Un informe conjunto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Global Green Growth Institute (GGGI) y el Banco Mundial ofrece un diagnóstico inédito de los riesgos climáticos en el continente africano. El estudio, titulado «New Data for Africa’s Changing Climate: Mapping Risks, Readiness and Policy Action», abarca 28 países, entre ellos Marruecos, que en conjunto representan cerca del 73% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) vinculadas a la energía en el continente.
El documento parte de un dato especialmente significativo. En 2024, la temperatura media del continente alcanzó un nivel 1,3 °C superior al registrado durante el periodo de referencia 1981-2010. Las olas de calor, las sequías agrícolas y las precipitaciones intensas ya están afectando a los medios de subsistencia, las infraestructuras y los sistemas alimentarios en distintas partes de África, y se prevé que estos fenómenos se intensifiquen si no se produce una reducción significativa de las emisiones mundiales.
El informe recuerda, además, que el continente africano solo representa el 4% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) relacionadas con la energía, lo que, según sus autores, abre una ventana estratégica para evitar modelos de desarrollo con una elevada intensidad de carbono.
En cuanto a la exposición al calor, el informe señala que cerca de la mitad de los países analizados sufren, de media, más de 300 días de fuerte estrés térmico al año durante el periodo 2020-2024. El indicador se calcula a partir del Índice Climático Térmico Universal (UTCI), que combina temperatura, humedad, viento y radiación solar. Nigeria, el país más poblado del continente, está expuesto a cerca de 350 días de estrés térmico al año, mientras que países del Sahel como Benín, Burkina Faso, Mali y Togo presentan una exposición cercana a todo el año.
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En esta clasificación, Marruecos figura entre los países que combinan un PIB por habitante más elevado con un número de días de estrés térmico claramente inferior al registrado en los países de África Occidental y del Sahel. Su posición se aproxima más a la de Kenia o Cabo Verde que a la de Nigeria o Burkina Faso.
Olas de calor: Marruecos, menos expuesto
El informe también proyecta la evolución del número de días adicionales de calor, aquellos en los que la temperatura máxima supera los 35 °C, de aquí a finales de siglo, comparando escenarios de emisiones muy bajas y muy elevadas. Según esta proyección, la mitad de los países analizados podrían registrar 73 días adicionales de calor o más al comparar el escenario más optimista con el más pesimista. Guinea-Bisáu, Burkina Faso, Mali y Guinea figuran entre los países más expuestos a este agravamiento.
Marruecos ocupa una posición intermedia-baja, entre Camerún y Sudáfrica, situándose así entre los países en los que el aumento proyectado del número de días adicionales de calor sería más moderado que en la mayoría de los países de África Occidental y del Sahel.
En lo que respecta a las sequías agrícolas, los autores del informe señalan que la mayoría de los países africanos incluidos en el estudio han experimentado en los últimos años condiciones más secas que las registradas durante el periodo de referencia. En este contexto, destaca especialmente el caso del Reino, ya que el informe señala expresamente que «Marruecos presenta la anomalía de humedad del suelo más severa entre todos los países africanos seleccionados». Esto significa que sus suelos presentan niveles de humedad considerablemente inferiores a los normales.
Esta anomalía se mide en las tierras agrícolas, comparando la humedad superficial del suelo durante el periodo 2020-2024 con la registrada durante el periodo climático de referencia 1981-2010.
En cuanto a las precipitaciones extremas, Marruecos también se desmarca de la tendencia dominante en el continente. El informe señala que la exposición a este tipo de precipitaciones debería aumentar en casi todos los países africanos analizados de aquí a mediados y finales de siglo, con la excepción de Cabo Verde. Precisa, en este sentido, que «países como Egipto, Sudáfrica y Marruecos deberían registrar aumentos relativamente moderados de las precipitaciones extremas», frente a Uganda, Etiopía y Sierra Leona, que experimentarían los mayores incrementos.
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Esta relativa moderación también se observa en las tierras agrícolas. El informe subraya que más del 50% de las superficies cultivadas están expuestas a precipitaciones extremas en la mayoría de los países africanos seleccionados, con la excepción de Marruecos, citado expresamente como el único país del grupo donde esta exposición sigue siendo marginal.
El perfil climático de Marruecos que se desprende de este informe es, por tanto, contrastado. El país afronta la anomalía de sequedad de los suelos más severa de la muestra analizada, pero, en sentido contrario, su exposición a las lluvias extremas y a sus efectos sobre las tierras cultivadas se mantiene entre las más bajas del continente.
Marruecos, referente de la acción climática
El informe dedica una parte importante de su análisis al seguimiento de las políticas de mitigación climática en África, a partir del Marco de Medición de las Acciones y Políticas Climáticas (CAPMF) de la OCDE, que evalúa en una escala de 0 a 10 la adopción y el rigor de las políticas climáticas. Según este indicador, la acción climática en África avanzó de manera continua después del Acuerdo de París, antes de ralentizarse a partir de 2021.
No obstante, el documento concluye que todos los países africanos, incluido Marruecos, todavía disponen de un amplio margen para reforzar sus políticas de mitigación, ya sea mediante la adopción de nuevas medidas o el fortalecimiento de las existentes, con el fin de evitar quedar atrapados en modelos de consumo y producción con una elevada intensidad de carbono.
Además, el informe insiste en que la capacidad de adaptación de los países africanos no depende únicamente de su nivel de desarrollo económico. «La capacidad de adaptación de los países africanos varía considerablemente, incluso entre aquellos con niveles de ingresos similares», señala, y añade que esta capacidad depende tanto de la solidez de las instituciones, el acceso a los datos climáticos, la gobernanza y la financiación como de las propias infraestructuras.
El documento también advierte de que las economías africanas con menores niveles de ingresos podrían soportar los mayores costes económicos derivados del cambio climático. Algunos países podrían sufrir pérdidas económicas vinculadas al clima superiores al 10% de su PIB de aquí a 2050 si no se adoptan medidas de adaptación eficaces.
Los autores del informe sostienen que unas medidas de adaptación bien diseñadas pueden reducir de forma significativa las pérdidas económicas asociadas al cambio climático, al tiempo que generan beneficios más amplios para la salud, la equidad y el desarrollo humano mediante inversiones en infraestructuras físicas, capital humano y gestión de los recursos naturales.
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En este sentido, el informe establece cuatro prioridades de actuación para la región. La primera consiste en reducir el déficit de datos sobre las políticas de adaptación y las medidas de resiliencia climática. La segunda pasa por priorizar enfoques pragmáticos y escalonados en la aplicación de las medidas de adaptación, en lugar de impulsar reformas demasiado ambiciosas para las capacidades administrativas reales. La tercera prioridad es movilizar y utilizar de manera más eficaz la financiación climática, mientras que la cuarta consiste en aprovechar la rápida urbanización del continente para evitar que las infraestructuras urbanas queden ancladas durante décadas en una trayectoria de elevada intensidad de carbono.
En conjunto, el informe «New Data for Africa’s Changing Climate: Mapping Risks, Readiness and Policy Action» sitúa a Marruecos en una posición singular dentro del panorama climático africano. El documento lo presenta como un país que afronta la anomalía de sequedad de los suelos más severa del grupo analizado, pero relativamente menos expuesto a la intensificación de las precipitaciones extremas que afecta a la mayor parte del continente. Asimismo, lo cita, junto a Egipto, como un referente de la acción climática en el norte de África, en un contexto en el que todos los países africanos, según los autores del informe, todavía deben corregir importantes déficits de datos para construir políticas de adaptación sólidas.
