Isabel Medina Peralta, brazo en alto y odio antimarroquí sin máscara

La activista neonazi Isabel Medina Peralta.(Photo By Diego Radames/Europa Press via Getty Images). Europa Press 2026

El 05/08/2026 a las 11h48

La activista neonazi Isabel Medina Peralta ha tratado de justificar su saludo nazi frente a la Embajada de Marruecos con un vídeo que, lejos de suavizar lo ocurrido, agrava el mensaje, acusa colectivamente a los marroquíes de ser responsables de la delincuencia, manipula estadísticas y anuncia que seguirá desafiando a la Justicia. Su intervención muestra hasta qué punto el odio antimarroquí ha dejado de necesitar disfraces en determinados sectores de la extrema derecha española.

Isabel Peralta —de nombre completo Isabel Medina Peralta, aunque suele prescindir oportunamente de su segundo apellido— ha decidido «dar contexto» a su reciente saludo nazi frente a la Embajada de Marruecos en Madrid. La explicación era necesaria, según ella, porque uno no se presenta ante una sede diplomática, levanta el brazo al estilo del Tercer Reich y vuelve tranquilamente a casa sin que exista una historia previa.

En eso tiene razón. Existe una historia previa. El problema es que no la exculpa, la confirma.

«Yo no me presento en la Embajada de Marruecos, levanto el brazo y me voy a mi casa. Esto viene de atrás», explica en un vídeo difundido en redes sociales. Y tanto que viene de atrás. Peralta se dio a conocer en febrero de 2021, con apenas 18 años, durante un homenaje a la División Azul en Madrid. Allí pronunció un discurso abiertamente antisemita en el que afirmó que «el enemigo siempre va a ser el mismo, aunque con distintas máscaras: el judío». La Fiscalía abrió diligencias, aunque aquella investigación terminó archivada.

Tres meses después, el 18 de mayo de 2021, tomó un megáfono durante una concentración no autorizada de Bastión Frontal frente a la Embajada de Marruecos. Allí habló de «suplantación racial», proclamó «muerte al invasor» y animó a una movilización contra los inmigrantes marroquíes y los musulmanes.

Por esos hechos, la Audiencia Provincial de Madrid la condenó en abril de 2025 a un año de prisión, seis meses de multa (1.080 euros) y un año de inhabilitación para el sufragio pasivo. La sentencia concluyó que sus declaraciones pretendían «denigrar al colectivo de inmigrantes marroquíes y despertar la hostilidad hacia ellos» y que alentaban una «lucha de signo violento». No la condenaron, por tanto, simplemente por decir que España estaba siendo «invadida», como ahora intenta hacer creer. La resolución también ordenó retirar los contenidos relacionados con los hechos juzgados.

Una condena convertida en medalla

Isabel Medina asegura que acaba de recibir la resolución que rechaza su recurso de apelación y confirma la condena. A falta de que el fallo íntegro sea difundido públicamente, es ella misma quien vincula esa decisión con su regreso a la Embajada marroquí. Según relata, tenía dos opciones: «Quedarme en casa llorando», que es lo que a su juicio buscan los delitos de odio, o presentarse de nuevo ante la Embajada, reincidir en los mismos hechos y demostrar que la sentencia se la pasa «por los huevos».

La primera opción habría sido, además de legalmente más prudente, un saludable ejercicio de silencio. Peralta eligió la segunda y la rubricó con un saludo nazi, disipando cualquier duda sobre la naturaleza ideológica de su desafío.

Su argumento tampoco encaja con la sentencia. Los magistrados dejaron expresamente escrito que «no se trata de criminalizar opiniones discrepantes», sino de combatir actuaciones dirigidas a denigrar a colectivos vulnerables. La Justicia no la condenó por criticar la política migratoria, sino por reclamar «muerte al invasor» ante militantes de un grupo descrito como neonazi y caracterizado por comportamientos violentos. El tribunal consideró que sus palabras excedían «abiertamente la mera crítica política».

Ni 20.000 entradas ni una condena por opinar

Para presentarse como víctima de una supuesta censura judicial, Peralta asegura que fue condenada por decir que España estaba siendo invadida «cuando 20.000 inmigrantes entraron en Sebta». La cifra es falsa, durante la crisis de los días 17 y 18 de mayo de 2021 entraron alrededor de 8.000 personas, según las autoridades españolas. Pero la manipulación más grave no está en el número, sino en la manera en que resume su condena.

Peralta no fue condenada por criticar la gestión migratoria del Gobierno español, cuestionar el control fronterizo o denunciar la entrada irregular de personas. La sentencia recoge expresiones como «suplantación racial» y «muerte al invasor», y concluye que sus palabras alentaban una «lucha de signo violento» contra marroquíes y musulmanes.

Presentar todo ello como una simple opinión sobre inmigración equivale a borrar las palabras más graves de su discurso y conservar únicamente la frase que mejor le permite aparecer como una perseguida política. La Justicia no castigó una crítica a la política fronteriza, sino la incitación a la hostilidad contra un colectivo entero.

Su supuesto «contexto» consiste, por tanto, en reescribir los hechos: infla el número de entradas, elimina los llamamientos violentos y convierte una condena por delito de odio en una condena por atreverse a «decir la verdad». No está explicando la sentencia. Está ocultando aquello por lo que fue sentenciada.

«No soy islamófoba, solo tengo un problema con los marroquíes»

Peralta comienza negando cualquier islamofobia. «Yo no me considero en absoluto islamófoba. De hecho, no tengo ningún tipo de problema con las religiones», asegura. Pero la máscara cae en la frase siguiente: «El problema que tengo es con la gente que viene de Marruecos». Poco después lo repite sin rodeos: «El problema lo generan los marroquíes».

Estas palabras marcan un salto extremadamente grave. La dirigente neonazi ya no cuestiona una política migratoria ni señala a personas concretas que hayan cometido delitos. Acusa a los marroquíes en su conjunto, convirtiendo la nacionalidad en indicio de peligrosidad y a todo un pueblo en enemigo de España.

«Si esta invasión viniera de parte de daguestaníes, a lo mejor no me quejaba tanto, porque a lo mejor no causaban tantos problemas», añade. Peralta no ofrece ningún dato que sustente esa comparación. Simplemente imagina que otros extranjeros serían mejores y reserva para los marroquíes una presunción colectiva de criminalidad. Es racismo antimarroquí expresado sin disimulo.

Pero la declaración más intolerable llega cuando acusa a Marruecos de enviar a España «la ralea como herramienta política» y sostiene que «ni siquiera sus propios países los quieren». «Ralea» es el término que elige para referirse a marroquíes.

No es una provocación aislada ni un simple exceso verbal. Es la designación pública de un enemigo nacional. Núcleo Nacional ha colocado a Marruecos y a los marroquíes en el centro de su propaganda, y Peralta acaba de formularlo abiertamente, su problema no es una conducta, una política o una situación administrativa. Su problema es «la gente que viene de Marruecos».

Ese discurso expone directamente a cientos de miles de marroquíes residentes en España a la sospecha, la hostilidad y la violencia. Y que una dirigente neonazi pueda pronunciarlo con semejante naturalidad demuestra hasta qué punto el odio antimarroquí está dejando de esconderse en los márgenes para reclamar un lugar en el debate público español.

Dos estadísticas y tres manipulaciones

Para vestir el prejuicio con apariencia científica, Peralta lanza dos cifras. Asegura que los norteafricanos cometen el «78% de las violaciones en París» y «más del 80% de los robos y atracos callejeros en Barcelona».

La primera cifra procede de una información sobre 2023 que contabilizaba 36 personas detenidas por violaciones esclarecidas cometidas en la vía pública parisina. Veintiocho eran extranjeras, es decir, aproximadamente el 77%. Pero el dato no decía que fueran norteafricanas, no abarcaba todas las violaciones de París y tampoco representaba a todos los autores: se limitaba a un pequeño grupo de detenidos en casos esclarecidos y ocurridos en la calle.

Cuando se examinan datos mucho más amplios, la imagen cambia radicalmente. En 2022, entre más de 55.000 delitos sexuales esclarecidos en Francia, el 13% de las personas señaladas eran extranjeras. Además, alrededor del 90% de las violaciones son cometidas por personas conocidas por la víctima, no por desconocidos en la vía pública. El porcentaje del 77% ya fue desmontado por su escasa representatividad y por el uso engañoso que hizo de él la extrema derecha francesa.

Con Barcelona realiza una maniobra parecida. Un informe policial correspondiente a 2024 señalaba que el 83,5% de los detenidos por robos con violencia eran extranjeros. No decía que fueran todos norteafricanos y mucho menos marroquíes. Tampoco es lo mismo hablar de detenciones que de delitos cometidos: una persona multirreincidente puede acumular numerosas detenciones. Los datos difundidos por los Mossos se referían expresamente al conjunto de extranjeros.

Peralta parte así de una cifra sobre extranjeros, la convierte en una cifra sobre norteafricanos y termina utilizándola para acusar a todos los marroquíes. El dato emprende más viajes que las personas a las que pretende estigmatizar.

Marruecos, enemigo declarado

Lo verdaderamente grave del vídeo no son únicamente sus falsedades, sino la identidad colectiva que trata de fabricar. El discurso de Núcleo Nacional ya no apunta solamente contra la inmigración irregular. Señala a Marruecos y al marroquí en general como enemigos.

Peralta afirma que Marruecos envía «la ralea» a España como «herramienta política» y que ni siquiera el Reino quiere a sus propios ciudadanos. Desaparece cualquier distinción entre delincuentes y ciudadanos respetuosos con la ley, entre inmigrantes regulares e irregulares, entre menores, trabajadores, estudiantes o familias. Todos son comprimidos en una misma categoría racializada y culpable.

Esta generalización es precisamente lo que convierte sus palabras en algo más peligroso que una provocación individual. Núcleo Nacional ha encontrado en la reciente crisis de Sebta una oportunidad para consolidar un enemigo reconocible y cercano. Al presentarse en la ciudad, desplegar mensajes contra los marroquíes y regresar después ante la Embajada, el grupo construye una campaña política con un objetivo concreto: transformar cualquier problema migratorio o de seguridad en hostilidad contra Marruecos.

El final del vídeo elimina cualquier posible ambigüedad. «Id preparando la siguiente sentencia, id preparando la prisión permanente revisable», desafía Peralta. «No vamos a cambiar ni el discurso ni las maneras».

No es una disculpa ni una contextualización. Es una declaración de reincidencia. Y también una advertencia sobre la rapidez con la que expresiones que hace pocos años habrían provocado un rechazo inmediato —saludos nazis, culpabilización étnica, amenazas contra comunidades enteras— empiezan a circular en España como si fueran una opinión política más.

El peligro no reside únicamente en que una dirigente neonazi diga estas cosas. Reside en que cada vez encuentre más escenarios donde decirlas, más altavoces dispuestos a difundirlas y menos sorpresa social cuando el brazo vuelve a levantarse.

Por Faiza Rhoul
El 05/08/2026 a las 11h48