Ser la esposa de Roberto Carlos basta inevitablemente para atraer todas las miradas. El brasileño pertenece a esa categoría de futbolistas cuyo nombre trasciende las fronteras de su país y de su generación. Campeón del mundo en 2002 y leyenda del Real Madrid, continúa siendo uno de los rostros más reconocibles del fútbol mundial más de dos décadas después de sus mejores años sobre el terreno de juego.
Souhaila Ettahiri conoce bien esa exposición, pero no quiere que su historia se reduzca a la de su marido. Cuando habla de Roberto Carlos, establece rápidamente un límite. «Prefiero preservar los detalles de mi vida privada», explica a Le360 Sport. Habla con gusto de fútbol, pero mucho menos de lo que pertenece a su intimidad.
Su propia trayectoria la conduce ahora hacia Marruecos. Española de origen marroquí, Souhaila Ettahiri procede de una familia de Al Hoceïma. El Rif ocupa un lugar especial en su historia familiar, aunque su vida y su actividad profesional la hayan llevado a trabajar en distintos países.
«Marruecos es mucho más que el país de mis orígenes. Forma parte de mi personalidad, de mi memoria y de mis valores», afirma. Un vínculo que ahora quiere expresar con algo más que palabras.
Una experiencia internacional al servicio de Marruecos
Souhaila Ettahiri ha desarrollado su trayectoria en torno a proyectos deportivos, la estrategia y las relaciones institucionales. Ha trabajado en diferentes entornos de Europa, África y el mundo árabe.
Su paso por distintas culturas futbolísticas le ha permitido observar modelos aplicados en otros países y establecer relaciones que ahora le gustaría poner al servicio de proyectos en Marruecos.
Habla, en particular, de academias, detección de talentos y formación. Su objetivo no consiste simplemente en abrir una estructura con un nombre prestigioso en la fachada. Insiste en la importancia del método, el acompañamiento y la supervisión de los jóvenes, especialmente de aquellos cuyo talento no siempre basta para abrirles las puertas adecuadas.
«Una academia eficaz no debe limitarse a formar futbolistas. También debe contribuir a formar jóvenes instruidos, disciplinados y capaces de competir al más alto nivel internacional», sostiene.
El fútbol femenino también figura entre sus proyectos. Ettahiri sigue de cerca su desarrollo en Marruecos y considera que los avances logrados durante los últimos años pueden generar más oportunidades profesionales, y no únicamente para las jugadoras.
La formación, el cuerpo técnico, la gestión y las profesiones vinculadas a la industria deportiva son algunas de las vías que contempla.
Esta voluntad coincide con un momento en el que Marruecos acelera considerablemente sus inversiones en el deporte. El Mundial de 2030, organizado junto a España y Portugal, constituye inevitablemente el gran horizonte.
Sin embargo, Souhaila Ettahiri piensa sobre todo en lo que deberá permanecer cuando se apaguen los focos.
«Lo más importante es pensar en el legado que quedará después de la competición», subraya. Entre sus prioridades cita la formación de los jóvenes, la creación de empleo, el desarrollo de la industria deportiva y la llegada de nuevas inversiones y conocimientos internacionales.
Roberto Carlos, el islam y un rumor desmentido
Resulta difícil mantener una larga conversación con Souhaila Ettahiri sin que reaparezca el nombre de Roberto Carlos. Durante los últimos meses, el exinternacional brasileño ha protagonizado una historia ampliamente difundida en las redes sociales que aseguraba que se había convertido al islam.
Su esposa lo desmiente categóricamente. «Quiero ser muy clara sobre este asunto. Roberto Carlos no se ha convertido al islam», afirma.
Ettahiri recuerda que el exjugador del Real Madrid no ha realizado ningún anuncio en ese sentido y que las informaciones presentadas como pruebas de su supuesta conversión no se corresponden con la realidad.
También rechaza otra versión difundida junto con el rumor, según la cual un jeque o predicador llamado Jihad Hassan se habría reunido con Roberto Carlos y le habría recitado el Corán. «Esa historia es falsa», asegura.
En cambio, prefiere no hablar de posibles conversaciones privadas sobre el islam. Reconoce que las religiones y las culturas pueden formar parte de los intercambios cotidianos dentro de una pareja, pero rechaza que esas conversaciones se interpreten como una conversión.
Para ella, debe establecerse claramente la diferencia entre el interés por una religión, el respeto hacia ella y la decisión personal de adoptarla.
El recuerdo del Raja 26 años después
Hay, sin embargo, un terreno marroquí en el que Roberto Carlos conserva sus propios recuerdos, el fútbol.
En enero de 2000, el Real Madrid se enfrentó al Raja de Casablanca en Brasil durante la primera edición del Mundial de Clubes de la FIFA. Roberto Carlos estaba sobre el césped. El conjunto casablanqués puso en serios apuros al equipo español antes de perder por 3-2 en un partido que permanece en la memoria de los aficionados marroquíes.
Souhaila Ettahiri asegura que su marido no ha olvidado aquel encuentro. Recuerda especialmente la calidad técnica de los jugadores del Raja y la personalidad con la que se enfrentaron a uno de los clubes más prestigiosos del mundo. Aquella noche dejó en él, según relata, un respeto especial por el Raja y por el fútbol marroquí.
¿Podría ese recuerdo traducirse algún día en un proyecto concreto? Souhaila Ettahiri no lo descarta. Reconoce que existen ideas para desarrollar iniciativas conjuntas en Marruecos, aunque prefiere no revelar su naturaleza antes de que puedan hacerse realidad.
Por ahora, quiere hablar de lo que ella misma pretende construir. El nombre de Roberto Carlos abre inevitablemente la conversación, pero Souhaila Ettahiri aspira a que el siguiente capítulo también se escriba con el suyo. Y, si es posible, en Marruecos.









