Eurobonos africanos. La financiación privada se dispara un 200%, pero la deuda amenaza con eclipsar sus beneficios

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El 20/07/2026 a las 15h38

La emisión de un primer eurobono alivia las restricciones financieras de los Estados africanos, pero no garantiza un mayor crecimiento. Según un estudio del FMI, la deuda de las economías de frontera aumenta entre 11 y 12 puntos del PIB durante los cinco años posteriores a su entrada en los mercados. Para el continente, donde 23 países subsaharianos se encontraban en riesgo de sobreendeudamiento en 2025, el verdadero desafío ya no consiste en captar capitales, sino en evitar que su coste neutralice los beneficios económicos esperados.

El acceso a los mercados internacionales de deuda ha simbolizado durante décadas la consolidación financiera de numerosas economías africanas. La primera emisión de un bono soberano permite captar con rapidez cientos de millones, e incluso miles de millones de dólares, sin las condiciones que suelen acompañar a la financiación concesional. Además de proporcionar nuevos recursos, establece una referencia de precios para las empresas nacionales y contribuye a ampliar la base de inversores.

Sin embargo, detrás de esta señal de madurez financiera se esconde una paradoja. Cuanto más fácil resulta para un Estado financiarse en los mercados, mayor es el riesgo de aplazar los ajustes presupuestarios necesarios y de convertir una necesidad puntual de financiación en una futura vulnerabilidad de refinanciación.

Publicado en julio de 2026 por el Departamento de África del Fondo Monetario Internacional (FMI), el informe Beyond the First Bond: Market Access and Debt Dynamics in Frontier Economies analiza precisamente este cambio de paradigma. El estudio examina 92 economías emergentes y en desarrollo entre 1980 y 2024, incluidas 37 del África subsahariana, además de Argelia, Egipto, Marruecos y Túnez.

Con 41 países representados, África concentra cerca de la mitad de la muestra analizada, aunque el documento no ofrece datos agregados específicos para el continente ni una clasificación detallada de las economías africanas.

El informe desmonta, en primer lugar, una confusión habitual entre realizar una emisión puntual de deuda y lograr una verdadera integración en los mercados financieros internacionales. Para sus autores, colocar un bono internacional no basta para garantizar un acceso estable a la financiación privada. El país debe mantener una proporción significativa de financiación privada en su deuda externa durante al menos cinco años consecutivos. Solo tras dos décadas de presencia sostenida en los mercados una economía puede considerarse con acceso recurrente.

Según el estudio, únicamente 23 de las 92 economías analizadas cumplen este último criterio. Otras 33 están clasificadas como economías frontera —países en desarrollo con mercados financieros aún incipientes—, mientras que 36 todavía no disponen de un acceso duradero a los mercados internacionales. El informe no desglosa estas categorías por continentes, por lo que no permite determinar con precisión la situación de cada país africano únicamente a partir de esta fuente.

La distinción sigue siendo, no obstante, esencial. Un Estado puede lograr una primera emisión gracias a un período de abundante liquidez mundial y, posteriormente, verse excluido de los mercados cuando llegan los vencimientos de su deuda. El ciclo de endurecimiento monetario iniciado tras la pandemia así lo ha demostrado. Las emisiones de las economías frontera de bajos ingresos disminuyeron considerablemente después de alcanzar su máximo en 2021 y solo se registró una operación en esta categoría tanto en 2022 como en 2023.

El regreso parcial de varios Estados soberanos del África subsahariana a partir de 2024 no significa, por tanto, que las restricciones hayan desaparecido. Otro estudio del Fondo Monetario Internacional sobre la financiación exterior del África subsahariana señala que el rendimiento medio de las emisiones africanas de 2024 superó en más de 300 puntos básicos al de operaciones comparables anteriores. Costa de Marfil captó entonces 2.600 millones de dólares con un diferencial (spread) medio cercano a los 400 puntos básicos, la emisión más costosa de su historia hasta ese momento.

Los mercados premian los fundamentos antes de la emisión

El acceso a los mercados responde a un doble filtro. Los factores internacionales determinan el momento oportuno para emitir, mientras que los fundamentos nacionales determinan qué países pueden aprovechar esa ventana de oportunidad.

Según el informe, unos tipos de interés reales bajos en Estados Unidos, una menor volatilidad financiera y unos precios elevados de las materias primas aumentan la probabilidad de realizar una primera emisión. Un incremento equivalente a una desviación estándar en el tipo de interés real de los bonos estadounidenses a diez años reduce aproximadamente un 39% las posibilidades de acceder al mercado.

Además, las economías africanas exportadoras de petróleo, metales o productos agrícolas pueden beneficiarse temporalmente de una mejora en los términos de intercambio, lo que contribuye a reforzar la confianza de los inversores.

El nivel de renta per cápita, la calidad de las instituciones, el crecimiento económico y las reservas de divisas figuran entre los principales factores que determinan el acceso a los mercados. El informe precisa que la mejora de los indicadores de gobernanza suele producirse varios años antes de la primera emisión. Constituye, por tanto, una condición previa para acceder a los mercados y no un beneficio generado automáticamente por ellos.

En cambio, la inflación y el nivel inicial de deuda pública no aparecen como factores estadísticamente determinantes en el modelo. Los inversores parecen otorgar mayor importancia a la capacidad futura de reembolso que al volumen histórico de deuda, que a menudo se mantiene contenido antes de la emisión debido, precisamente, a la imposibilidad de endeudarse en los mercados. El riesgo surge, precisamente, a partir de ese cambio. La aparente solvencia abre una nueva capacidad de endeudamiento que puede utilizarse más rápidamente de lo que aumentan los ingresos públicos.

La restricción financiera se reduce, pero la deuda se acelera

El acceso a los mercados modifica profundamente la estructura de la financiación. En las economías frontera de bajos ingresos, la proporción media de desembolsos procedentes de financiación privada pasa del 12,8% durante los cinco años previos a la emisión al 30,8% en los cinco años posteriores. En el resto de las economías frontera, esta participación aumenta del 13,85% al 34,15%. En ambos casos, la mediana del incremento supera el 200%.

Los bonos pasan entonces a sustituir progresivamente a los préstamos privados tradicionales, mientras disminuye el peso de los acreedores bilaterales. Este cambio amplía los recursos financieros disponibles, pero reemplaza gradualmente una financiación concesional, de largo plazo y bajo coste, por una deuda comercial mucho más sensible a la evolución de los tipos de interés, del tipo de cambio y de la percepción de los inversores.

Según el estudio, las economías frontera que forman parte del grupo de países con acceso a los mercados reducen su deuda en aproximadamente 10 puntos del PIB durante los cinco años previos a su primera emisión. Esta disciplina fiscal puede interpretarse como una señal de confianza dirigida a los inversores. Sin embargo, una vez logrado el acceso a los mercados, la tendencia se invierte y la ratio de endeudamiento aumenta alrededor de 12 puntos del PIB en cinco años, de los cuales 9 puntos son atribuibles a los déficits primarios.

Las economías frontera de bajos ingresos siguen una trayectoria ligeramente distinta, aunque llegan al mismo resultado. Su deuda permanece estable antes de la emisión, pese a registrar déficits crónicos, ya que el crecimiento económico sigue siendo superior al coste real de una financiación basada principalmente en préstamos concesionales. Tras acceder a los mercados, la deuda aumenta alrededor de 11 puntos del PIB en cinco años. Al mismo tiempo, el peso de los intereses se incrementa y reduce la ventaja que aporta el crecimiento económico.

Una mejora que no resuelve el problema del coste de la deuda

Las finanzas públicas del África subsahariana registraron, no obstante, una mejora en 2025. Según las Perspectivas Económicas Regionales del FMI publicadas en abril de 2026, el déficit presupuestario del país mediano descendió del 3,4% del PIB en 2024 al 3% en 2025, mientras que la deuda pública mediana se redujo del 57,2% al 53,1% del PIB. Paralelamente, Etiopía, Ghana y Zambia avanzaron en sus respectivos procesos de reestructuración de deuda.

Sin embargo, la reducción de la ratio media de endeudamiento no debe ocultar el creciente peso del servicio de la deuda. El Banco Mundial estima, en su informe Africa’s Pulse, que los pagos de intereses absorbieron entre el 2,9% y el 3,3% del PIB regional durante el periodo 2023-2026. Cerca de cuatro de cada cinco países destinan ya más recursos al pago de intereses de la deuda que a la sanidad o la educación.

El servicio de la deuda externa se ha más que duplicado en la última década, hasta representar el 2% del PIB en 2024. Por su parte, el servicio de la deuda interna alcanzó el 4,7% del PIB, lo que demuestra que recurrir a los mercados nacionales no elimina el riesgo, sino que simplemente lo traslada. El FMI estimó que el tipo medio de las nuevas emisiones de deuda interna del país mediano del África subsahariana se situó en el 8,8% en 2024. Cuando los bancos concentran una parte importante de sus recursos en la compra de deuda pública, el crédito disponible para las empresas se reduce, debilitando así la inversión privada llamada a sostener el crecimiento económico.

La principal debilidad aparece, en última instancia, en el ámbito del crecimiento económico. El informe de julio de 2026 concluye que el acceso a los mercados internacionales no genera, durante los cinco primeros años, una mejora relativa del crecimiento. De hecho, el desempeño de las economías frontera frente a la media mundial se deteriora ligeramente tras la emisión de su primer eurobono.

Los autores no presentan esta relación como una causalidad demostrada. Los países emisores acceden a los mercados en momentos específicos del ciclo económico mundial y presentan características distintas a las de aquellos que permanecen excluidos. No obstante, la constatación plantea una cuestión fundamental para África: si la deuda comercial crece más rápido que la capacidad productiva, su reembolso terminará inevitablemente reduciendo los recursos destinados a infraestructuras, educación o sanidad, precisamente los sectores que esa financiación debía impulsar en un primer momento.

El Banco Mundial contabilizaba en 2025 un total de 23 países del África subsahariana en situación de sobreendeudamiento o expuestos a un alto riesgo de sufrirlo, frente a solo ocho en 2014. Además, desde 2021 ningún país incluido en el marco aplicable a las economías de bajos ingresos ha logrado mantenerse en una situación de bajo riesgo. Por ello, el desafío africano ya no se limita al volumen de deuda en relación con el PIB, sino que depende también de su vencimiento, de la moneda en la que está denominada, de su coste y del rendimiento económico de las inversiones financiadas.

Hoy, la emisión de un primer eurobono puede consolidar la credibilidad financiera de un Estado, pero también puede alimentar una peligrosa ilusión de abundancia.

Por Mouhamet Ndiongue
El 20/07/2026 a las 15h38