Generalización del AMO: la oferta sanitaria, ante el reto territorial

El número de afiliados al AMO alcanzó cerca de 31,94 millones de personas, según el informe del Tribunal de Cuentas correspondiente al periodo 2024-2025.

El 18/05/2026 a las 08h49

La generalización del Seguro Obligatorio de Enfermedad (AMO, por sus siglas en francés) hace entrar la reforma sanitaria en una nueva fase, centrada en la eficiencia territorial de la oferta de cuidados. Detrás de la ampliación de la cobertura médica emergen ahora cuestiones ligadas a la capacidad hospitalaria, los recursos humanos y la organización regional del sistema de salud. La entrevista cruzada con Aazelarab Boughaleb, economista de la salud, y el profesor Othmane El Harmouchi, profesor de anatomía, analiza las fragilidades y los mecanismos de la territorialización de la atención sanitaria en Marruecos.

La generalización del Seguro Obligatorio de Enfermedad (AMO) ha acelerado la incorporación de millones de marroquíes al sistema sanitario. El desafío ya no se limita a la ampliación de los derechos sociales. Ahora se centra en la capacidad del sistema de salud para absorber una demanda médica en fuerte aumento, reducir las desigualdades territoriales y transformar el esfuerzo presupuestario en resultados sanitarios medibles. Entre la escasez de recursos humanos, la gobernanza regional, la financiación pública y la organización de los recorridos asistenciales, la reforma entra en su fase más delicada.

Marruecos afronta una nueva etapa de su reforma sanitaria. Tras varios años centrados en ampliar la cobertura médica, la cuestión se vuelve ahora más operativa: ¿cómo garantizar un acceso efectivo a la atención sanitaria en todo el territorio cuando las capacidades hospitalarias y los recursos humanos siguen estando muy desigualmente repartidos?

La generalización del AMO ha modificado profundamente la relación de los ciudadanos con el sistema de salud. La ampliación de los derechos sociales ha provocado mecánicamente un aumento de las consultas, de las pruebas médicas y del recurso a los establecimientos públicos y privados. Detrás de este incremento aparece una realidad más compleja: la sostenibilidad del sistema depende ahora de su capacidad para organizar la atención sanitaria lo más cerca posible de los territorios.

El profesor Othmane El Harmouchi, profesor de anatomía en la Facultad de Medicina y Farmacia de Rabat, considera que «el objetivo es ahora hacer corresponder estos derechos con una capacidad real de atención en el conjunto de los territorios». Su análisis resume la ecuación actual de la reforma: la cobertura universal solo produce efectos si la oferta sanitaria acompaña el crecimiento de la demanda.

Las Cuentas Nacionales de Salud publicadas por el Ministerio de Sanidad y Protección Social reflejan la magnitud de esta aceleración. Los gastos totales en salud pasaron «de unos 60.900 millones de dirhams en 2018 a 81.700 millones de dirhams en 2022», recuerda Othmane El Harmouchi. El gasto sanitario por habitante aumentó «de alrededor de 1.730 dirhams a más de 2.200 dirhams» en el mismo periodo.

Este avance financiero viene acompañado de una mejora relativa de la protección de los hogares. La parte de los gastos asumidos directamente por los ciudadanos pasó «del 45,6% al 38%», según las mismas cifras. La caída sigue siendo significativa en un país donde el coste de la atención sanitaria constituía uno de los principales factores de renuncia a los cuidados médicos.

Sin embargo, el aumento de los presupuestos públicos no garantiza automáticamente una mejora proporcional de los resultados sanitarios. Precisamente esta es una de las conclusiones destacadas por Aazelarab Boughaleb, economista de la salud y doctorando en economía sanitaria.

Su análisis econométrico sobre el periodo 2000-2023 muestra que «el aumento del gasto público no constituye, por sí solo, una condición suficiente para mejorar el rendimiento sanitario».

El investigador pone de relieve una relación muy estrecha entre el gasto público en salud y la esperanza de vida: los países que invierten más suelen registrar una mayor longevidad. Sin embargo, insiste en la prudencia analítica necesaria ante estos resultados. La mejora de los indicadores sanitarios también depende de otras variables: nivel de vida, nutrición, educación, prevención o calidad de la oferta médica.

Aazelarab Boughaleb subraya sobre todo un fenómeno que se ha vuelto central en los debates sanitarios internacionales: los rendimientos decrecientes de la financiación pública cuando persisten disfunciones estructurales. Su estudio señala que el índice de cobertura sanitaria universal «parece alcanzar una meseta, oscilando en torno al 65-66 pese al continuo aumento del gasto».

En otras palabras, inyectar más recursos en el sistema ya no produce automáticamente beneficios equivalentes en términos de cobertura efectiva o calidad de la atención.

Los territorios se convierten en la verdadera prueba de la reforma

Esta realidad se percibe aún con más claridad en las regiones con baja densidad médica. El profesor Othmane El Harmouchi recuerda que los últimos documentos presupuestarios mencionan «un déficit de alrededor de 32.000 médicos y 65.000 enfermeros».

Las desigualdades territoriales siguen siendo especialmente visibles entre los grandes polos urbanos y determinadas zonas rurales o periféricas. Varias provincias continúan sufriendo un acceso limitado a especialistas, plataformas técnicas y estructuras hospitalarias avanzadas.

El Ministerio de Sanidad y Protección Social ha puesto en marcha una serie de proyectos destinados a reducir estas brechas, entre ellos la rehabilitación de «3.000 centros de salud», el refuerzo de los servicios de urgencias y la construcción de nuevos hospitales universitarios (CHU).

No obstante, Othmane El Harmouchi considera que la cuestión va mucho más allá de las infraestructuras. «Esta brecha no se corrige únicamente mediante la ampliación de derechos; se aborda mediante la formación, la atractividad, la distribución territorial, la mejora de las condiciones de ejercicio y la modernización de la gobernanza», explica.

La reforma sanitaria marroquí entra así en una fase en la que la calidad de la organización territorial se vuelve casi tan importante como el nivel de financiación.

Marruecos apuesta ahora por las Agrupaciones Sanitarias Territoriales (GST, por sus siglas en francés) para regionalizar el sistema de salud. Creadas por la ley n.º 08-22, las GST deben coordinar los establecimientos públicos, organizar los recorridos asistenciales y acercar los servicios médicos a las necesidades reales de la población.

El decreto publicado en el Boletín Oficial del 7 de abril de 2025 fijó la composición de los consejos de administración de las doce GST, mientras que la puesta en marcha del GST piloto de Tánger-Tetuán-Alhucemas marca el paso a una fase concreta de ejecución territorial.

El profesor Othmane El Harmouchi considera que el Programa Médico Regional debe convertirse en «el verdadero GPS sanitario del ciudadano». El objetivo consiste en estructurar los circuitos asistenciales, orientar a los pacientes hacia el nivel de atención adecuado y repartir los recursos según las necesidades regionales.

Esta lógica acerca progresivamente a Marruecos a varios modelos europeos basados en una fuerte territorialización de la oferta médica. España, Dinamarca o Reino Unido han construido su eficiencia sanitaria alrededor de un primer nivel de atención fuertemente organizado, capaz de filtrar los recursos hospitalarios innecesarios y de hacer un mejor seguimiento de las enfermedades crónicas.

«Un sistema eficiente debe tener un primer nivel fuerte, accesible, capaz de orientar al paciente, hacer seguimiento de las enfermedades crónicas, garantizar la prevención y evitar recursos hospitalarios innecesarios», insiste Othmane El Harmouchi.

El éxito de la territorialización también depende de la capacidad del sistema para producir datos fiables. La reforma prevé la implantación de sistemas regionales de información capaces de seguir los tiempos de espera, las hospitalizaciones evitables, las desigualdades territoriales o incluso la disponibilidad de medicamentos.

Para Othmane El Harmouchi, «los sistemas de información son la columna vertebral de la nueva gobernanza sanitaria».

La digitalización aparece también como un importante mecanismo presupuestario. El historial médico compartido y la interconexión de los establecimientos deberían permitir limitar las pruebas redundantes, agilizar los recorridos médicos y mejorar el seguimiento de las patologías crónicas.

Esta orientación coincide con los análisis de Aazelarab Boughaleb sobre la necesidad de mejorar la eficiencia del sistema más allá de una lógica puramente presupuestaria. El investigador insiste en «la importancia de las dimensiones organizativas, institucionales y cualitativas en la transformación de los recursos financieros en resultados sanitarios efectivos».

El centro de gravedad de la reforma cambia progresivamente. El debate ya no gira únicamente en torno a la capacidad del Estado para financiar la cobertura médica, sino sobre la manera en que los recursos se transforman en servicios reales para los ciudadanos.

Aazelarab Boughaleb considera que «el rendimiento sanitario depende en gran medida de la eficiencia del sistema, de la calidad de los cuidados, de la organización de los recorridos asistenciales y de las políticas de prevención».

El profesor Othmane El Harmouchi resume esta nueva etapa con una fórmula sencilla: «No se controlan los costes tratando menos; se controlan tratando mejor».

Por Mouhamet Ndiongue
El 18/05/2026 a las 08h49