El Gobierno de Bolivia estudia abrir una embajada en Marruecos en el marco de un rediseño de su política exterior orientado a reforzar su presencia en nuevas regiones del mundo. La iniciativa, que también contempla representaciones en Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar, marca un cambio de enfoque en la estrategia diplomática de La Paz.
Según explicó el ministro de Asuntos Exteriores boliviano, Fernando Aramayo, el proyecto está condicionado a la disponibilidad presupuestaria, ya que el coste de mantenimiento de una embajada puede situarse entre 35.000 y 40.000 dólares mensuales. «Nos interesa establecer relaciones con esas latitudes del mundo», afirmó, subrayando la voluntad de diversificar alianzas en un contexto internacional cada vez más multipolar.
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Más allá de su dimensión administrativa, el posible establecimiento de una embajada en Rabat se inscribe en una secuencia diplomática reciente de mayor calado. En febrero de 2026, Bolivia anunció la suspensión de su reconocimiento de la llamada «RASD», una decisión adoptada tras una revisión de su política exterior y en línea con el proceso político impulsado por Naciones Unidas.
Este giro abrió un nuevo capítulo en las relaciones entre ambos países. Bolivia decidió además restablecer sus vínculos diplomáticos con Marruecos y expresó su intención de avanzar hacia la apertura de misiones diplomáticas residentes en ambas capitales, un paso que ahora empieza a tomar forma con este proyecto.
