Núcleo Nacional, el rostro sin máscara del neonazismo español

El 08/08/2026 a las 10h00

Nacido de las protestas de Ferraz y alimentado por antiguos militantes de organizaciones neonazis, falangistas y grupos ultras,Núcleo Nacional ha pasado en apenas dos años de agitar las calles y esconder a sus dirigentes tras pasamontañas a dotarse de un partido político con el que pretende concurrir a las elecciones generales. Su programa no disimula el supremacismo racial, la hostilidad hacia los marroquíes y musulmanes ni su rechazo a la democracia española.

Durante meses, el rostro más reconocible de Núcleo Nacional fue un rostro que nadie podía ver. Un hombre vestido de negro, oculto bajo un pasamontañas, aparecía en los vídeos del grupo para hablar de «raza», «reconquista», «invasión extranjera» y «sustitución demográfica». Se hacía llamar simplemente Iván.

En julio de 2026, el encapuchado decidió quitarse la máscara. Ante las cámaras apareció Iván Rico Olivares, administrativo, hijo de un antiguo concejal del Partido Popular y principal dirigente operativo de una organización que había hecho del anonimato y de la estética paramilitar dos de sus señas de identidad.

El gesto estaba cuidadosamente calculado. Rico no se descubría para moderar su discurso, sino para anunciar que Núcleo Nacional entraba en una nueva fase. Después de las calles, los gimnasios, las redes sociales y las concentraciones antimigración, había llegado el momento de utilizar, según sus propias palabras, «las herramientas del régimen» y presentarse a las elecciones.

La asociación seguirá llamándose Núcleo Nacional, pero el partido político registrado para participar en las urnas lleva otro nombre: Noviembre Nacional. Es una alusión directa a las protestas de noviembre de 2023 ante la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid, el lugar donde se encuentra el embrión de la organización. El salto electoral no supone, por tanto, una transformación ideológica. Es un cambio de método. El movimiento que prometía combatir el sistema desde la calle pretende ahora servirse de las instituciones que rechaza para intentar «dinamitarlas desde dentro», como sus propios responsables han explicado a sus militantes.

El laboratorio de Ferraz

Núcleo Nacional nació al calor de las protestas contra la ley de amnistía celebradas ante la sede del PSOE en la madrileña calle Ferraz durante el otoño de 2023. Aquellas concentraciones reunieron a militantes de Vox, falangistas, neonazis, ultras del fútbol y miembros de pequeños grupos de extrema derecha. Cuando las movilizaciones perdieron fuerza, los sectores más radicales conservaron los contactos establecidos durante aquellas noches y comenzaron a organizarse bajo el nombre de Noviembre Nacional.

En enero de 2024, el colectivo empezó a operar en Telegram y el 14 de abril realizó su primera presentación pública en el Espacio Ardemans de Madrid, un local utilizado por La Falange. La fecha, aniversario de la proclamación de la Segunda República, formaba parte de la provocación. En aquel acto, el dirigente encapuchado que más tarde sería identificado como Iván Rico explicó que pretendían reunir bajo una misma marca a «franquistas, falangistas y nacionalsocialistas», el término con el que se refería a los nazis.

La nueva organización se convirtió así en punto de encuentro para antiguos integrantes de Bastión Frontal, Democracia Nacional, Skin Moncloa, Ultras Sur y círculos falangistas, además de ocupar parte del espacio dejado por Hogar Social Madrid. Los veteranos aportaron experiencia organizativa; los antiguos miembros de Bastión Frontal, juventud y dominio de las redes; y los ambientes ultras, una cultura basada en la fuerza física y el enfrentamiento callejero.

En agosto de 2024, Núcleo Nacional fue inscrito en el Registro Nacional de Asociaciones como una entidad «cívico-política», con domicilio en Valladolid, en un local históricamente relacionado con Democracia Nacional. Esta cobertura legal le permitió recaudar cuotas, vender productos, alquilar espacios y celebrar actos, mientras la Guardia Civil comenzaba a examinar algunos de sus vídeos y proclamas por posibles delitos de odio.

La organización, sin embargo, quiso alejarse de la imagen tradicional del skinhead o del ultra de fútbol. El viejo neonazismo de cabezas rapadas, bares marginales y tribus urbanas fue envuelto en una estética más calculada: ropa negra, vídeos cuidadosamente editados, gimnasios, clubes de lectura, podcasts, Telegram y merchandising. El mensaje apenas cambió; lo que se modernizó fue la forma de venderlo.

Los hermanos Rico, el poder detrás del pasamontañas

Iván Rico Olivares es el rostro político y principal portavoz de la organización. Durante casi toda la primera etapa de Núcleo Nacional escondió su identidad tras una balaclava. La máscara le permitía cultivar una imagen intimidatoria y, al mismo tiempo, dificultaba su identificación pública.

Esa clandestinidad estética convivía paradójicamente con una intensa actividad en internet. Sus discursos eran difundidos en vídeos breves, acompañados de música épica, imágenes de entrenamiento físico y secuencias de militantes marchando vestidos de negro.

Su hermano, David Rico Olivares, ocupa un papel menos visible, pero fundamental en la maquinaria propagandística. Se le atribuye buena parte de la estrategia digital y de la difusión de los contenidos del grupo. Los dos residen, según fuentes policiales citadas por El País, en una localidad de Guadalajara próxima a Madrid.

La retirada pública del pasamontañas por parte de Iván Rico simbolizó el paso de la subcultura militante a la política electoral. Para figurar como candidato, conceder entrevistas y participar en una campaña era difícil mantener durante mucho tiempo el personaje del encapuchado sin nombre. Cuando una periodista de la Sexta le preguntó qué opinaba de que lo llamaran racista, Rico respondió sonriendo: «Me parece bien». En otra reunión con simpatizantes fue todavía más explícito: «Somos racistas o racialistas». La diferencia terminológica pretende aportar una apariencia doctrinal a la jerarquización de las personas en función de su origen étnico.

Enrique Lemus, el veterano que conoce los trámites

El tercer nombre fundamental es Enrique Lemus Sánchez. De mayor edad que los hermanos Rico, Lemus procede de Democracia Nacional, uno de los partidos históricos de la extrema derecha extraparlamentaria española.

Su papel no reside tanto en la propaganda digital como en la experiencia orgánica. Lemus conoce el funcionamiento de los partidos, los registros administrativos, las asociaciones y las estructuras territoriales. Es el puente entre la vieja extrema derecha de los años noventa y la nueva generación criada políticamente en Telegram, YouTube y TikTok.

Fue él quien inscribió oficialmente Noviembre Nacional en el Registro de Partidos Políticos del Ministerio del Interior el 10 de febrero de 2026. Figura como presidente de la nueva formación, de ámbito nacional y con domicilio en la misma sede vallisoletana utilizada por Núcleo Nacional.

En la práctica, Iván Rico ejerce como principal líder público, mientras Lemus proporciona la arquitectura legal y política necesaria para transformar el movimiento en un partido.

En torno a ellos aparecen otros propagandistas, como el cantante neonazi Alberto Pugilato o el creador de contenidos David Santos, que difunden sus actos y ayudan a introducir sus mensajes en públicos situados más allá de la militancia tradicional.

Isabel Medina Peralta, la figura más conocida

Si Iván Rico representa el liderazgo operativo, Isabel Medina Peralta es el rostro más conocido fuera de la organización.

Peralta saltó a la escena pública en febrero de 2021, cuando pronunció un discurso antisemita durante un homenaje a la División Azul en el cementerio madrileño de La Almudena. Tenía entonces 18 años. Su intervención, en la que culpaba al «judío» de distintos males sociales, la convirtió en una figura de referencia para los círculos neonazis españoles.

Había militado en Falange y participado en la fundación de Bastión Frontal. Posteriormente viajó a Alemania para recibir formación del partido neonazi Der III. Weg —El Tercer Camino—, una formación observada por las autoridades alemanas y caracterizada por combinar propaganda política, disciplina física y activismo callejero. En 2022, las autoridades alemanas le impidieron entrar en el país después de encontrar una bandera nazi en su equipaje. La exhibición de este tipo de simbología está prohibida en Alemania.

Tras la desintegración de Bastión Frontal, Peralta trató de impulsar Sección de Asalto, un pequeño grupo inspirado en organizaciones neonazis europeas. Durante las protestas de Ferraz de 2023 se subió a una marquesina y realizó el saludo nazi. Parte de los propios manifestantes conservadores la abucheó, una escena que evidenció entonces los límites de su aceptación incluso dentro de las protestas contra el Gobierno.

En abril de 2025, la Audiencia Provincial de Madrid la condenó a un año de prisión, seis meses de multa y un año de inhabilitación para ser elegida para cargos públicos por un delito de incitación al odio. Los hechos juzgados se remontaban a una concentración no autorizada celebrada el 18 de mayo de 2021 ante la Embajada de Marruecos en Madrid.

Durante aquel acto, convocado en medio de una anterior crisis migratoria en Sebta, Peralta habló de una «suplantación racial» y lanzó proclamas como «muerte al invasor». El tribunal consideró que sus palabras no constituían una simple opinión sobre inmigración, sino una incitación a una «lucha de signo violento» contra marroquíes y musulmanes.

En julio de 2026, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid confirmó la condena. Peralta respondió rompiendo ante las cámaras una copia de la resolución judicial y realizando nuevamente el saludo nazi, frente a la embajada de Marruecos en Madrid. Su presencia en la dirección de Núcleo Nacional cumple una doble función. Aporta notoriedad mediática y conecta a la organización con redes neonazis extranjeras, pero también la vincula directamente con un discurso antimarroquí que no es circunstancial, sino uno de los elementos más constantes de su trayectoria.

Nazis sin eufemismos

Isabel Medina Peralta se define abiertamente como nacionalsocialista. El término puede sonar a una combinación imprecisa de nacionalismo y socialismo, pero no encierra ninguna ambigüedad: nacionalsocialismo es el nombre completo de la ideología nazi de Adolf Hitler, basada en el supremacismo racial, el antisemitismo, el autoritarismo y la subordinación del individuo a una comunidad definida por la sangre y el origen.

En el caso de Peralta, no se trata de una etiqueta provocadora utilizada al azar. Sus discursos antisemitas, su admiración por la Alemania de Hitler, su formación junto al partido neonazi alemán Der III. Weg y la reiteración del saludo nazi dejan poco margen para interpretaciones. Núcleo Nacional tampoco lo oculta. Durante la presentación del movimiento, Iván Rico explicó que pretendía reunir a «franquistas, falangistas y nacionalsocialistas». Otro militante fue todavía más directo: «¿Nazis, fascistas? ¡Pues claro que lo somos!».

Esa filiación se plasma en un programa que convierte la pertenencia racial en el fundamento de la nación. Núcleo Nacional presenta la «defensa de la raza» como la «columna vertebral» del pueblo, promueve la natalidad entre los españoles y rechaza la sociedad multicultural. Sus dirigentes defienden además la teoría conspirativa del «gran reemplazo», según la cual determinadas élites estarían impulsando deliberadamente la inmigración para sustituir a las poblaciones europeas.

De ahí surge su propuesta de «remigración», un eufemismo que va mucho más allá de expulsar a quienes se encuentran en situación irregular. Plantea también la expulsión de inmigrantes legalmente establecidos e incluso de ciudadanos españoles de origen extranjero que el grupo no considera racialmente asimilables. Para Núcleo Nacional, la ciudadanía no depende únicamente de la nacionalidad o del lugar de nacimiento, sino de la ascendencia.

En torno a ese núcleo racial se articulan el antisemitismo, el antifeminismo, el rechazo de los derechos LGTBI, la oposición al aborto y a la eutanasia, el revisionismo del franquismo y la admiración por diferentes movimientos fascistas europeos. La organización ha modernizado su imagen y se dispone a concurrir a las elecciones, pero ni su estética renovada ni su nueva condición de partido alteran la naturaleza de sus ideas. Bajo el envoltorio electoral permanece una doctrina que sus propios responsables llaman por su nombre: nacionalsocialismo.

«El Nido», gimnasio, biblioteca y cuadro de Hitler

Una de las claves del crecimiento de Núcleo Nacional es su intención de construir una comunidad que vaya más allá de la militancia política.

Su sede de Madrid, situada en el barrio de Las Tablas y bautizada como «El Nido», dispone de unos 530 metros cuadrados. Cuenta con gimnasio, biblioteca, sala de conferencias, terraza, barra de bar y un espacio para vender camisetas, pulseras y otros productos. La biblioteca está decorada, según una visita relatada por El País, con un retrato de Adolf Hitler.

El gimnasio no es un elemento accesorio. La formación física y el combate cuerpo a cuerpo ocupan un lugar importante en la cultura de la organización. Sus responsables presentan el cuerpo disciplinado como una metáfora de la nación que pretenden construir: fuerte, homogénea, masculina y preparada para el enfrentamiento.

Isabel Peralta ha explicado que el objetivo es formar una comunidad de «superhombres» dispuestos a morir por la patria y por sus camaradas. El militante ideal debe estudiar, trabajar, entrenar y someter su vida personal a las necesidades del grupo.

Los clubes de lectura cumplen la función de «intelectualizar» el discurso. En ellos se comentan textos falangistas, franquistas y nacionalsocialistas. Peralta llegó a proponer la lectura de algunos de los libros que el régimen de Hitler ordenó quemar, con el argumento de comprender por qué habían sido prohibidos.

La organización completa este trabajo presencial con una maquinaria digital eficaz. Sus vídeos utilizan una realización muy cuidada: planos cortos, música marcial, ropa uniforme, escenas de entrenamiento y mensajes breves. El objetivo no es convencer mediante largos programas políticos, sino transmitir identidad, fuerza y pertenencia.

En noviembre de 2025, fuentes de los servicios de Información de la Policía situaban en unos 1.500 el número de socios de Núcleo Nacional, la mayoría jóvenes que pagaban una cuota mensual de diez euros. La organización no ha permitido comprobar de manera independiente esa cifra. Además de las cuotas, obtiene ingresos de donaciones, campañas de micromecenazgo y venta de ropa y accesorios. Algunas de sus camisetas contienen referencias codificadas al nazismo, al supremacismo blanco y al Holocausto.

El merchandising no solo financia la estructura. Permite que sus seguidores exhiban una identidad común sin recurrir siempre a símbolos nazis explícitos que podrían tener consecuencias legales o provocar rechazo social. La organización ha abierto delegaciones en Madrid, Valladolid y Barcelona y ha anunciado planes de expansión hacia Asturias, Marbella y otras ciudades. No obstante, existe una diferencia notable entre sus seguidores digitales, sus socios declarados y su capacidad efectiva para movilizar personas en la calle. En sus principales convocatorias propias suele reunir entre 150 y 200 participantes, aunque en actos compartidos con otras organizaciones la cifra puede ser superior.

Marruecos, el enemigo elegido

Dentro de ese imaginario racial, Marruecos ocupa un lugar singular. Núcleo Nacional no lo presenta únicamente como el país de origen de una parte de la inmigración en España, sino como un adversario que actuaría deliberadamente contra la población española. En sus mensajes se superponen el rechazo al inmigrante marroquí y la hostilidad hacia el islam.

La organización ha llegado a condensar esa posición en una frase sin matices: «Marruecos es nuestro enemigo». Durante la última crisis migratoria, Iván Rico sostuvo ante la Embajada de Marruecos que «Sebta ha sido invadida» y describió la entrada de migrantes como «un ensayo del Gobierno marroquí» para una futura operación contra Sebta y Melilla. Este vocabulario no es accidental. Al hablar de «invasión», Núcleo Nacional borra cualquier distinción entre el Estado marroquí, las redes de tráfico y los miles de jóvenes que trataron de alcanzar Sebta. Todos pasan a formar parte de una misma amenaza. El marroquí deja de ser presentado como una persona que migra y se convierte en la avanzadilla de un plan político y demográfico.

La hostilidad también alcanza a los marroquíes establecidos legalmente en España. Según su concepción racial de la nación, obtener la nacionalidad o haber nacido en el país no basta necesariamente para ser español. De ahí que sus consignas alternen las exigencias de «deportación» con mensajes mucho más explícitos como «Moros fuera de España».

La crisis de Sebta permitió transformar esas palabras en una sucesión de actos. El 31 de julio, Núcleo Nacional se concentró ante la Embajada de Marruecos en Madrid. Allí, Isabel Medina Peralta rompió la resolución judicial que confirmaba su condena por incitar a la violencia contra marroquíes y musulmanes en ese mismo lugar en 2021, realizó el saludo nazi y fue respondida desde el público con un «Sieg Heil». Al día siguiente, una decena de militantes encabezados por Iván Rico viajó a Sebta para trasladar su campaña a la ciudad.

La operación terminó lejos de la demostración de fuerza que buscaban. Nada más llegar al puerto, fueron increpados por vecinos que los acusaron de aprovechar la crisis para sembrar odio. La Policía Nacional tuvo que escoltarlos y acabaron abandonando la ciudad sin poder desarrollar la movilización prevista. Uno de los militantes, que ocultaba el rostro, se resistió inicialmente a descubrirse porque temía ser reconocido en su trabajo, una escena que reveló la distancia entre la agresividad de la puesta en escena y la voluntad de asumir personalmente sus consecuencias.

La figura de Isabel Peralta proporciona además continuidad histórica a esta fijación. En mayo de 2021, antes del nacimiento de Núcleo Nacional, ya había utilizado otra crisis migratoria en Sebta para hablar ante la Embajada de Marruecos de una «suplantación racial sin precedentes» y proclamar «muerte al invasor». Condenada posteriormente por aquellas palabras, volvió cinco años después al mismo lugar y con el mismo discurso. En uno de sus vídeos más recientes trató de negar su islamofobia mediante una frase que, en realidad, expone el fondo de su pensamiento: «No soy islamófoba, solo tengo un problema con los marroquíes».

Marruecos no es el único enemigo del universo ideológico de Núcleo Nacional, pero sí el que permite reunir en una sola figura todas sus obsesiones: raza, inmigración, islam, territorio y decadencia nacional. El grupo convierte cualquier desacuerdo diplomático, movimiento migratorio o incidente fronterizo en una pieza de un mismo relato: el de una España traicionada desde dentro y asediada desde el sur. No se trata solamente de rechazo a la inmigración. Es una narrativa específicamente antimarroquí, repetida en sus consignas, personificada en sus dirigentes y trasladada de las redes sociales a la calle.

El peligro de la normalización

La apuesta electoral permite a Núcleo Nacional ampliar su radio de acción más allá de las calles y las redes sociales. Bajo la marca Noviembre Nacional podrá presentar candidaturas, ocupar espacios de campaña y revestir de aparente respetabilidad institucional un proyecto que continúa definiéndose por el supremacismo racial y el rechazo de la democracia.

Sus posibilidades de obtener representación siguen siendo limitadas. Sin embargo, su influencia no se mide únicamente en escaños: puede captar militantes y financiación, introducir su vocabulario en el debate público y presionar a otras formaciones ultras para que radicalicen sus posiciones. Conceptos hasta hace poco confinados a círculos neonazis, como «remigración» o «sustitución racial», empiezan así a presentarse como propuestas políticas discutibles.

El peligro reside precisamente en esa normalización. Participar en las elecciones no transforma la naturaleza de Núcleo Nacional, pero sí puede ayudarlo a dejar de parecer marginal. Cuando el racismo se presenta como «racialismo», las expulsiones masivas como «remigración» y el neonazismo como una candidatura más, el envoltorio cambia; el proyecto permanece.

Por Faiza Rhoul
El 08/08/2026 a las 10h00