en Jerusalén a través de la Agencia Bayt Mal Al-Qods Acharif. Presidida por el rey Mohammed VI y financiada principalmente por Rabat, la agencia coopera con universidades, municipios, hospitales y organizaciones benéficas palestinas. Según el instituto, financia «proyectos humanitarios y civiles como escuelas, clínicas, apoyo a huérfanos e iniciativas culturales, actuaciones que no pueden ser desarrolladas por organismos militares o antiterroristas».
¿Por qué interesa este modelo para Gaza?
El informe sostiene que la futura gobernanza de Gaza no podrá excluir la religión de la vida pública, pero sí impedir que vuelva a utilizarse como instrumento político. Precisamente ahí reside, según el think tank, el interés del modelo marroquí, basado en «un sistema de licencias, un programa formativo estandarizado centrado en la tolerancia y la moderación, un procedimiento de validación de los sermones y una estructura permanente de formación».
El papel de Marruecos consistiría en formar a responsables palestinos para que sean ellos mismos quienes gestionen ese sistema, siguiendo «el mismo modelo de formación de formadores que Rabat aplica actualmente en Túnez y Malí». Serían, por tanto, autoridades palestinas —y no marroquíes— las encargadas de expedir licencias, elaborar los programas y supervisar los sermones.
El informe recuerda que una encuesta realizada en mayo de 2025 reflejaba un creciente descontento de la población gazatí con la situación política, un mayor apoyo a las manifestaciones y una fuerte demanda de reconstrucción y estabilidad, lo que, según el instituto, demuestra «un deseo de cambio más que una población resignada al statu quo».
El Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), órgano tecnocrático palestino validado por Israel y supervisado por el Board of Peace en virtud de la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU, cuenta con una comisión de asuntos religiosos encargada de regular las mezquitas y administrar los bienes habices.
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El centro de estudios considera que esta comisión representa «al mismo tiempo un vacío y una oportunidad». «El socio que contribuya a estructurarla desempeñará inevitablemente un papel decisivo en la definición del funcionamiento de la autoridad religiosa en Gaza durante los próximos años, en lugar de tener que reformarla más adelante». En este sentido, el informe concluye que Marruecos «está especialmente bien posicionado para desempeñar ese papel formando a los futuros responsables religiosos y administrativos de dicha comisión».
Rabat dispone, además, de una ventaja que pocos países árabes poseen en este ámbito: su relación de trabajo con Israel en el marco del acuerdo tripartito, que «podría facilitar considerablemente la coordinación con las autoridades de todas las partes».
«Las iniciativas impulsadas por Rabat tendrán un mayor impacto si se integran en un marco más amplio de estabilización y no se consideran una solución aislada», concluye el Washington Institute for Near East Policy.
