Las vastas extensiones agrícolas de Aïn Tizgha han recuperado su habitual efervescencia. Entre el ir y venir de las cosechadoras y el ruido de los motores, los agricultores trabajan intensamente para recoger los primeros cultivos de la temporada. Un espectáculo que se había vuelto raro en los últimos años, debido a que la sequía había reducido los rendimientos y sumido al mundo rural en la incertidumbre.
Entre ellos, Kessab Belahssen, agricultor y ganadero de la región, observa con satisfacción el avance de las labores. «La región vive actualmente una intensa actividad ligada a la cosecha de los cultivos tempranos, especialmente la cebada y la avena. La recolección del trigo duro y del trigo blando llegará en las próximas semanas, ya que estos cultivos suelen necesitar más tiempo para alcanzar la madurez», declara.
Para este profesional del sector, la campaña agrícola 2025-2026 marca un verdadero punto de inflexión tras varios años difíciles. «No habíamos conocido una abundancia semejante desde hace seis o siete años. Las lluvias regulares y bien repartidas a lo largo de toda la temporada han mejorado considerablemente el estado de los cultivos», añade.
Más allá de la producción cerealista, esta mejora también beneficia a los ganaderos, especialmente afectados por el encarecimiento de los costes de alimentación animal durante los años anteriores de sequía. «Esta cosecha permitirá no solo asegurar una buena producción de cereales, sino también proporcionar forraje y paja en cantidades suficientes para el ganado», confirma.
Las perspectivas se presentan además especialmente alentadoras a escala de toda la provincia de Benslimane. Según las estimaciones avanzadas por los profesionales del sector, los rendimientos podrían alcanzar niveles muy satisfactorios este año. «Los indicadores están en verde. Esperamos tasas de rendimiento de entre el 70% y el 80% en el conjunto de las zonas de la provincia. La temporada se presenta prometedora y deja esperar una cosecha de calidad», subraya el agricultor.
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Sin embargo, detrás de este entusiasmo persisten ciertas dificultades que siguen frenando el buen desarrollo de las operaciones de cosecha. La principal se refiere a la falta de cosechadoras, un problema observado en varias regiones del Reino. «La abundancia de las cosechas y la maduración simultánea de los cultivos en distintas regiones de Marruecos provocan una fuerte demanda de maquinaria agrícola», explica Belahssen.
«Los bajos resultados registrados durante las campañas anteriores desanimaron a numerosos operadores a invertir en el mantenimiento o la renovación de sus equipos. Hoy, la oferta disponible ya no basta para responder a la demanda», prosigue.
A ello se suma otra gran preocupación: la escasez de mano de obra agrícola. Un fenómeno que afecta tanto a la agricultura de secano como a los perímetros irrigados y que inquieta cada vez más a los actores del mundo rural. «La falta de trabajadores se ha convertido en una realidad. Muchos jóvenes prefieren abandonar el campo para irse a las ciudades en busca de otras oportunidades profesionales», constata antes de concluir que «esta situación plantea verdaderos interrogantes sobre el futuro de la mano de obra agrícola en nuestro país».
