Los mensajes, difundidos en plena tensión migratoria en Sebta, constituyen un discurso de odio e incitación a la violencia contra Marruecos. Sus publicaciones contienen un claro matiz bélico y terrorista al plantear el bombardeo de la capital marroquí y el uso de la fuerza letal contra migrantes, recurriendo a una retórica de guerra que incita abiertamente a la violencia contra un Estado y contra personas civiles.
Entre las publicaciones más controvertidas, Aizpún escribió que había que «bombardear Rabat si es necesario». Unas afirmaciones que, lejos de limitarse a una crítica política, plantean el uso de la violencia como respuesta a una crisis migratoria y sitúan a toda una población en el punto de mira.

En un comunicado publicado en su página web, el Arzobispado de Pamplona y Tudela se desmarcó públicamente de las palabras del sacerdote, subrayando que se trataba de opiniones estrictamente personales y que en ningún caso representan la posición de la Iglesia.
Por su parte, el Ayuntamiento de Huarte ha reclamado el cese inmediato de Javier Aizpún por la gravedad de sus declaraciones, pero el Arzobispado de Pamplona y Tudela no ha tomado ninguna medida contra el sacerdote. La Iglesia se ha limitado a desvincularse de sus declaraciones, calificándolas de opiniones personales. Así lo informa el canal español LaSexta.
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Tras la polémica, Aizpún eliminó su cuenta en X y pidió disculpas al arzobispo. Sin embargo, las disculpas no han evitado una oleada de condenas. Diversos sectores sociales y políticos han denunciado que las palabras del sacerdote sobrepasan ampliamente los límites del debate público al normalizar la violencia contra civiles y alimentar la hostilidad hacia Marruecos y los marroquíes.
El vicepresidente y portavoz del Gobierno de Navarra, Javier Remírez, calificó las declaraciones de Aizpún de «inadmisibles», afirmando que se trataba de un mensaje «por completo alejado no solo de la ley y los derechos humanos, sino también del propio Evangelio». El dirigente socialista añadió que Aizpún parece ignorar la posición de León XIV contra las guerras y en defensa de los derechos humanos.
Como si las llamadas a «bombardear Rabat» no fueran suficientes, Javier Aizpún fue un paso más allá al rezar en la red social X por una supuesta «reconquista de Marruecos». El uso de este término no es inocente: recupera un imaginario de confrontación y dominación sobre el Reino y convierte las redes sociales en un altavoz para un discurso de odio que va mucho más allá de la crítica política.
En uno de los mensajes más controvertidos, publicado tras lo ocurrido en Sebta, Javier Aizpún escribió: «Nuestra Señora de África, patrona de Ceuta, impulse la reconquista de Marruecos y su conversión al cristianismo. Lo que la reina Isabel la Católica dejó sin hacer, lo sepamos terminar».
Lejos de tratarse de una ocurrencia aislada, el mensaje evidencia una obsesión recurrente del sacerdote por resucitar una narrativa de conquista y colonización de Marruecos. Sus referencias a una supuesta “reconquista” y a la conversión del Reino al cristianismo recuperan un imaginario colonial que cuestiona la soberanía marroquí y convierte el discurso religioso en un vehículo para legitimar la hostilidad hacia todo un país.
Lejos de quedar aisladas, las declaraciones de Javier Aizpún encontraron respaldo en otro miembro de la Iglesia española. Juan Manuel Góngora, sacerdote de la diócesis de Almería, defendió públicamente al párroco navarro en la red social X al afirmar que «el padre Javier Aizpún tiene razón», asegurando que sus mensajes reflejan «la realidad de Estados y gobiernos».
Las declaraciones adquieren una gravedad especial por proceder de un representante religioso, cuya misión debería estar inspirada en valores como la paz, el respeto y la convivencia.
Desde un punto de vista jurídico, cabe recordar que el Código Penal español castiga la incitación al odio y a la violencia (artículo 510), así como la provocación para la comisión de delitos (artículos 17 y 18), pudiendo concurrir además la agravante de discriminación prevista en el artículo 22.4 cuando los hechos se dirigen contra un colectivo por razón de su origen o nacionalidad.
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Las disculpas del sacerdote y la retirada de su cuenta en X no borran la gravedad de unos mensajes que llamaban a «bombardear Rabat» y «reconquistar Marruecos».
Si España aspira a mantener una posición firme contra el racismo, los discursos de odio y la incitación a la violencia, este caso representa una prueba de credibilidad para sus instituciones. La libertad de expresión protege las opiniones, pero no puede convertirse en un escudo para legitimar amenazas contra un Estado soberano ni para deshumanizar a todo un pueblo.
Corresponderá ahora a la Justicia española determinar si estos hechos constituyen un delito y actuar con la misma firmeza que se exigiría si las amenazas hubieran tenido como objetivo cualquier otra capital o cualquier otro país. Solo así podrá evitarse la percepción de que existen dobles raseros cuando el blanco del odio es Marruecos.
