Marruecos ha notificado a la Organización Mundial del Comercio (OMC) la apertura de una investigación preventiva sobre las importaciones de arroz blanco y arroz integral. Esta medida, comunicada el pasado 13 de abril de 2026, responde a la solicitud de empresas locales que representan una parte significativa de la producción nacional. Según la Federación Nacional Interprofesional del Arroz (FNIR), estas importaciones ejercen un «impacto negativo sobre la economía» al provocar una salida de divisas innecesaria, dado que la producción propia cubre cerca del 75% de las necesidades del país.
Las autoridades han concedido un plazo de treinta días para que importadores, exportadores y otras partes interesadas presenten sus observaciones. También se prevén comparecencias de los implicados. Más allá de un procedimiento habitual de defensa comercial, la situación revela una brecha profunda entre la capacidad productiva del Reino y las actuales dinámicas del comercio internacional de este cereal.
El desequilibrio se refleja en una tendencia clara. El volumen de arroz importado en Marruecos pasó de 19.000 toneladas en los primeros ocho meses de 2020 a más de 52.000 en el mismo periodo de 2025, lo que supone un incremento superior a las 33.000 toneladas. En términos económicos, el gasto de las empresas marroquíes para estas compras aumentó de 119 millones de dirhams a más de 281 millones, representando un alza de casi 162 millones de dirhams.
Para la FNIR, esta evolución no es un movimiento puntual. Mohamed El Arabi El Ghazouani considera que «las importaciones masivas de arroz no son un fenómeno reciente, sino que aumentan desde hace unos cuatro años». La Federación atribuye este crecimiento a un cambio en las estrategias comerciales de los principales países exportadores.
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Según Mohamed El Arabi El Ghazouani, este proceso se ha acelerado debido a que muchos países exportadores han abierto sus fronteras para dar salida al arroz, ya sea por un exceso de almacenamiento en sus reservas estratégicas o por la necesidad de obtener divisas. Esta oferta abundante presiona de forma directa un mercado marroquí cuyos equilibrios dependen estrechamente de los costes locales de producción.
La FNIR defiende que el sector nacional mantiene su capacidad de resistencia frente a varios productores internacionales. El Ghazouani subraya que el sector del arroz es competitivo en comparación con países como Estados Unidos o diversas naciones de Europa y América Latina que no siempre subvencionan de manera directa o indirecta el cultivo o el almacenamiento.
Subvenciones, el núcleo del conflicto
Sin embargo, el escenario cambia drásticamente ante los países que aplican apoyos públicos masivos. «La competencia con naciones que subvencionan con fuerza la producción y el almacenamiento penaliza gravemente al sector nacional», afirma El Ghazouani. La Federación identifica en estas prácticas el origen de una «fragilidad estructural frente a los precios internacionales», ya que permiten que el producto importado entre en Marruecos con precios inferiores a los costes de producción locales.
El análisis de la Federación se basa en una brecha de costes difícil de asumir para los operadores marroquíes. El Ghazouani detalla que en Marruecos tanto el agricultor como el industrial asumen todos los gastos relacionados con el agua, la energía y una mano de obra relativamente costosa. Por el contrario, en otros países exportadores estos costes son prácticamente inexistentes o están muy reducidos.
A esta diferencia económica se añade la disparidad en las exigencias regulatorias. La FNIR sostiene que en Marruecos se respetan estrictamente las normas sociales y ambientales, especialmente en el uso de productos fitosanitarios y estándares de calidad. Sin embargo, denuncian que en los países exportadores estas exigencias no siempre se aplican con el mismo rigor. El Ghazouani menciona también la existencia de ayudas al almacenamiento en otros países, una ventaja que no existe en el mercado local y que genera una situación de desigualdad.
Cobertura del 75% y fuga de divisas
La Federación Nacional Interprofesional del Arroz (FNIR) considera que las consecuencias de esta situación trascienden ya el ámbito sectorial. Aunque la producción nacional «puede cubrir cerca del 75% de la demanda», el incremento de las importaciones está generando, según la entidad, desajustes en el mercado interno.
Mohamed El Arabi El Ghazouani explicó que «los importadores introducen volúmenes muy elevados sin tener en cuenta la producción local ni el consumo interno, lo que genera excedentes en el mercado».
Para la Federación, estos excedentes provocan además un efecto macroeconómico adverso. «Esto repercute negativamente en la economía, ya que las importaciones conllevan una salida de divisas innecesaria para el país», afirmó El Ghazouani. De este modo, más allá de la cuestión comercial, la FNIR busca elevar el debate hacia el equilibrio de las cuentas nacionales.
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La apertura de la investigación se interpreta desde la Federación como una medida correctora para recuperar la equidad en la competencia. La FNIR sostiene que se trata de una «medida de urgencia para restablecer una competencia más justa frente al producto importado». Asimismo, la organización considera que «las importaciones procedentes de países que subvencionan el cultivo y el almacenamiento crean una situación de injusticia».
Este procedimiento llega en un momento en el que los hábitos de consumo están cambiando rápidamente. La diversificación de la dieta, el uso de nuevas recetas en los hogares y el auge de la comida rápida han impulsado progresivamente la demanda de arroz en el mercado de Marruecos.
