En el imaginario colectivo, Europa sigue siendo El Dorado. Bastaría con cruzar la frontera para encontrar la felicidad. Sin embargo, los testimonios de los jóvenes después de intentar cruzarla resultan reveladores: «No encontramos nada en Sebta. Solo desolación».
Marruecos es un país de emigración. Desde la época del Protectorado y, sobre todo, a partir de la década de 1960, miles de marroquíes se marcharon a trabajar al extranjero. Cuando regresaban al país en coche, con los maleteros repletos de regalos, encarnaban la modernidad. Su éxito, alcanzado a costa de enormes sacrificios y numerosas privaciones, simbolizaba la posibilidad de ascender socialmente.
Ese mito perdura. Algunos jóvenes que viven con dificultades en Europa regresan de vacaciones a Marruecos exhibiendo un éxito que no siempre se corresponde con su realidad. De ese modo, mantienen vivo el espejismo de la emigración.
Sin embargo, Europa ha cambiado. Las políticas migratorias se han endurecido, el coste de la vida ha aumentado y las posibilidades de ascenso social se han reducido.
Junto con el doctor Chakib Guessous, realizamos un estudio en la región de Nador sobre los menores que habían intentado llegar a Melilia. Para muchos de ellos, emigrar constituía el único proyecto de vida. Algunos padres, no necesariamente pobres, llegaban incluso a dejar a sus hijos cerca de los centros de acogida para menores de Melilia. Allí quedaban bajo tutela, con la esperanza de poder instalarse posteriormente y de forma permanente en España.
Cuando el sueño de emigrar se convierte en el único horizonte, impide que los jóvenes inviertan en su futuro en Marruecos. Muchos continúan sus estudios mientras esperan una oportunidad para marcharse. Otros incluso renuncian a cualquier formación, movidos por esa misma espera.
Marruecos cuenta con cerca de tres millones de ninis, jóvenes de entre 15 y 29 años que ni trabajan, ni estudian, ni reciben formación. Un amplio estudio nacional permitiría identificar sus necesidades y diseñar respuestas adecuadas.
Y, sin embargo, la demanda de personal cualificado es enorme: construcción, mantenimiento, artesanía, tecnología digital, servicios técnicos, agricultura o sector paramédico. Los programas de formación profesional deberían ofrecerles una verdadera segunda oportunidad.
Marruecos ha multiplicado las iniciativas destinadas a fomentar el emprendimiento juvenil, desde Moukawalati hasta Forsa. Pero la financiación, por sí sola, no basta. Lo que más falta hace es un acompañamiento a largo plazo: mentoría, asesoramiento en gestión, búsqueda de clientes y seguimiento contable y jurídico.
A muchos jóvenes emprendedores no les faltan ideas. Lo que necesitan, sobre todo, es una guía que los ayude a transformar sus proyectos en empresas sostenibles.
Naturalmente, esto no exime de combatir las desigualdades y las injusticias, mejorar las infraestructuras, crear más empleos y espacios de ocio, revalorizar los salarios y reforzar el poder adquisitivo.
Es difícil pedirles a los jóvenes que crean en su futuro cuando incluso parejas con estudios y dos sueldos tienen problemas para llegar a fin de mes.
«La prioridad del próximo Gobierno debería ser formar una generación que no se limite a soñar con un país mejor, sino que se sienta responsable de construirlo.»
— Soumaya Naamane Guessous
Mejorar la calidad de la enseñanza pública es también una prioridad. La educación privada representa una pesada carga para los presupuestos familiares. Muchas personas optan por emigrar para ofrecer a sus hijos una escolarización gratuita y de calidad.
La precariedad no es la única causa de la emigración. El deseo de marcharse nace también del atractivo de otro modo de vida, de la influencia de las redes sociales, de unas representaciones de Occidente a menudo idealizadas y alejadas de la realidad, o de la sensación de que el futuro se construye en otro lugar.
Las motivaciones son múltiples y están estrechamente entrelazadas. Nunca pueden reducirse a una simple cuestión económica.
El verdadero desafío no consiste únicamente en proteger las fronteras, sino en ofrecer a los jóvenes motivos para creer que pueden construir su futuro en Marruecos. Porque cuando un país pierde los sueños de su juventud, ninguna frontera puede frenar su deseo de buscar un futuro en otra parte.
La escuela no debe limitarse a transmitir conocimientos. También debe formar ciudadanos. Sin embargo, con demasiada frecuencia margina a los jóvenes y obstaculiza su desarrollo: violencia, fracaso escolar, abandono de los estudios, formaciones desconectadas de las necesidades del mercado laboral…
Deja entonces de ser una promesa de ascenso social.
La escuela fracasa cuando ya no consigue transmitir a los jóvenes el sentimiento de pertenencia a su nación ni la convicción de que pueden contribuir a construir su futuro.
Retener a la juventud exige darle razones para esperar y actuar. Esto implica luchar contra las injusticias que alimentan el sentimiento de hogra, garantizar una verdadera protección social a las familias y ofrecer seguridad a los padres, para que sus hijos dejen de cargar por sí solos con la responsabilidad de su vejez, sus cuidados médicos, su precariedad en caso de desempleo o la escolarización de sus hermanos.
Demasiados jóvenes soportan el peso de toda una familia. Cuando el futuro de varias generaciones descansa sobre sus frágiles hombros, emigrar acaba pareciendo un deber.
Dar a estos jóvenes los medios para creer en su país significa permitirles construir su propio futuro sin tener que cargar también con el de toda su familia.
Muchos sueñan con un país ideal. Pero los países ideales no existen: se construyen. Demasiados jóvenes esperan que el cambio venga del Estado sin darse cuenta de que ellos mismos pueden convertirse en sus artífices.
La prioridad del próximo Gobierno debería ser formar una generación que no se limite a soñar con un país mejor, sino que se sienta responsable de construirlo. Devolver la esperanza a esta juventud desencantada. Convertirla en protagonista del cambio, en lugar de candidata al exilio.
Ese sería, sin duda, el mejor homenaje a las víctimas que perdieron la vida en Sebta, impulsadas por el sueño de un mundo mejor.
