Mientras Marruecos celebra Eid Al-Mawlid Annabaoui, la ciudad de Salé acogió este lunes, entre el fervor y bajo un calor sofocante, la tradicional procesión de los cirios ante un numeroso público congregado desde las primeras horas de la tarde.
Los habitantes de Salé acudieron a la cita para presenciar este acontecimiento único en Marruecos, organizado cada año con motivo de Eid Al-Mawlid Annabaoui. Se trata, además, del único festival a la vez cultural y religioso que celebra esta ciudad de historia milenaria.
Esta manifestación patrimonial recuerda la riqueza histórica y espiritual de Salé, a pesar de que el ayuntamiento se ha mostrado hasta ahora poco activo en el desarrollo cultural de la ciudad, cuya historia y patrimonio ofrecen, sin embargo, un potencial considerable.
Tras la oración de Al-Asr, un cortejo de grandes cirios de cera coloreada y ricamente decorados atraviesa las calles de la antigua medina de Salé. El desfile parte de las casas de los artesanos o de la zaouïa hasta llegar al mausoleo de Sidi Abdellah Benhassoun.
La procesión avanza al ritmo de los tambores y del nafir, trompeta tradicional, acompañada de cantos religiosos, en particular el madih y el samaâ. En las callejuelas de la medina, residentes, familias y visitantes siguen el paso de los cirios, símbolo de una tradición profundamente arraigada en la memoria de la ciudad.
Esta tradición se remonta al reinado del sultán saadí Ahmed El Mansour Addahbi, a finales del siglo XVI. El soberano se habría inspirado en celebraciones observadas en Turquía antes de introducir esta práctica en Marruecos.
Entre el fervor religioso, la memoria artesanal y el apego popular, el desfile de los cirios sigue siendo una de las señas de identidad más fuertes de Salé. A pesar del calor tórrido, el público no faltó a la cita, demostrando que ciertas tradiciones resisten al paso del tiempo mejor que muchos programas culturales municipales.
