Para el historiador africanista Bernard Lugan, el veto ruso del 30 de octubre no es una victoria para Argel, sino un recibo de pago: Moscú salda así el precio de un realineamiento. Primero cerró a Argelia la puerta de los BRICS y después la dejó sola al abstenerse en la votación de la resolución 2797. La advertencia bastó: Argel volvió al redil en el Sahel, aunque para ello tuviera que abandonar a sus aliados tuareg. El veto es el precio de ese realineamiento. No mide la influencia de Argelia, sino su dependencia.