Cada temporada, miles de toneladas de fresas de Huelva, tomates de Almería, lechugas de Murcia o aceitunas de Jaén llegan a los mercados españoles y europeos. Detrás de esa producción existe una realidad menos visible, pero esencial para el funcionamiento del sector agrícola: la presencia de decenas de miles de trabajadores extranjeros, entre los que los marroquíes ocupan un lugar predominante.
Así lo refleja un amplio estudio elaborado por el investigador Yoan Molinero Gerbeau para el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), organismo dependiente del Ministerio de Defensa español. El documento analiza por primera vez de forma sistemática las principales fuentes estadísticas sobre migración y agricultura en España y concluye que, pese a la importancia estratégica de esta mano de obra, el país sigue sin disponer de un sistema integrado y transparente que permita conocer con precisión el perfil de quienes sostienen una parte esencial de la producción agrícola.
Una agricultura que cambió con la inmigración
El estudio recuerda que la transformación de la agricultura española comenzó hace más de tres décadas, cuando el país pasó de un modelo agrícola tradicional a una producción intensiva orientada a abastecer al mercado europeo.
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La modernización del sector, impulsada por la Política Agraria Común (PAC), el desarrollo de grandes enclaves agrícolas y el progresivo abandono del campo por parte de la población local generaron una necesidad creciente de mano de obra asalariada. Ante la falta de trabajadores españoles, las explotaciones agrícolas comenzaron a recurrir de forma masiva a trabajadores inmigrantes, un fenómeno que acabaría convirtiéndose en un elemento estructural del sistema productivo.
El autor subraya que hoy resulta difícil entender la agricultura española sin esta mano de obra extranjera. De hecho, sostiene que la disponibilidad de estos trabajadores ha permitido no solo el crecimiento del sector, sino incluso su mantenimiento, pese a tratarse de una actividad caracterizada por la dureza del trabajo, los bajos salarios y un escaso reconocimiento social.

Marruecos, principal origen de los trabajadores extranjeros
Aunque la agricultura española emplea trabajadores procedentes de numerosos países, el estudio muestra que Marruecos ocupa una posición claramente dominante.
El caso más evidente se encuentra en Murcia, la provincia española que registra el mayor volumen de contratación agrícola de trabajadores extranjeros. Durante 2024 se contabilizaron 166.920 contratos, de los cuales 95.347 correspondieron a ciudadanos marroquíes, es decir, cerca del 60 % de todos los contratos firmados con trabajadores migrantes. El siguiente país de origen, Senegal, queda muy por detrás con poco más de 11.000 contratos.
La situación se repite en Huelva, epicentro de la campaña de los frutos rojos y referente de la contratación en origen. Allí, los trabajadores marroquíes también constituyen el principal colectivo extranjero, con 48.103 contratos, prácticamente el triple que los registrados para trabajadores rumanos, segunda nacionalidad más representada.
Según el análisis, el perfil predominante del trabajador agrícola migrante continúa siendo el de un hombre marroquí de entre 25 y 54 años, aunque en provincias como Huelva también destaca el importante peso de las mujeres marroquíes vinculadas a las campañas agrícolas estacionales.
Del trabajo informal a la migración circular
El estudio recuerda que la llegada masiva de trabajadores marroquíes comenzó en los años noventa, cuando muchos encontraron en la agricultura una primera oportunidad para regularizar su situación administrativa e incorporarse al mercado laboral español.
Posteriormente, la creación en 1999 del programa de contratación en origen GECCO consolidó un modelo de migración circular que terminó desarrollándose especialmente con Marruecos, hasta el punto de que actualmente más del 90 % de las contrataciones realizadas a través de este sistema corresponden a trabajadores marroquíes.
El informe explica que este mecanismo ha permitido cubrir las necesidades estacionales de determinadas campañas agrícolas, especialmente la de los frutos rojos en Huelva, aunque recuerda que representa únicamente una parte del total de trabajadores extranjeros empleados cada año en el campo español.
La gran asignatura pendiente
Pese a la importancia económica y estratégica de este colectivo, el investigador considera que España continúa sin disponer de estadísticas suficientemente completas para conocer con exactitud la realidad del empleo agrícola migrante.
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La información se encuentra dispersa entre diferentes organismos públicos, muchas variables no pueden cruzarse entre sí y apenas existen datos sobre trabajadores en situación irregular, lo que dificulta elaborar diagnósticos precisos y diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
Por ello, el documento concluye reclamando la creación de un sistema integrado y transparente de recopilación de datos que permita comprender mejor la evolución del sector y garantizar una gestión más eficaz de la migración laboral en la agricultura española.
