Tras múltiples muestras de agitación, incoherencias políticas y vacilaciones, el frente Polisario ha optado ahora por el bloqueo diplomático. Según una fuente bien informada, Le360 ha sabido que la milicia separatista intenta paralizar el proceso de negociación sobre el Sáhara marroquí rechazando formalmente el marco establecido por la comunidad internacional: la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada en octubre de 2025, y el plan de autonomía bajo soberanía marroquí, que dicha resolución consagra ya como la única solución al conflicto.
Este bloqueo responde a una actitud desesperada y contradictoria. Tras la adopción de esta resolución fundamental, el Polisario manifestó inicialmente un rechazo frontal, para terminar aceptando, aunque a regañadientes, sentarse a la mesa de negociaciones bajo el liderazgo de Estados Unidos y los auspicios de las Naciones Unidas.
La sucesión de acontecimientos pone de manifiesto un llamativo cambio de postura. Entre el 19 y el 23 de enero de 2026, una delegación del Polisario viajó discretamente a Washington a bordo de un avión facilitado por la Presidencia argelina. Allí, los responsables estadounidenses mantuvieron una posición de absoluta firmeza, recordando que el plan de autonomía constituía la única base posible para las conversaciones.
A finales de enero de 2026 se abrió en Washington una primera ronda preparatoria de negociaciones directas, impulsada por la diplomacia estadounidense. Los días 8 y 9 de febrero de 2026, las conversaciones continuaron en la Embajada de Estados Unidos en Madrid. Bajo la supervisión del enviado personal del secretario general de la ONU, Staffan de Mistura, y de emisarios de la Casa Blanca, entre ellos Massad Boulos, asesor especial para África, Marruecos, Argelia, Mauritania y el Polisario, Marruecos, Argelia, Mauritania y la milicia separatista volvieron a sentarse frente a frente. En ese encuentro, el Reino presentó una versión actualizada y detallada de su iniciativa de autonomía. Los días 23 y 24 de febrero de 2026 se celebró una segunda ronda de alto nivel en Washington para consolidar el marco de negociación.
Después de someterse a ese calendario diplomático, el Polisario ha dado ahora un brusco paso atrás al negarse a debatir el objeto mismo de las conversaciones: la aplicación práctica del plan de autonomía.
El comportamiento del Polisario no puede desvincularse del recorrido seguido por su principal valedor, Argelia. Hoy, a través de sus medios afines y de comentaristas próximos al poder, Argel intenta reescribir la historia asegurando que «nunca rechazó» participar en las negociaciones. Sin embargo, ese relato revisionista choca frontalmente con los archivos diplomáticos oficiales del propio régimen.
El 30 de octubre de 2020, tras la adopción de la resolución 2548, Argelia publicó un comunicado en el que trataba de relegarse al papel de simple «observador oficial», rechazando ser considerada parte implicada en el proceso. Un año después, en 2021, una declaración oficial difundida por la agencia estatal APS notificó a las Naciones Unidas el rechazo «irreversible» de Argelia al formato de las mesas redondas.
La capitulación ante Washington
Pese a esa retórica, el régimen argelino terminó cediendo ante la correlación de fuerzas impuesta por Washington. El 27 de enero de 2026, Massad Boulos aterrizó en Argel, donde se reunió directamente con el ministro Ahmed Attaf y con el presidente Abdelmadjid Tebboune. Detrás del tono diplomático de los comunicados oficiales, el enviado estadounidense trasladó un mensaje inequívoco: Argelia debía reincorporarse al proceso multilateral.
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Obligada por las circunstancias, Argelia acabó enviando a Ahmed Attaf a la reunión celebrada en Madrid los días 8 y 9 de febrero de 2026, intentando sin éxito minimizar su alcance ante la opinión pública argelina al presentar el viaje como un simple desplazamiento bilateral.
Esta capitulación diplomática ante Washington se suma a la serie de reveses sufridos por Argelia frente a las potencias europeas. Tras haber lanzado una campaña de extrema virulencia contra España por su apoyo al plan de autonomía en marzo de 2022 y contra Francia, Argel acabó retrocediendo en todos los frentes. Obligada a entrar por la puerta, ¿pretende ahora salir por la ventana activando a su proxy?
Mientras la referencia del proceso —la resolución 2797— y su objeto —el plan de autonomía— han quedado claramente asumidos por la comunidad internacional, el Polisario adopta una actitud de rechazo infantil. Según nuestra fuente, este comportamiento irracional responde a dos lógicas de supervivencia y manipulación.
La primera es el miedo a su propia desaparición. La culminación de la iniciativa marroquí de autonomía supondría la sentencia de muerte política del frente Polisario. Para la nomenclatura instalada en Tinduf, aceptar negociar las modalidades de aplicación del plan marroquí equivaldría a firmar su propia disolución. Ante la pérdida irreversible de la legitimidad que dice representar, la dirección separatista ve cómo el suelo se desmorona bajo sus pies. Sería el final anunciado de sus privilegios financieros, de sus rentas de situación y de su propia existencia institucional.
La segunda lógica responde a las consignas y al sabotaje dirigidos desde Argel. Incapaz de asumir abiertamente un enfrentamiento directo con la Administración estadounidense, el régimen argelino instrumentaliza a su milicia, añade nuestro interlocutor. El objetivo de Argel es ganar tiempo con la esperanza, cada vez más ilusoria, de que el contexto internacional cambie con motivo de la próxima resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras trata de sabotear discretamente el proceso impulsado por Estados Unidos y las Naciones Unidas.
Se trata de un doble juego cínico que permite al padrino argelino asegurar ante los diplomáticos extranjeros que «no tiene nada que ver» y atribuir toda la responsabilidad al Polisario, que «se rebela».
Mientras tanto, el cerco se estrecha
Al optar por la rigidez y el sabotaje, el Polisario está cometiendo un grave error estratégico. Lejos de frenar la dinámica internacional, este rechazo constituye una prueba más, si aún hiciera falta, de su absoluta mala fe y acelera de forma irreversible su criminalización en la escena internacional. Mientras la milicia se agita en Tinduf, en Washington avanza una ofensiva legislativa sin precedentes en el Congreso estadounidense.
Impulsadas por el representante republicano Joe Wilson en la Cámara de Representantes y respaldadas en el Senado mediante el proyecto S.4063 promovido por Ted Cruz, dos iniciativas legislativas pretenden incluir formalmente al Polisario en la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO).
La dinámica sigue acelerándose. El 9 de julio de 2026, la Cámara de Representantes registró el apoyo decisivo de dos destacadas figuras del Partido Republicano: Scott DesJarlais, uno de los principales referentes del ala conservadora, y Matt Van Epps, antiguo comandante de operaciones especiales y graduado de West Point. Con estas incorporaciones, el grupo de copatrocinadores de la iniciativa asciende ya a 16 legisladores.
Otra prueba de que las grandes potencias ya anticipan la desaparición del Polisario del tablero político es que Estados Unidos y la comunidad internacional preparan activamente el escenario posterior al Polisario.
Si el Polisario Front Terrorist Designation Act es finalmente aprobado, el movimiento separatista quedará legalmente excluido de cualquier mesa de negociación y será objeto de importantes sanciones financieras. Para cubrir ese vacío y poner fin definitivamente al monopolio representativo que la milicia de Tinduf se atribuye, Washington ha comenzado a dar visibilidad a alternativas consideradas más creíbles y pragmáticas, entre ellas el Movimiento Saharaui por la Paz (MSP).
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En este contexto, resulta especialmente significativa la reunión celebrada el martes 30 de junio en la sede de la misión estadounidense ante las Naciones Unidas entre el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, y una delegación del MSP.
Al optar por la obstrucción frente a la resolución 2797, el Polisario no hace sino acelerar su propia decadencia. Encerrado en los esquemas obsoletos de la Guerra Fría y sometido a los cálculos de un régimen argelino que también se ha visto obligado a hacer concesiones, el frente separatista ha terminado cayendo en su propia trampa.
La diplomacia internacional avanza ya sin él, dejando a la milicia de Tinduf cada vez más aislada y expuesta a un creciente proceso de criminalización.
