Existe un Marruecos que se conoce poco.
El de los estudiantes de secundaria que ganan medallas internacionales en matemáticas, física o informática. El de los alumnos procedentes de clases preparatorias marroquíes que acceden en número significativo a la École Polytechnique. El de físicos que participan en experimentos del CERN, de un ingeniero marroquí que dirige un laboratorio cuántico de la NASA en el espacio, de investigadores que trabajan en baterías de ion-litio, resistencia a los antibióticos, terapia génica, neutrinos, inteligencia artificial, formación de planetas o materiales avanzados.
Tomada por separado, cada una de estas trayectorias podría considerarse un éxito individual. Puestas unas junto a otras, muestran algo distinto: una reserva científica marroquí real, diversificada y ya intergeneracional.
No se trata de afirmar que Marruecos sea ya una gran potencia científica. Los presupuestos de investigación, el entorno universitario, la transferencia tecnológica, el número de patentes valorizadas y la capacidad de retener investigadores siguen siendo retos considerables. Pero sería igualmente erróneo fijarse únicamente en esas debilidades e ignorar lo que está emergiendo.
Una generación que empieza en las Olimpiadas
El fenómeno se observa desde muy temprano.
En agosto de 2026, Marruecos se clasificó segundo de África en la 33ª Olimpiada Panafricana de Matemáticas, organizada con 159 participantes de 26 países. Los estudiantes marroquíes obtuvieron nueve medallas: tres de oro y seis de plata. En la competición femenina PAMO Girls, las marroquíes añadieron una medalla de oro y dos de plata.
Este resultado se inscribe en una historia más larga. Marruecos participa en la International Mathematical Olympiad desde los años ochenta y ha acumulado a lo largo de las ediciones decenas de medallas y menciones honoríficas. Varios jóvenes marroquíes también se han distinguido recientemente en las Olimpiadas francófonas.
El país empieza, sobre todo, a estructurar la detección de estos talentos. El Moroccan Tournament of Young Mathematicians, o MTYM, reúne ya a más de mil jóvenes en varias ciudades. Su interés va mucho más allá del concurso escolar tradicional: los participantes trabajan durante meses sobre problemas abiertos, elaboran soluciones y deben defenderlas ante otros equipos y jurados.
Se pasa así de la simple búsqueda del “buen alumno” a una iniciación a la lógica de la investigación científica.
La física ofrece otro ejemplo. En julio de 2026, durante la 56ª International Physics Olympiad celebrada en Colombia, con más de 400 participantes de más de 90 países, Saïd Talhamrit, del Lycée Mohammed VI d’Excellence de Rehamna, ganó la medalla de plata. Hafsa Boukhjou, de Tamesna, obtuvo una mención honorífica.
En informática, la progresión también resulta notable. Zakaria Abisourour logró en 2026 la primera medalla de plata de Marruecos en la International Olympiad in Informatics, después de haber obtenido una mención honorífica el año anterior.
La química y la robótica también empiezan a producir resultados. En 2025, Yasmine Kadmiri Idrissi y Yassine Bekkaoui, estudiantes en Rabat, ganaron el primer premio del concurso francés “Parlons Chimie” con un proyecto que combinaba química analítica, lucha contra el dopaje equino y Tbourida. Marruecos desarrolla al mismo tiempo equipos en los circuitos FIRST Tech Challenge y World Robot Olympiad.
Conviene, sin embargo, preservar la precisión que da valor a estos logros: “Parlons Chimie” no es la International Chemistry Olympiad y un Inspire Award de robótica no equivale a un título mundial. La excelencia no necesita exageraciones para resultar impresionante.
El fenómeno Polytechnique
El mejor indicador de esta nueva cantera quizá se encuentre fuera de Marruecos: en los concursos de las grandes écoles francesas.
Los resultados de admisión de 2025 de la École Polytechnique muestran un peso extraordinario de los candidatos formados en clases preparatorias marroquíes. El Lycée d’Excellence de Benguérir, LYDEX, se ha convertido en uno de los símbolos de esta transformación, con decenas de estudiantes admisibles y un número significativo de alumnos finalmente admitidos en la X.
Más allá de un solo centro, el fenómeno demuestra que es posible crear en Marruecos entornos capaces de llevar a adolescentes hasta algunos de los procesos de selección académica más exigentes.
Este dato es fundamental. La cuestión principal ya no consiste únicamente en demostrar que Marruecos produce individuos brillantes. Hay que entender qué instituciones consiguen detectarlos, formarlos y hacerlos progresar, y después reproducir esos mecanismos a una escala mucho mayor.
Rachid Yazami: una contribución marroquí en el corazón de la revolución del ion-litio
Entre las grandes figuras científicas marroquíes contemporáneas, Rachid Yazami ocupa un lugar particular.
Nacido en Fez, realizó a comienzos de los años ochenta trabajos pioneros sobre la inserción reversible del litio en el grafito, abriendo el camino al uso del ánodo de grafito en las baterías recargables de ion-litio.
Esta tecnología se encuentra hoy en el centro de un universo que va desde los teléfonos móviles hasta los ordenadores y los vehículos eléctricos.
En 2014, Yazami recibió el Charles Stark Draper Prize, una de las mayores distinciones de la ingeniería, junto a John Goodenough, Yoshio Nishi y Akira Yoshino por las contribuciones fundamentales que hicieron posible el desarrollo de la batería de ion-litio.
No sería correcto afirmar que un solo hombre “inventó la batería de ion-litio”. Esta revolución fue el resultado de contribuciones complementarias. Pero sí es perfectamente legítimo señalar que un investigador marroquí pertenece al pequeño grupo de científicos asociados a los fundamentos tecnológicos de un objeto utilizado hoy por miles de millones de personas.
Rachid Guerraoui: informática teórica al máximo nivel
Otra trayectoria mayor es la de Rachid Guerraoui, nacido en Rabat y profesor en la École Polytechnique Fédérale de Lausanne.
Especialista en sistemas distribuidos, algoritmos concurrentes y, más recientemente, machine learning robusto, Guerraoui es Fellow de la Association for Computing Machinery, ha enseñado en el Collège de France y ha recibido, entre otras distinciones, el Dahl-Nygaard Prize en 2024 y el ACM Luiz André Barroso Award en 2025. La EPFL también cita entre sus reconocimientos el premio Jean-Claude Laprie del IEEE.
Su caso es importante por otro motivo: la excelencia científica marroquí no se limita a las ciencias experimentales o a la ingeniería. También está presente en algunos de los ámbitos más teóricos de la informática moderna.
Mohammed Abouzaid: las matemáticas de Stanford
El matemático Mohammed Abouzaid, hoy profesor en Stanford, trabaja sobre geometría y topología simplécticas, teoría de Floer y simetría espejo.
Tras su doctorado en la Universidad de Chicago, fue, entre otras cosas, Clay Research Fellow. Stanford recuerda que fue conferenciante invitado en el Congreso Internacional de Matemáticos de 2014 y ganador del New Horizons in Mathematics Prize en 2017.
A su lado, varios matemáticos establecidos en universidades marroquíes han recibido reconocimientos africanos e internacionales. Omar El-Fallah, de la Universidad Mohammed V, y Khalil Ezzinbi, de la Universidad Cadi Ayyad, recibieron por ejemplo el AMMSI–Phillip Griffiths Prize por sus trabajos en análisis, teoría de operadores, ecuaciones diferenciales, sistemas dinámicos y control.
Marruecos en el CERN: mucho más que un símbolo
La física fundamental es probablemente uno de los campos en los que la presencia marroquí está más infravalorada.
Rajaâ Cherkaoui El Moursli, de la Universidad Mohammed V, participó en el experimento ATLAS del CERN, especialmente en la simulación y construcción del calorímetro electromagnético. Sus equipos trabajaron sobre la física del quark top y del bosón de Higgs. En 2015 recibió el Premio L’Oréal-UNESCO For Women in Science para África y los Estados Árabes.
Yahya Tayalati, profesor de física en la Universidad Mohammed V, también cuenta con una trayectoria notable. Ha contribuido durante más de veinte años a ATLAS, participó en el desarrollo del Liquid Argon Presampler, trabajó sobre dispersión luz-luz y colaboró con los telescopios de neutrinos ANTARES y KM3NeT. Recibió el Mustafa Prize en 2021, un premio regional de la TWAS en 2022 y fue elegido Fellow de la TWAS en 2024.
A esta lista se suman Farida Fassi, también implicada en ATLAS; Samira Hassani, que pasó de la física del Higgs y de los muones a la física de neutrinos; y Mounia Laassiri, investigadora en Brookhaven que trabaja, entre otros proyectos, en la modernización del detector ATLAS.
Esta última fue seleccionada como laureada para los Estados Árabes del Premio Internacional UNESCO–Al Fozan 2025 para la promoción de jóvenes científicos en STEM. La UNESCO destaca tanto sus trabajos tecnológicos sobre el futuro detector interno de trazas de ATLAS como su compromiso con la formación científica en África.
La participación marroquí en el CERN no es, por tanto, una fotografía diplomática ni la historia de un único científico. Se ha convertido en una presencia institucional de varias décadas.
De Rabat al espacio: los marroquíes de la NASA
El espacio constituye otro ámbito espectacular.
Kamal Oudrhiri es actualmente Project Manager del Cold Atom Laboratory en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA. Su trayectoria incluye responsabilidades en varias grandes misiones: Mars Exploration Rovers, Cassini, GRAIL, Mars Science Laboratory, Juno y New Horizons.
El Cold Atom Laboratory, instalado a bordo de la Estación Espacial Internacional, permite estudiar la materia a temperaturas extremadamente próximas al cero absoluto y constituye el primer laboratorio cuántico de la NASA en el espacio.
En enero de 2026, Oudrhiri recibió la NASA Outstanding Public Leadership Medal por su liderazgo al frente del programa.
No está solo.
La marroquí Asmaa Boujibar trabajó en el Johnson Space Center de la NASA y se especializó en la formación y diferenciación de planetas, núcleos planetarios y meteoritos.
Niama Boukachaba, originaria de Marrakech, trabaja en NASA Goddard en teledetección, asimilación de datos satelitales, modelización del ciclo del carbono y los intercambios de gases de efecto invernadero, agua y energía entre la superficie y la atmósfera. La NASA menciona sus trabajos con los instrumentos CrIS, IASI y AIRS y con los modelos de asimilación GEOS.
Hasnaa Khalifi trabajó, por su parte, en el ecosistema SmallSats de NASA Goddard.
En Marruecos, ingenieros como Nabil Souhair trabajan en propulsión por plasma, motores químicos, toberas aerospike y plataformas espaciales, mientras que Imane El Khantouti desarrolla su actividad en microsatélites y subsistemas espaciales tras experiencias vinculadas a los ecosistemas del CNES y la ESA.
En aeronáutica y materiales, Mounia Malki, Khaoula Qaissi, El Hachmi Essadiqi y Kenza Bouchaâla trabajan respectivamente sobre aleaciones aeronáuticas, aerodinámica y aeroacústica, materiales avanzados y aleaciones aluminio-litio.
Medicina y ciencias de la vida: otra galaxia marroquí
Uno de los grandes nombres es Adnane Remmal, profesor de biología en la Universidad Sidi Mohamed Ben Abdellah de Fez.
Sus investigaciones se han centrado en la combinación entre antibióticos tradicionales y compuestos antimicrobianos derivados de plantas y aceites esenciales para mejorar su eficacia frente a determinadas bacterias multirresistentes. La Oficina Europea de Patentes le concedió el Premio del Público del European Inventor Award 2017; anteriormente había ganado el Innovation Prize for Africa.
Otra figura de gran peso es Moncef Slaoui, inmunólogo y especialista en vacunas, que dirigió las actividades mundiales de investigación y desarrollo de GSK antes de convertirse en principal asesor científico de la Operation Warp Speed en Estados Unidos.
En neurociencias, Mimoun Azzouz, profesor de la Universidad de Sheffield, trabaja sobre terapias génicas para enfermedades neurológicas y neurodegenerativas y dirige un centro dedicado a la innovación y producción en terapia génica.
En genética médica, Abdel Aziz Sefiani forma parte de los pioneros de la disciplina en Marruecos. En Fez, Karim Ouldim, Laila Bouguenouch, Brahim El Hejjioui, Abdelhamid Bouramtane y otros investigadores están construyendo progresivamente una experiencia en oncogenética, especialmente en torno a las mutaciones BRCA y los cánceres hereditarios de mama.
El profesor Mohammed Bouskraoui, antiguo decano de la Facultad de Medicina de Marrakech, fue elegido en 2026 miembro correspondiente extranjero de la Academia Nacional de Medicina de Francia.
Estas trayectorias permiten hablar no solo de médicos marroquíes reconocidos, sino de investigación biomédica marroquí en genética, farmacología, neurociencias, cáncer y medicina personalizada.
Mujeres marroquíes en el corazón de esta dinámica
La visibilidad de Rajaâ Cherkaoui no debe ocultar un conjunto mucho más amplio.
Lalla Btissam Drissi, profesora de la Universidad Mohammed V, trabaja sobre física cuántica, nanoestructuras, espintrónica, energía y materiales. Recibió el Georg Forster Research Award y fue elegida para la TWAS.
Hajar Mousannif, de la Universidad Cadi Ayyad, trabaja en inteligencia artificial, data science y sistemas inteligentes. Fue seleccionada, entre otros reconocimientos, para el Distinguished Humphrey Fellowship Program y distinguida en el mundo árabe por sus trabajos relacionados con la economía digital.
Mouna Fahr, especialista en biotecnología vegetal, estudia las respuestas de las plantas al estrés y la fitorremediación.
La espeleobióloga Soumia Moutaouakil explora, por su parte, la biodiversidad de las cuevas marroquíes y ha contribuido a identificar especies nuevas para la ciencia.
A ellas se suman Mounia Laassiri, Asmaa Boujibar, Niama Boukachaba, Hasnaa Khalifi, Hafsa Boukhjou y las jóvenes matemáticas premiadas en competiciones africanas.
Invenciones producidas en Marruecos
También es necesario salir de un relato centrado exclusivamente en la diáspora.
Las universidades marroquíes registran patentes y desarrollan prototipos en áreas directamente aplicables.
En la Universidad Mohammed V y en la École Mohammadia d’Ingénieurs, varios equipos han trabajado en:
* imagen por microondas aplicada a la detección de tumores mamarios;
* antenas 4G y 5G;
* comunicaciones por satélite;
* tecnologías de detección de fraude en exámenes;
* caracterización electromagnética;
* predicción del riesgo cardiovascular mediante machine learning;
* materiales relacionados con el almacenamiento de energía.
Proyectos de la Universidad Mohammed V han recibido varias distinciones en distintas ediciones de Innovation Week in Africa. Estos premios no deben situarse, evidentemente, al mismo nivel que el Draper Prize o un gran premio de la ACM, pero sí muestran una actividad real de invención y prototipado dentro de las universidades marroquíes.
La UM6P desarrolla paralelamente programas en nanomateriales, química verde, hidrógeno, fotónica, inteligencia artificial, agricultura de precisión, uso de datos satelitales y gestión del agua.
La ciencia marroquí empieza así a encontrarse con algunos de los problemas más estratégicos del propio país: agua, agricultura, energía, clima y soberanía tecnológica.
Los rankings también empiezan a contar una historia
Una acumulación de anécdotas individuales no basta para demostrar la aparición de un ecosistema. Por eso los indicadores nacionales son esenciales.
En el Global Innovation Index 2025 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, Marruecos alcanzó la 57ª posición mundial entre 139 economías, su mejor clasificación histórica en esta serie, después de haber ocupado el puesto 77 en 2021.
La OMPI destaca, entre otras cosas, su posición:
* 12ª mundial en fabricación de alta tecnología;
* 6ª en diseños industriales en relación con el PIB;
* 24ª en marcas;
* 26ª en intensidad de activos intangibles.
La organización considera además a Marruecos un país que rinde por encima de lo esperado en innovación en relación con su nivel de desarrollo, al tiempo que subraya que el siguiente desafío es reforzar la I+D, la inversión, las infraestructuras y las conexiones entre los distintos actores de la innovación.
El Nature Index ofrece otra indicación, basada en una metodología muy distinta. En la ventana mayo de 2025-abril de 2026, Marruecos aparece alrededor del puesto 54 mundial y tercero de África según el Share de publicaciones dentro del corpus seguido por el índice. Alcanza aproximadamente la posición 45 mundial en ciencias aplicadas y figura entre los primeros países africanos en ciencias naturales.
En los Research Leaders 2025, basados en el año 2024, Marruecos aparecía ya como tercer país africano en el conjunto de disciplinas analizadas, detrás de Sudáfrica y Egipto.
Y en el ranking africano de instituciones en ciencias aplicadas, UM6P aparecía décima y la Universidad Mohammed V undécima.
Conviene, sin embargo, mantener el rigor: Nature Index no mide toda la producción científica mundial. Se basa en un conjunto seleccionado de revistas. Es un indicador útil de investigación de alto nivel, no un ranking absoluto de la “ciencia de las naciones”.
La misma prudencia debe aplicarse a las listas Stanford/Elsevier de científicos más citados. Varios investigadores establecidos en instituciones marroquíes aparecen en estas bases internacionales, pero sería incorrecto transformar eso en un impreciso “Top 200 mundial” sin indicar el ranking, el año y la disciplina.
Una historia que no empieza hoy
Esta dinámica contemporánea también puede situarse en una perspectiva histórica.
El matemático y astrónomo Ibn al-Bannāʾ al-Marrākushī, nacido en Marrakech en el siglo XIII, dejó una obra importante en aritmética, álgebra, fracciones, cálculo de raíces, combinatoria y astronomía.
Sería artificial trazar una línea directa entre un sabio medieval y el ecosistema científico del siglo XXI. Pero su presencia recuerda algo esencial: la relación de Marruecos con las ciencias y las matemáticas tiene una historia mucho más antigua que sus instituciones universitarias modernas.
Del talento al poder: el verdadero desafío marroquí
Todos estos éxitos no deberían conducir a la autosatisfacción.
Al contrario, plantean una pregunta incómoda.
¿Cómo puede un país capaz de producir a Rachid Yazami, Rachid Guerraoui, Mohammed Abouzaid, Rajaâ Cherkaoui El Moursli, Kamal Oudrhiri, Yahya Tayalati, Adnane Remmal, Mimoun Azzouz y tantos otros conseguir que la excelencia no dependa tanto de la salida hacia Stanford, la EPFL, la NASA, el CERN o los grandes laboratorios extranjeros?
La diáspora no es un fracaso. Es un recurso extraordinario. La ciencia es internacional por naturaleza y los investigadores circulan. El problema aparece únicamente cuando esa circulación se convierte en un viaje de una sola dirección.
Marruecos debe, por tanto, dar un nuevo paso: transformar el éxito de los marroquíes en éxito del sistema científico marroquí.
Eso exige más financiación competitiva para la investigación, carreras científicas atractivas, laboratorios equipados al máximo nivel, una gobernanza universitaria que premie realmente el rendimiento, vínculos más sólidos entre universidades y empresas, capital riesgo para la deep-tech, una política ambiciosa de propiedad intelectual y, sobre todo, capacidad para transformar patentes en productos, empresas e industrias.
También es necesario crear mecanismos que permitan a los científicos marroquíes de todo el mundo contribuir al país sin verse obligados a elegir entre “volver” o “quedarse”. Cátedras conjuntas, laboratorios asociados, doctorados codirigidos, inversiones científicas de la diáspora, estancias sabáticas en Marruecos y programas de transferencia tecnológica pueden transformar la fuga de cerebros en circulación de cerebros.
Los jóvenes medallistas de las Olimpiadas constituyen, en este sentido, una prueba a escala real. Su trayectoria no debe terminar el día que entran en Polytechnique, Stanford o el MIT. Marruecos debe poder seguir a esa generación durante veinte años, acompañarla, financiar sus investigaciones y darle razones científicas —no solo afectivas— para mantener una relación productiva con el país.
Quizá ahí se encuentre la verdadera revolución que queda por realizar.
Marruecos no necesita inventar desde cero su capital científico: una parte ya existe.
Está presente en los estudiantes que ganan Olimpiadas, en las clases preparatorias de excelencia, en los laboratorios de Rabat, Marrakech, Fez, Oujda o Benguérir, pero también en el CERN, la NASA, Stanford, la EPFL, Brookhaven y muchas otras instituciones.
Existe en un ánodo de una batería de ion-litio. En un detector del CERN. En un laboratorio cuántico que orbita la Tierra. En investigaciones contra la resistencia a los antibióticos. En un algoritmo distribuido. En una terapia génica. En una antena, un satélite, un modelo climático o una ecuación.
El desafío de Marruecos ya no consiste únicamente en hacer emerger cerebros.
Consiste en construir alrededor de ellos las instituciones, las empresas, la financiación y las libertades científicas capaces de transformar una constelación de éxitos individuales en poder colectivo de conocimiento, innovación y soberanía tecnológica.
Ese es, quizá, el verdadero Marruecos científico que todavía queda por construir.
