En las redes sociales se suceden los comentarios de usuarios que constatan la subida del precio del tomate redondo y se sorprenden al ver que el kilo alcanza los 18 dirhams en algunas tiendas.
Los precios mayoristas son bastante más bajos. En el mercado de Rabat, el tomate se vende a 13 dirhams el kilo. En Casablanca, el último boletín semanal de precios sitúa el precio al por mayor en 9 dirhams.
Una región que concentra el 75% de la oferta de invierno
¿De dónde procede el tomate y por qué escasea? Amine Amanatoullah, productor y exportador de hortalizas tempranas en la región de Souss-Massa, explica a Le360 que la campaña de invierno se extiende de noviembre a finales de mayo. Durante esos meses, la región abastece buena parte del mercado. «Aproximadamente el 75% de los tomates que llegan a los mercados en invierno proceden de la región de Agadir», señala. Por eso, cualquier caída de la producción en esta zona repercute en todo el país.
«En agosto tuvimos varios episodios de calor. Las altas temperaturas perjudicaron los cultivos», explica. El calor retrasó la producción, y no solo la del tomate: el problema afectó también a otras hortalizas.
El problema también está en las semillas. Según Amanatoullah, las variedades de tomate redondo que se comercializan desde hace dos o tres años no resisten bien las enfermedades. A esto se suma la presencia de virus en la región. Los agricultores necesitan, afirma, «semillas que resistan estas plagas y garanticen un buen rendimiento».
Algunos productores han optado por cambiar de cultivo. «Al darse cuenta de que no existe una variedad resistente, dejaron de cultivar tomate redondo y se pasaron a otros productos», explica. Otros arrancaron plantas que ya estaban en producción para plantar otro cultivo o volver a sembrar tomate.
La producción por hectárea se reduce a la mitad
El impacto se nota en el rendimiento de los cultivos. Las dos o tres últimas campañas han registrado una caída. «Normalmente recogemos entre 180 y 200 toneladas por hectárea. Ahora no superamos las 90 o 100. La diferencia es enorme», afirma el productor.
La producción por hectárea se ha reducido aproximadamente a la mitad. Como los gastos se mantienen pese a obtenerse una cosecha menor, el coste de producción aumenta. A la caída del rendimiento se suma el encarecimiento de los insumos, especialmente de los fertilizantes.
«Importábamos muchos productos de Arabia Saudí para elaborar el NPK —un fertilizante que combina tres nutrientes esenciales para las plantas: nitrógeno, fósforo y potasio—. Junto con los productos de la OCP, nos permitían obtener cosechas a un precio razonable», detalla.
Ese equilibrio se ha roto. El productor alude a la situación en los países del Golfo y, sobre todo, al cierre del estrecho de Ormuz. Los seguros para el tránsito de los barcos se han encarecido y los buques que transportan fertilizantes tardan más en llegar. «Ese retraso ha provocado la escasez de varios productos en el mercado», explica. El aumento de la demanda también ha empujado al alza los precios de los fertilizantes NPK. «El coste de producción ha subido mucho, sobre todo por los fertilizantes y los principios activos», resume.
El gasóleo también encarece la actividad. «La subida del combustible ha encarecido el transporte. Llevar el producto hasta su destino cuesta más que antes», apunta Amanatoullah. El productor calcula que poner en marcha una hectárea requiere una inversión de 450.000 dirhams, mientras que producir tomate puede costar 850.000 dirhams por hectárea. A su juicio, el cultivo afronta dos problemas a la vez: las semillas no son adecuadas y el rendimiento es bajo.
Del campo al puesto, cuatro o cinco intermediarios
En Inezgane, una caja de 30 kilos de tomates cuesta entre 200 y 300 dirhams. Si se vende a 250 dirhams, el precio de partida es de unos 8,33 dirhams por kilo. A partir de ahí, el precio aumenta en cada etapa de la distribución.
«Quien distribuye los tomates añade al menos dos dirhams por kilo. Tiene que cubrir el transporte, una tasa del mercado y las pérdidas por los productos que no vende. También paga, por ejemplo, el alquiler de un almacén», explica Amanatoullah.
El transportista que lleva la mercancía a otras ciudades suma después hasta tres dirhams por kilo. A continuación interviene otro distribuidor, que añade unos dos dirhams más. Por último, llega el turno del vendedor minorista. «Su margen oscila entre dos y tres dirhams por kilo», señala el productor. Con todos esos costes, el tomate que sale a 8,33 dirhams el kilo puede llegar al consumidor por entre 17 y 18 dirhams.
La escasez de producto en origen es, sin embargo, el principal factor que mantiene los precios al alza. Según Amanatoullah, se han impuesto restricciones a las exportaciones a África y también se han endurecido los controles de los envíos a Europa. «El objetivo es que haya más producto en el mercado local», precisa.
Aun así, las medidas no bastan. «Sigue faltando producto en las explotaciones agrícolas. La oferta ha caído», afirma. Y añade que el problema afecta a todas las hortalizas, cuya producción se retrasó por el calor.
¿Qué puede pasar en los próximos días?
La producción de tomate también depende del número de racimos que desarrolla cada planta. «Cuando hay pocos racimos, la caída de la producción se nota enseguida», explica Amanatoullah. El calor de agosto frenó su formación.
La evolución dependerá del tiempo. «Si el clima se estabiliza, tendremos una producción mejor. Un clima favorable permite que haya más racimos», asegura el productor. La caída, añade, no ha sido una sorpresa: «Ya la habíamos previsto porque la veíamos en los cultivos».
Aun así, mantiene una actitud prudente y optimista. «El agricultor siempre tiene esperanza. Trabajamos y hacemos todo lo posible para obtener mejores resultados», concluye.