Chile ha puesto fin a décadas de ambigüedad sobre el Sáhara. En una declaración conjunta firmada en Nueva York, el Gobierno de José Antonio Kast expresó por primera vez su apoyo inequívoco a la soberanía de Marruecos sobre la totalidad de su territorio, incluido el Sáhara, y consideró que la iniciativa de autonomía presentada por el Reino en 2007 constituye la solución política «justa, duradera y mutuamente aceptable» al diferendo.
El texto fue suscrito por el ministro chileno de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita, al margen de la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas. El encuentro coincidió con el 65º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países y sirvió también para firmar los términos de referencia que permitirán comenzar la negociación de un acuerdo de libre comercio.
La declaración va más allá de las fórmulas utilizadas hasta ahora por Santiago. Chile no se limita a valorar los «esfuerzos serios y creíbles» de Marruecos ni a respaldar una solución negociada bajo la dirección de Naciones Unidas. Reconoce expresamente la soberanía marroquí y anuncia que trasladará esta posición al terreno económico mediante la promoción de inversiones, comercio y proyectos de desarrollo productivo en el Sáhara marroquí.
«Chile apoya la soberanía del Reino de Marruecos sobre la totalidad de su territorio, incluida la región del Sáhara Occidental», señala el comunicado publicado por la Cancillería chilena. Santiago considera además que la autonomía es la solución política y hace suya la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que tomó la propuesta marroquí como base de las negociaciones.
Un paso que ningún Gobierno había dado
La importancia de la declaración no reside únicamente en el respaldo al plan de autonomía. El cambio verdaderamente histórico está en el reconocimiento explícito de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.
Hasta ahora, los distintos gobiernos chilenos habían evitado pronunciarse directamente sobre la soberanía. Su posición oficial se apoyaba en tres elementos. Santiago no reconocía a la autoproclamada «República Árabe Saharaui Democrática», defendía el papel central de Naciones Unidas y reclamaba una solución política negociada y aceptable para las partes.
Esa ambigüedad permitió durante años la coexistencia de dos corrientes. Por una parte, organizaciones y parlamentarios próximos al Frente Polisario reclamaban el reconocimiento de la entidad separatista. Por otra, sectores de prácticamente todo el espectro político chileno fueron aproximándose progresivamente a la iniciativa marroquí de autonomía.
La política exterior efectiva del Estado, sin embargo, nunca se tradujo en el reconocimiento de la entidad separatista. Un informe de la Biblioteca del Congreso Nacional publicado en 2019 confirmaba que Chile no había reconocido a la llamada RASD ni había establecido relaciones diplomáticas con ella.
La declaración de Nueva York despeja ahora esa ambigüedad. Chile ya no se limita a rechazar el reconocimiento de una entidad separatista sin territorio efectivo ni representación en Naciones Unidas. Sitúa formalmente el Sáhara dentro de la soberanía marroquí y presenta la autonomía como el marco político para cerrar definitivamente el diferendo.
Una relación diplomática iniciada en 1961
Chile y Marruecos establecieron relaciones diplomáticas el 6 de octubre de 1961. La primera Embajada residente de Chile en Marruecos fue inaugurada en 1977, aunque posteriormente permaneció cerrada durante seis años y no reabrió definitivamente hasta 1998. Marruecos había abierto su Embajada en Santiago en agosto de 1996.
Desde comienzos de la década de 1980, ambos países desarrollaron una cooperación cada vez más frecuente dentro de los organismos internacionales y multiplicaron las visitas políticas. Ese acercamiento condujo a la creación de una Comisión Mixta y a la firma de varios instrumentos bilaterales.
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Uno de los momentos decisivos fue la visita de Estado realizada por el rey Mohammed VI a Chile en diciembre de 2004. Fue la primera visita de un monarca árabe y musulmán al país sudamericano y consolidó una relación que hasta entonces había mantenido un perfil discreto.
El reforzamiento político continuó con la apertura de consulados honorarios chilenos en Tánger y Marrakech, que se sumaron al ya existente en Casablanca, y con la creación, en 2010, del Grupo Interparlamentario Chileno-Marroquí.
La decisión anunciada en 1999 que nunca se convirtió en reconocimiento
El episodio que durante años alimentó las reclamaciones de los partidarios del Frente Polisario ocurrió en noviembre de 1999, durante el Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Según documentos posteriormente citados en el Congreso chileno, el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Juan Gabriel Valdés, envió el 30 de noviembre una carta a un representante del movimiento separatista en la que comunicaba la decisión presidencial de reconocer a la autoproclamada república saharaui.
La decisión, sin embargo, nunca fue ejecutada. No hubo establecimiento de relaciones diplomáticas, intercambio de embajadores ni incorporación del supuesto reconocimiento a la práctica exterior chilena. Los gobiernos posteriores tampoco lo consideraron un acto diplomático consumado.
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Esta diferencia es esencial. En 1999 existió un anuncio que no llegó a materializarse, pero no un reconocimiento efectivo y consolidado por el Estado chileno. Dos décadas después, la propia Biblioteca del Congreso seguía afirmando oficialmente que Chile nunca había reconocido a la entidad separatista.
El episodio reapareció repetidamente en los debates parlamentarios. Sus defensores hablaban de una «palabra empeñada» que Chile debía cumplir. La Cancillería, en cambio, mantuvo la misma práctica diplomática y continuó tratando a Marruecos como el único Estado reconocido en el territorio.
Las presiones parlamentarias durante el primer mandato de Bachelet
Durante el primer Gobierno de Michelle Bachelet, varios diputados intentaron reactivar el reconocimiento que no se había concretado en 1999. En 2006, organizaciones favorables al Frente Polisario enviaron una carta a la presidenta. Un año después, un sector de la Cámara de Diputados volvió a reclamar el establecimiento de relaciones diplomáticas con la entidad separatista.
Pero en ese mismo periodo se produjo el primer gran respaldo institucional chileno a la propuesta marroquí. El 9 de mayo de 2007, apenas unas semanas después de que Marruecos presentara su iniciativa de autonomía ante Naciones Unidas, la Cámara de Diputados aprobó una resolución en apoyo a los esfuerzos contemplados por la Resolución 1754 del Consejo de Seguridad.
El texto fue aprobado por 60 votos a favor, uno en contra y dos abstenciones. La Cámara calificó la iniciativa como un «esfuerzo serio y creíble» capaz de contribuir a la resolución del diferendo, la estabilidad regional y el futuro de los países del Magreb.
El acuerdo resulta especialmente significativo porque fue adoptado durante un Gobierno de centroizquierda y con votos procedentes de distintas fuerzas políticas. El apoyo chileno a la iniciativa marroquí no nació, por tanto, con el actual Ejecutivo conservador de José Antonio Kast.
La posición parlamentaria tampoco fue completamente lineal. En julio de 2009, la Cámara aprobó otra resolución solicitando a Bachelet el reconocimiento de la entidad separatista. La petición no fue atendida por el Ejecutivo. En enero de 2010, el diputado socialista Sergio Aguiló volvió a preguntar públicamente por qué la Cancillería no había ejecutado las peticiones de la Cámara. Su intervención confirmó, indirectamente, que Chile seguía sin reconocer a la llamada RASD pese a las sucesivas iniciativas parlamentarias.
Piñera tampoco reconoció a la entidad separatista
La presión continuó después de la llegada de Sebastián Piñera a la Presidencia. El 2 de septiembre de 2010, la Cámara de Diputados aprobó la Resolución 134, presentada por una treintena de parlamentarios oficialistas y opositores, para reclamar nuevamente el reconocimiento de la entidad separatista y el establecimiento de relaciones diplomáticas.
La resolución recordaba las peticiones formuladas en 1999 y 2009. Sin embargo, tampoco produjo un cambio en la posición del Ejecutivo. El Gobierno de Piñera no reconoció a la llamada RASD y mantuvo las relaciones diplomáticas con Marruecos.
La distancia entre el Congreso y la Cancillería se convirtió así en una constante. Los acuerdos parlamentarios reflejaban las posiciones de quienes los promovían, pero no modificaban automáticamente la política exterior, cuya dirección corresponde constitucionalmente al presidente de la República.
Un nuevo respaldo a la autonomía bajo Bachelet
La iniciativa marroquí volvió a obtener un apoyo importante durante el segundo mandato de Michelle Bachelet. El 9 de enero de 2018, el Senado chileno aprobó por unanimidad y sin discusión un proyecto de acuerdo que solicitaba a la presidenta respaldar la Resolución 1754 del Consejo de Seguridad, relacionada con la propuesta de autonomía presentada por Marruecos en 2007. El acuerdo fue promovido por senadores de sensibilidades políticas muy diferentes, entre ellos Andrés Zaldívar, Carolina Goic, Adriana Muñoz, Guido Girardi, Alejandro Guillier, Ricardo Lagos Weber, Manuel José Ossandón, Jorge Pizarro y Patricio Walker.
Este segundo respaldo parlamentario demostró que la propuesta marroquí había dejado de ser una posición defendida únicamente por sectores conservadores. La autonomía comenzaba a aparecer como una solución realista para parlamentarios de la derecha, el centro y la izquierda chilena.
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Ese mismo año, ambos países firmaron en Rabat un memorando para crear un Comité Conjunto de Comercio e Inversiones. La entonces Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales explicó que el objetivo era diversificar los intercambios, impulsar las inversiones recíprocas e identificar áreas con potencial para futuras negociaciones comerciales. Chile ya había elaborado un estudio de prefactibilidad sobre un posible acuerdo comercial con Marruecos.
Boric mantuvo el no reconocimiento y acercó la posición chilena a Marruecos
La llegada de Gabriel Boric a La Moneda en marzo de 2022 generó nuevas expectativas entre los grupos favorables al Frente Polisario. Más de 200 políticos, académicos, sindicalistas y organizaciones enviaron una carta al nuevo presidente para pedirle el reconocimiento de la entidad separatista.
El Gobierno de Boric no atendió la petición. La respuesta trasladada por la Cancillería reafirmó que Chile no reconocía a la llamada RASD.
Lejos de interrumpir el acercamiento con Marruecos, el Ejecutivo de Boric lo profundizó. En octubre de 2022, la subsecretaria chilena de Relaciones Exteriores, Ximena Fuentes, viajó a Rabat para copresidir la sexta reunión del Mecanismo de Consultas Políticas. Las dos delegaciones acordaron relanzar la agenda bilateral en comercio, energías renovables, seguridad alimentaria, igualdad de género, cultura y cooperación Sur-Sur.
El paso político más claro llegó el 18 de diciembre de 2024, cuando el canciller Alberto van Klaveren se reunió en Rabat con Nasser Bourita.
La declaración conjunta emitida entonces situó expresamente la búsqueda de una solución «en el marco de la iniciativa presentada por Marruecos a Naciones Unidas en abril de 2007». Chile valoró además los «esfuerzos serios y creíbles» realizados por el Reino para alcanzar una solución política realista, viable y definitiva.
El Gobierno de Boric no llegó a reconocer formalmente la soberanía marroquí, pero abandonó la anterior equidistancia. La autonomía dejó de aparecer como una propuesta más y comenzó a ser presentada como el marco dentro del cual debía construirse la solución.
El Senado volvió a pronunciarse en 2025
El 21 de enero de 2025, el Senado dio un nuevo paso al aprobar un acuerdo de respaldo a la iniciativa marroquí para negociar un estatuto de autonomía. El texto calificó la propuesta como una solución «pacífica, definitiva y duradera» y solicitó al presidente Boric que mantuviera el apoyo de Chile a la Resolución 1754 del Consejo de Seguridad.
El acuerdo contó con 18 votos favorables. Aunque fue aprobado sin votos en contra entre los senadores presentes, no participaron los 50 miembros de la Cámara Alta. Esta precisión resulta necesaria porque algunas informaciones presentaron la decisión como un respaldo unánime de todo el Senado.
Lo más relevante fue nuevamente su transversalidad. El proyecto había sido suscrito por parlamentarios de distintas fuerzas, entre ellos Yasna Provoste, José Miguel Insulza, Ricardo Lagos Weber, Ximena Rincón, Francisco Chahuán, Felipe Kast, Manuel José Ossandón, Jaime Quintana y Paulina Núñez.
La Resolución 2797 aceleró la evolución chilena
La evolución de Santiago estuvo acompañada por una transformación más amplia dentro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
La Resolución 2797, adoptada el 31 de octubre de 2025, renovó el mandato de la Minurso hasta octubre de 2026 y pidió avanzar en negociaciones tomando como base la propuesta marroquí de autonomía. El texto consideró que una autonomía real bajo soberanía marroquí podía constituir la solución más viable y reafirmó la necesidad de alcanzar un acuerdo político definitivo y mutuamente aceptable.
La resolución obtuvo once votos favorables y tres abstenciones, las de China, Rusia y Pakistán. Argelia decidió no participar en la votación.
Chile no formaba parte del Consejo de Seguridad, pero el giro del órgano internacional proporcionó un nuevo marco diplomático. La posición adoptada ahora por Santiago se apoya directamente en esa resolución y en la creciente centralidad internacional de la autonomía.
Del respaldo político a una estrategia económica común
La declaración de Nueva York introduce una dimensión económica de gran alcance. Chile no solo anuncia que promoverá oportunidades de inversión, comercio y desarrollo productivo en el Sáhara marroquí. Vincula esta decisión con una relación bilateral que durante todo 2026 fue avanzando mediante visitas oficiales, negociaciones comerciales, acuerdos sanitarios, encuentros empresariales y proyectos de cooperación agrícola, científica y cultural.
El proceso comenzó a acelerarse en enero, cuando Omar Hejira, secretario de Estado marroquí encargado de Comercio Exterior, realizó la primera visita a Chile de un responsable comercial del Reino. En Santiago se reunió con la entonces subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Claudia Sanhueza. Ambos acordaron estructurar una cooperación económica de largo plazo, reactivar el Comité Conjunto de Comercio e Inversiones y comenzar el trabajo técnico para estudiar un acuerdo comercial.
Aquel comité había sido creado mediante un memorando firmado en Rabat en octubre de 2018 y se había reunido por primera vez en mayo de 2019. La visita de Hejira permitió recuperar un instrumento que llevaba varios años sin actividad y transformarlo en la plataforma institucional desde la que preparar la negociación actual.
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La declaración difundida después del encuentro de enero destacaba la complementariedad entre las dos economías y la necesidad de dotar a la relación de un marco estable para facilitar el comercio, las inversiones y los encadenamientos productivos. Marruecos fue identificado entonces por Chile como uno de los mercados africanos prioritarios dentro de su estrategia de diversificación.
El acercamiento no se limitó a las administraciones centrales. Durante 2026 se multiplicaron también los intercambios parlamentarios, universitarios y culturales. El 7 de julio, los grupos de amistad de las Cámaras de Representantes de Marruecos y de Diputados de Chile mantuvieron en Rabat una reunión centrada en la cooperación legislativa y económica.
En mayo, la Embajada de Chile participó en la Semana de la Lengua Española en Marruecos con un homenaje al escritor Jorge Edwards. En junio, la Universidad de Chile presentó en Rabat la obra Chile-Marruecos, desafíos conjuntos y espacios de cooperación, elaborada junto con la Embajada marroquí en Santiago y el Centro Cultural Mohammed VI para el Diálogo de las Civilizaciones. La publicación abordó la ampliación de los vínculos hacia la energía, la agroindustria, el desarrollo sostenible y la cooperación académica.
Estos intercambios se inscriben en una arquitectura más antigua que incluye el Acuerdo Marco Cultural, la cooperación entre las academias diplomáticas y la acción del Centro Cultural Mohammed VI de Coquimbo. También prolongan el impulso dado por la primera edición del Congreso Futuro organizada fuera de América Latina, celebrada en Marruecos en diciembre de 2024 con investigadores, parlamentarios y académicos de ambos países.
El primer paso hacia el acuerdo comercial
La negociación económica entró en una nueva etapa en junio de 2026. La subsecretaria chilena de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez, viajó a Marruecos y se reunió en Rabat con Omar Hejira. Al término del encuentro, ambos firmaron una declaración conjunta que expresó formalmente la voluntad de avanzar hacia un acuerdo comercial.
La operación tenía un doble alcance. Para Chile, sería su primer acuerdo de este tipo con un país africano. Para Marruecos, supondría el primero con una economía latinoamericana.
Estévez presentó entonces al Reino como una economía emergente, abierta a las inversiones y complementaria con la estructura exportadora chilena. Pero insistió especialmente en su posición geográfica. Chile no contempla a Marruecos únicamente como un mercado de cerca de 40 millones de habitantes, sino como una plataforma para acceder al resto de África, el único continente con el que Santiago todavía no disponía de acuerdos comerciales.
La visita estuvo acompañada por la primera rueda de negocios organizada por ProChile en el norte de África. El encuentro reunió en Rabat a 16 empresas exportadoras chilenas de productos agroalimentarios, vinos y productos del mar con 30 compradores procedentes de 13 países de África, Europa y Oriente Medio.
Durante dos días se celebraron 188 reuniones comerciales. Las expectativas de negocio superaron los 16,2 millones de dólares. Entre los productos promocionados figuraron el salmón, la trucha, los mejillones, las cerezas, los arándanos, los kiwis, las manzanas, los alimentos congelados, la miel, el vino y el pisco.
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Seis empresas de la región chilena de Ñuble participaron en la misión. Varias de ellas recibieron muestras concretas de interés de importadores africanos y de Oriente Medio, algunos de los cuales manifestaron su disposición a viajar posteriormente a Chile para visitar instalaciones productivas.
ProChile utilizó abiertamente la posición de Marruecos como argumento para atraer a las compañías. La agencia destacó la red logística del Reino y, en particular, el puerto Tánger Med, conectado con más de 180 puertos y convertido en una de las principales plataformas marítimas de África y el Mediterráneo.
La rueda de Rabat demostró que la idea de Marruecos como puente entre Chile y África ya había pasado de los discursos a los contactos empresariales. No se trataba simplemente de exportar hacia el mercado marroquí, sino de emplear sus infraestructuras, su conectividad y sus acuerdos comerciales para alcanzar mercados mucho más amplios.
La agricultura como primer terreno de aplicación
El sector agroalimentario se convirtió rápidamente en el principal laboratorio de esa aproximación. El 7 de agosto, el Servicio Agrícola y Ganadero de Chile y la Oficina Nacional de Seguridad Sanitaria de los Productos Alimentarios de Marruecos firmaron en Santiago un protocolo sobre cuarentena, protección fitosanitaria y sanidad animal.
El acuerdo armoniza procedimientos, facilita los trámites entre las dos administraciones y crea un marco de cooperación técnica para abrir el mercado marroquí a nuevos productos vegetales, animales y derivados chilenos. Su importancia reside en que, sin autorización sanitaria, las ventajas arancelarias de un futuro acuerdo comercial tendrían un alcance limitado.
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La subsecretaria Paula Estévez presentó el protocolo como el resultado de varios años de trabajo. El director nacional del SAG, Domingo Rojas, destacó que permitiría fortalecer la confianza entre ambas instituciones y avanzar en la apertura efectiva de mercados.
Según estimaciones del International Trade Centre citadas por el Gobierno chileno, las exportaciones hacia Marruecos podrían aumentar en unos 48 millones de dólares hasta 2030 si ambos países mejoran las condiciones de acceso. Más del 40% de ese potencial correspondería a productos agrícolas.
Entre los productos con mayores posibilidades se encuentran las nueces, los kiwis, las manzanas, las paltas, las peras, las cerezas, las uvas, las pasas, las ciruelas deshidratadas, los frutos rojos congelados, las almendras, los duraznos, los nectarines y los higos.
El margen de crecimiento es considerable. Los agroalimentos chilenos representan todavía solo el 0,2% de las importaciones marroquíes del sector, aunque Marruecos adquirió en 2025 más de 11.000 millones de dólares en productos agrícolas y alimentarios procedentes del exterior.
Dakhla ya estaba en el horizonte económico
La firma del protocolo sanitario introdujo además un elemento que adquiere ahora una relevancia política particular. La embajadora de Marruecos en Chile, Kenza El Ghali, vinculó públicamente el acercamiento comercial con el futuro puerto Dakhla Atlántico.
La diplomática destacó la posible complementariedad entre el Corredor Bioceánico Vial sudamericano y la nueva infraestructura portuaria marroquí. Ambos proyectos podrían sustentar, a largo plazo, un corredor marítimo entre Chile y Marruecos que permitiera ampliar la llegada de carne, frutos secos y otros productos chilenos al Reino y redistribuirlos posteriormente hacia el resto de África.
Estas declaraciones no aparecieron únicamente en una comunicación diplomática marroquí. Fueron recogidas en la información oficial publicada por el Ministerio de Agricultura de Chile y por la Embajada chilena en Marruecos. Dos meses antes de que Santiago reconociera expresamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara, Dakhla ya figuraba en los planes bilaterales como una posible plataforma de conexión entre Sudamérica, África y el Atlántico.
Este antecedente da un contenido concreto al compromiso adoptado ahora en Nueva York. Cuando Chile anuncia que promoverá inversiones, comercio y desarrollo productivo en el Sáhara marroquí, no parte de una página en blanco. Ya había reconocido el valor estratégico de Dakhla Atlántico dentro de una futura ruta comercial con África.
De los contactos empresariales a la cooperación tecnológica
La relación agrícola siguió avanzando en septiembre. Entre los días 14 y 17, ProChile organizó una misión de prospección de proveedores del sector agro en Marruecos, con visitas a empresas, reuniones institucionales y encuentros directos con operadores locales.
El 14 de septiembre, la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Rabat-Salé-Kenitra recibió a una delegación de compañías chilenas. La jornada incluyó reuniones empresariales destinadas a identificar proyectos de comercio, inversión y cooperación tecnológica.
Dos días después, Tánger acogió la 43ª edición del Seminario Internacional de Frutos Rojos de Blueberries Consulting. La apertura contó con Jorge Esquivel, de Blueberries Consulting; Youssef Bensajjy, de la Oficina Regional de Desarrollo Agrícola del Loukkos; Mohamed Amouri, de Interproberries; el embajador de Chile en Marruecos y el representante comercial de ProChile.
El encuentro abordó la gestión del agua, las nuevas variedades, la genética, la nutrición vegetal, la tecnología agrícola y la apertura de mercados. Empresas chilenas pudieron presentar soluciones y establecer contactos con uno de los sectores exportadores más dinámicos de la agricultura marroquí.
La misión confirmó que la relación no se limita al intercambio de productos terminados. Chile y Marruecos exploran también la transferencia de conocimiento, las tecnologías agrícolas, el manejo hídrico, la biotecnología y los servicios especializados. Son sectores en los que ambos países enfrentan desafíos climáticos semejantes y pueden construir cadenas de valor compartidas.
Una negociación preparada durante todo el año
El 2 de septiembre, el subsecretario chileno de Relaciones Exteriores, Patricio Torres, recibió a la embajadora Kenza El Ghali para revisar los términos de referencia del futuro acuerdo y preparar nuevas reuniones de alto nivel. El encuentro confirmó que la negociación ya había pasado del interés político general a la redacción de su marco técnico.
Tres semanas después, Francisco Pérez Mackenna y Nasser Bourita firmaron esos términos de referencia en Nueva York. El anuncio fue, por tanto, la culminación de una secuencia precisa que comenzó con la visita de Omar Hejira a Santiago, continuó con la declaración comercial de junio, se tradujo en contactos empresariales y acuerdos sanitarios, incorporó a Dakhla en la reflexión logística y desembocó finalmente en el inicio formal del camino hacia un tratado.
El intercambio bilateral sigue siendo relativamente modesto, pero mantiene una trayectoria ascendente. Pasó de 10,4 millones de dólares en 2003 a 80,3 millones en 2025. Durante el último ejercicio, Chile exportó a Marruecos bienes por 16,6 millones de dólares e importó productos marroquíes por 63,7 millones. Un total de 62 empresas chilenas realizaron ventas al Reino y el 77% de los envíos correspondió a alimentos.
Las cifras actuales explican solo una parte del interés. Lo que Santiago busca no es simplemente aumentar las exportaciones a Marruecos, sino utilizar el Reino como socio industrial, plataforma logística y puerta de acceso a África. Marruecos, por su parte, encuentra en Chile una entrada hacia América Latina y Asia-Pacífico, así como un socio con experiencia en agricultura, minería, energías renovables, gestión hídrica y acuerdos comerciales.
La declaración de Nueva York reúne finalmente las dos dimensiones de este acercamiento. Chile reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara y, al mismo tiempo, se compromete a desarrollar allí relaciones económicas concretas. La política alcanza así a una realidad que el comercio ya había comenzado a dibujar. Dakhla no aparece únicamente como parte del territorio cuya soberanía reconoce Santiago, sino como una pieza de la futura conexión atlántica entre Marruecos, Chile y el mercado africano.
