Marruecos se consolida como destino de otoño e invierno entre los viajeros canadienses que buscan alternativas culturales a las tradicionales vacaciones de sol y playa en el Caribe o México. La mayor capacidad aérea con Norteamérica y la posibilidad de combinar patrimonio, naturaleza y temperaturas moderadas están favoreciendo esta tendencia.
La empresa Morocco Countryside Tours asegura haber registrado un interés creciente de visitantes procedentes de Canadá por los itinerarios privados y las estancias centradas en el contacto con las comunidades locales.
«El otoño y el invierno son épocas especialmente agradables para recorrer Marruecos, porque disminuyen las aglomeraciones y la luz es más suave para la fotografía», explica Said, fundador y guía principal de la compañía. Según señala, los clientes canadienses valoran especialmente los recorridos que permiten conocer la vida cotidiana en los pueblos y dedicar más tiempo a cada etapa del viaje.
Más conexiones y un turismo en expansión
La mejora de la conectividad aérea ha acercado Marruecos al mercado canadiense, especialmente a través de Montreal. La oferta incluye conexiones con Casablanca y Marrakech, dos de las principales puertas de entrada para los viajeros que posteriormente recorren distintas regiones del Reino.
Este interés se produce en un momento de fuerte crecimiento del turismo marroquí. El país recibió 19,8 millones de visitantes en 2025, un 14% más que el año anterior. Durante el primer trimestre de 2026, las llegadas alcanzaron los 4,3 millones, lo que representó un aumento interanual del 7%, según datos del Ministerio de Turismo.
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La diversificación de los mercados emisores, la apertura de nuevas rutas y la ampliación de la oferta turística figuran entre los factores que sostienen este crecimiento. Marruecos aspira a alcanzar los 26 millones de visitantes en 2030, año en el que organizará el Mundial junto con España y Portugal.
Del Atlas al Sáhara
Entre las experiencias más solicitadas por los viajeros canadienses figuran los recorridos que combinan Marrakech, las montañas del Alto Atlas, los campamentos de Erg Chebbi y las medinas de Fès y Meknès. También despiertan interés Chefchaouen y la costa atlántica.
Los circuitos de varios días permiten reunir en un mismo viaje paisajes y tradiciones muy diferentes. La empresa destaca especialmente las rutas acompañadas por guías amazigh, que incluyen visitas a pueblos, caminatas por el Atlas y estancias en el desierto.
Las temperaturas contribuyen al atractivo de la temporada. Entre octubre y marzo, Marrakech suele registrar máximas diurnas moderadas, favorables para las visitas a pie y las actividades al aire libre. Agadir ofrece un clima todavía más suave y la posibilidad de combinar la cultura marroquí con las playas y los deportes acuáticos del Atlántico.
Frente a los viajes organizados de ritmo más acelerado, parte de la demanda canadiense parece orientarse hacia circuitos flexibles, con grupos reducidos y una mayor participación de guías y alojamientos locales. Esta evolución abre nuevas oportunidades para extender la actividad turística más allá del verano y distribuir sus beneficios entre distintos territorios del Reino.
