Marruecos continúa consolidando su posición dentro del mercado agrícola mediterráneo y empieza a ganar peso también en un sector históricamente dominado por España, el aceite de oliva.
Según datos comerciales publicados por El Periódico, las exportaciones marroquíes de aceite de oliva hacia España pasaron de poco más de 55 toneladas durante los dos primeros meses del año anterior a superar las 2.900 toneladas en el mismo periodo de 2026.
La progresión confirma el rápido ascenso de Marruecos dentro del mercado oleícola español. En apenas un año, el Reino pasó de ocupar la décima posición entre los proveedores de aceite de oliva de España a situarse ya en cuarto lugar, elevando además su cuota de mercado desde alrededor del 2% hasta más del 7%.
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La tendencia ya había comenzado a acelerarse al inicio de la actual campaña oleícola. Entre octubre y diciembre, España importó cerca de 1.430 toneladas de aceite de oliva marroquí, prácticamente el doble de las cifras registradas durante el mismo periodo del ejercicio anterior.
Marruecos acelera su producción oleícola
Detrás de esta evolución aparece el fuerte crecimiento del sector agrícola marroquí y las inversiones realizadas en los últimos años en modernización, irrigación y ampliación de superficies de cultivo.
Las previsiones profesionales del sector apuntan a que la producción marroquí de aceite de oliva podría alcanzar alrededor de 200.000 toneladas durante la actual campaña, frente a las aproximadamente 90.000 toneladas registradas el año anterior.
El aumento de la producción permitiría además generar un excedente exportable estimado en unas 60.000 toneladas, reforzando la presencia marroquí no solo en España, sino también en otros mercados mediterráneos como Italia, Portugal o Túnez.
El auge del aceite marroquí refleja una transformación más amplia del sector agroexportador del Reino, que en los últimos años ha reforzado su presencia internacional en productos como tomates, frutos rojos, aguacates o pimientos.
La proximidad geográfica con Europa, los menores costes de producción y las inversiones agrícolas impulsadas durante la última década permiten a Marruecos ganar competitividad dentro de mercados tradicionalmente dominados por productores europeos.
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El crecimiento del sector oleícola marroquí coincide además con un contexto de fuerte volatilidad internacional de los precios del aceite de oliva, marcado por las sequías recurrentes y la reducción de cosechas en varios países mediterráneos.
Cada vez más presente en los circuitos comerciales europeos, Marruecos se consolida así como uno de los actores emergentes del mercado internacional del «oro líquido».
