En el Marché Solidaire del barrio Oasis, en Casablanca, Khadija recorre los pasillos acompañada de sus tres hijos. Las vacaciones están llegando a su fin y todavía queda una tarea antes de preparar el viaje de regreso: comprar todo aquello que la familia echará de menos durante los próximos meses.
En su lista hay especias, aceitunas, amlou y khlii. Productos habituales en cualquier cocina marroquí que, fuera del país, no siempre se encuentran con la misma calidad ni al mismo precio. El establecimiento, que reúne alimentos, cosméticos y artículos artesanales procedentes de cooperativas de distintas regiones de Marruecos, se convierte durante estas semanas en una de las últimas paradas antes del aeropuerto o de emprender el camino hacia los puertos del norte.
Los carros se llenan con bolsas de comino, pimentón, cúrcuma o ras el hanout, tarros de miel y aceite de argán, aceitunas preparadas de distintas formas y envases de amlou. No son exactamente recuerdos de vacaciones. Son provisiones para reconstruir, durante el resto del año, una pequeña parte de la vida cotidiana marroquí lejos del país.
Productos difíciles de encontrar y mucho más caros
Kenza reserva buena parte del espacio de su equipaje para los cosméticos. Aceites, cremas, jabones, mascarillas y productos tradicionales forman parte de una compra que realiza cada vez que vuelve a Marruecos.
«Me llevo todos los productos que no encuentro allí o que me costarían el doble», explica. La diferencia de precio es importante, pero también lo es la posibilidad de elegir entre marcas conocidas, pequeños productores y cosméticos elaborados por cooperativas marroquíes.
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El aceite de argán, el jabón negro, el ghassoul, el aceite de semillas de higo chumbo, la nila y los tratamientos para el cabello figuran entre los productos más buscados. Algunos ya se comercializan en las grandes ciudades europeas, pero suelen venderse a precios muy superiores y no siempre ofrecen la misma variedad.
Por eso, la última compra antes del regreso tiene algo de inventario. Se calcula cuánto durará cada bote, qué producto puede conservarse varios meses y cuánto peso queda disponible en la maleta. En los viajes en avión, el límite de equipaje obliga a escoger. Quienes regresan en coche tienen algo más de margen, aunque tampoco disponen de espacio ilimitado después de varias semanas de vacaciones en familia.
Regalos para alargar el vínculo
Mohamed vive y trabaja en Sevilla. Cuando regresa después de sus vacaciones, nunca lo hace con las manos vacías. Siempre lleva regalos para sus amigos y compañeros de trabajo, una costumbre que convierte una parte de la maleta en una pequeña presentación de Marruecos.
No se trata necesariamente de objetos costosos. Lo importante es el gesto y la posibilidad de compartir algo traído directamente del país. Los regalos prolongan el viaje durante unos días más y permiten que quienes forman parte de la vida cotidiana en España reciban también un pedazo de las vacaciones.
Es una costumbre muy extendida entre los marroquíes residentes en el extranjero. A la ida, los vehículos y las maletas llegan cargados con regalos para padres, hermanos, sobrinos y amigos. Al regreso, el movimiento se invierte. Marruecos ocupa el espacio disponible en forma de alimentos, artesanía, ropa tradicional, productos de belleza y pequeños detalles para los compañeros.
La lógica cambia también según la edad. Los adultos piensan en los productos de cocina y en aquello que resulta difícil encontrar fuera. Los más jóvenes suelen buscar ropa, perfumes o cosméticos. Las familias con niños añaden dulces, juguetes, libros o algún objeto que les permita mantener el vínculo con el país durante el curso escolar.
Las maletas de la fase de retorno
La Operación Marhaba 2026 comenzó el pasado 10 de junio y permanecerá activa hasta el 15 de septiembre. Tras los grandes flujos de llegada de junio y julio, el dispositivo entra ahora en la fase de retorno, con miles de familias dirigiéndose nuevamente hacia los puertos y aeropuertos.
Los veinte espacios de acogida habilitados en Marruecos y los seis instalados en los puertos europeos de Algeciras, Almería, Motril, Marsella, Sète y Génova continúan ofreciendo asistencia social, administrativa y sanitaria durante el regreso.
Pero antes de llegar a esos puntos de tránsito queda un último recorrido por supermercados, mercados, tiendas de barrio y cooperativas. Se compran los productos encargados por familiares y amigos, se revisa el peso de las maletas y se busca un hueco más para aquello que parecía imprescindible.
Las vacaciones terminan así con un ejercicio de selección. Un tarro más de amlou, otra bolsa de especias, unas aceitunas, un frasco de aceite o un regalo que todavía puede caber entre la ropa. Cada producto responde a una necesidad práctica, pero también a algo menos fácil de medir. Durante los meses siguientes, abrir uno de esos envases será una forma de regresar por unos instantes.
Lo que no siempre puede cruzar la frontera
No todo lo comprado en Marruecos puede introducirse legalmente en el país de destino. Las normas cambian en función del lugar de residencia y conviene consultarlas antes del viaje.
Quienes regresan a un país de la Unión Europea no pueden introducir carne, leche ni productos derivados procedentes de Marruecos, aunque sean para consumo personal. Esto afecta directamente al khlii, al tratarse de carne conservada. Las autoridades pueden decomisarlo y destruirlo durante los controles fronterizos.
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La Comisión Europea permite, en cambio, cantidades limitadas de determinados productos como miel, huevos o pescado, mientras que los alimentos vegetales pueden quedar sujetos a controles fitosanitarios. Los cosméticos, regalos y demás artículos para uso personal también deben mantenerse dentro de los límites de valor establecidos para los viajeros.
Son restricciones que no siempre se conocen cuando se llenan las maletas. Para Khadija, Kenza, Mohamed y tantas otras familias, sin embargo, el principio continúa siendo el mismo: regresar con todo aquello que permita conservar un poco de Marruecos hasta las próximas vacaciones.
