El Parlamento Europeo aprobó el 17 de septiembre una resolución magnificada y promocionada a bombo y platillo por la delegación española del Grupo PPE, como prolongación en Estrasburgo de la ofensiva del PP y Vox españoles.
Bajo el grandilocuente título «Recientes ataques híbridos e instrumentalización de migrantes en Ceuta», el texto concentraba todas las esperanzas de la derecha española de convertir el hemiciclo de Estrasburgo en un tribunal de inquisición contra Marruecos.
El resultado fue un cascarón vacío que apenas logra ocultar el revés político sufrido por una derecha española radicalizada que ha optado por comprometer el futuro. Estas son las razones por las que la maniobra europea del PP y Vox acabó en derrota política.
La avalancha de votos nunca llegó
El PP y Vox habían prometido una demostración de fuerza. Aseguraban que Europa —su Europa— se movilizaría masivamente para enviar un mensaje contundente a Marruecos.
En realidad, la resolución aprobada el jueves solo obtuvo 339 votos entre los 720 eurodiputados, menos de la mitad de la Cámara.
Se trata de un resultado ajustado, fruto de una coalición heterogénea entre el PPE, los ultranacionalistas y la extrema derecha. ¿Cómo puede hablarse de una «votación masiva» cuando cerca de la mitad del Parlamento Europeo se negó a respaldar la maniobra?
Más revelador todavía resulta que el grupo de Socialistas y Demócratas (S&D), parte de los liberales, los Verdes y la Izquierda rechazaran apoyar el texto definitivo al considerar que estigmatizaba a un socio estratégico.
La votación reflejó más las divisiones nacionales que una verdadera lógica europea. España ofreció especialmente la imagen de una delegación partida en dos. El PP y Vox, con 30 votos, respaldaron su resolución, mientras que los socialistas, la izquierda y los Verdes, con 26, votaron en contra.
El enfrentamiento entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la oposición española se trasladó casi literalmente de Madrid a Estrasburgo. Todo indica que el verdadero objetivo del tándem PP-Vox no es tanto Marruecos como Pedro Sánchez, especialmente con las elecciones de 2027 en el horizonte.
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Italia reprodujo una configuración similar. Fratelli d’Italia, la Liga y Forza Italia, con 34 votos, se alinearon con el PPE, mientras que el Partido Democrático y el Movimiento 5 Estrellas, con 29, se pronunciaron en contra.
Alemania presentó la delegación más dividida, con 43 votos frente a 33, y concentró la mayor parte de las abstenciones. Incluso se registraron alrededor de diez ausencias en las filas de la CDU-CSU, un indicio de las reticencias del centro alemán ante las aspiraciones extremistas del PP.
Esta distribución de los votos encierra dos noticias favorables para Marruecos. Por una parte, resta dimensión europea a las acusaciones y las devuelve al terreno de las disputas internas españolas. Por otra, priva a la coalición que aprobó la resolución de la mayoría sólida que habría necesitado para infligir un verdadero golpe político a Marruecos.
La montaña del PP parió un ratón, y ni siquiera uno grande.
Lo que querían el PP y Vox y lo que finalmente consiguieron
Vox, a través de Jorge Buxadé, reclamaba la suspensión inmediata de toda financiación europea destinada a Marruecos, la revisión del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y el Reino y la imposición de sanciones económicas.
El PP siguió la misma línea y avivó el relato de una supuesta «guerra híbrida» organizada por Marruecos.
Sin embargo, la resolución aprobada no incluye ninguna de esas medidas. No suspende el Acuerdo de Asociación ni impone sanciones económicas. A lo sumo, plantea vagos llamamientos a condicionar el acceso al mercado europeo y a establecer un «marco más estricto» para el desembolso de fondos.
Nada de ello es nuevo, puesto que esa condicionalidad ya existe en el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo.
El PP y Vox fracasan en su intento de incriminar a Marruecos
El tratamiento reservado por el Parlamento Europeo a las doce enmiendas que incluían disposiciones hostiles contra Marruecos revela un claro rechazo a las pretensiones de sus promotores y muestra la enorme distancia existente entre el contenido definitivo de la resolución y lo que se había preparado contra el Reino.
El Parlamento Europeo no incriminó en ningún momento a Marruecos. La enmienda promovida por el eurodiputado de extrema derecha Jorge Buxadé constituye el ejemplo más claro. Todos los pasajes que señalaban expresamente al Reino y reclamaban la suspensión inmediata de los fondos fueron filtrados y finalmente eliminados por la oposición del Grupo ECR.
También quedaron descartadas las enmiendas que reclamaban suspender el Acuerdo de Asociación con Marruecos e imponer sanciones específicas.
Desde la izquierda radical, una enmienda del grupo The Left que pretendía condenar a las autoridades marroquíes por una supuesta «incitación a los cruces» también fue rechazada, al igual que los considerandos iniciales que responsabilizaban a Marruecos.
Para el PP y Vox, el revés es todavía mayor porque la resolución no señala al Reino ni le atribuye responsabilidad alguna en los acontecimientos de Sebta.
El texto coincide incluso con la posición marroquí al condenar la «instrumentalización de la migración» por parte de las redes de tráfico de personas, una práctica que Marruecos denuncia desde hace tiempo.
Se trata de un golpe para quienes pretendían demonizar al Reino y convertirlo en chivo expiatorio de una situación migratoria compleja.
La resolución que debía condenar a Marruecos lo define como «socio clave»
Para disgusto del PP y Vox, la resolución califica expresamente a Marruecos de «socio clave» de la Unión Europea.
Esta formulación subraya la importancia del Reino y contradice el agotado relato franquista del PP y Vox, que pretendía presentarlo como una amenaza.
Lejos de sancionar a Marruecos, el texto reafirma la centralidad de la asociación entre el Reino y la Unión Europea. Quienes pretendían aislarlo consiguieron precisamente lo contrario, el reconocimiento de su papel esencial en la región.
Un alcance práctico limitado en tres frentes
En primer lugar, la resolución carece jurídicamente de carácter vinculante. Expresa una posición política que la Comisión Europea no está obligada a aplicar y que, en este caso, contradice ya su propia línea.
Los comisarios europeos, incluido el responsable de Migración, han elogiado públicamente la cooperación con Marruecos y han apostado por reforzar la asociación.
En segundo lugar, la mayoría que respaldó el texto no es estable ni puede reproducirse en asuntos importantes, en los que el PPE no suele contar con el apoyo de Patriotas por Europa y Europa de las Naciones Soberanas.
Por último, todas las medidas que podían afectar concretamente a los intereses del Reino fueron eliminadas del texto definitivo. Su impacto sobre Marruecos es, por tanto, nulo.
El PP cae en su propia trampa
Al alinearse con las posiciones de Vox, el PP de Alberto Núñez Feijóo comete un error estratégico que compromete el futuro.
Marruecos no es solamente un socio económico y comercial de primer orden para España. También desempeña un papel fundamental en la lucha contra la inmigración irregular, la seguridad y la cooperación energética.
Al ceder ante la extrema derecha, el PP se enfrenta a un socio con el que tendrá que trabajar tarde o temprano.
La difícil aprobación de la resolución del Parlamento Europeo del 17 de septiembre debería servirle de advertencia. La estrategia de la confrontación no da resultados y termina aislando a España en lugar de protegerla.
Un voto que también deja noticias favorables para Marruecos
Europa no siguió a quienes defendían las posiciones más radicales. Rechazó convertir una situación migratoria en un conflicto diplomático abierto.
Pese a las presiones y al hostigamiento constante de la derecha española, las instituciones europeas mantuvieron la línea de la realpolitik.
Marruecos continúa siendo un socio indispensable y los intentos de demonizarlo chocan con la realidad de los intereses compartidos.
Al definir al Reino como «socio clave» y negarse a incriminarlo, la resolución envía un mensaje claro. Marruecos no está aislado y las maniobras del PP y Vox no han convencido.
Durante el debate plenario, en las ruedas de prensa y en sus distintas comunicaciones, altos responsables europeos reafirmaron sucesivamente el papel de Marruecos como «socio estratégico importante de la Unión Europea», en un momento en el que se acumulan los desafíos en las fronteras de Europa.
El PP y Vox pretendían humillar a Marruecos en Estrasburgo. Lo que consiguieron fue una resolución vaciada de contenido y una votación sin fuerza. La derecha española debería reflexionar sobre este fracaso antes de perseverar en una vía que, a largo plazo, no beneficia a nadie.
