La inestabilidad bélica y el bloqueo del estrecho de Ormuz, impulsado por las tensiones entre Irán y Estados Unidos, están golpeando las cadenas de suministro globales. Los países de Oriente Próximo son grandes productores de fertilizantes, materias primas y del gas necesario para generar los nutrientes esenciales para la agricultura.
Por el estrecho de Ormuz transita más del 20% del crudo mundial, pero también cerca de una cuarta parte del comercio marítimo de amoniaco y más de un tercio del de urea. Las tensiones en este punto estratégico ralentizan el transporte de mercancías y de las materias primas necesarias para su fabricación, lo que dispara los precios del amoniaco, el azufre, la urea y los fosfatos.
Las consecuencias son críticas para los países importadores, especialmente en África. En su conjunto, el continente adquiere en el exterior más de 30 millones de toneladas de fertilizantes al año, lo que representa el 80% de sus necesidades. Esta dependencia resulta preocupante dada la importancia de estos productos para la producción agrícola.
En definitiva, la seguridad alimentaria del continente está en riesgo en un momento en que los precios agrícolas suben por el encarecimiento del transporte, las interrupciones logísticas y el aumento de los costes de producción, especialmente los energéticos.
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Según el informe Commodity Markets Outlook del Banco Mundial, se prevé que «los precios de los fertilizantes aumenten un 31% en 2026, impulsados por una subida del 60% en los precios de la urea». Estos incrementos mermarán los ingresos de los agricultores y amenazarán los rendimientos de las cosechas futuras.
Los pequeños productores, que generan cerca del 70% de los alimentos en el África subsahariana, serán los más afectados. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte de que una caída del 10% en la disponibilidad de abonos podría reducir hasta un 25% la producción de maíz, arroz y trigo en la región.
Ante este escenario, África busca reducir su dependencia mediante la producción propia. Países como Marruecos, Egipto y Argelia se perfilan como los motores de este cambio. El Reino de Marruecos desempeña un papel central gracias a sus vastas reservas de fosfatos. A través de una integración vertical, el grupo OCP, líder africano en el sector, aspira a elevar su producción de 15 a 20 millones de toneladas para el año 2027.
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El Reino de Marruecos podría desempeñar un papel fundamental en la estabilidad agrícola del continente gracias a sus vastas reservas de fosfatos. A través de un modelo de integración vertical, el país se ha consolidado como un gran productor de fertilizantes. Con una producción actual de 15 millones de toneladas de abonos fosfatados, el grupo OCP, líder del sector en África, prevé alcanzar los 20 millones de toneladas para el año 2027. Este incremento constante de su capacidad productiva permitirá a la compañía satisfacer parte de la demanda de otras naciones africanas.
La compañía se apoya en sus importantes recursos naturales y planea elevar su capacidad anual de extracción de roca fosfórica de 50 a 70 millones de toneladas.
Sin embargo, a pesar de poseer las mayores reservas mundiales de fosfatos y de su capacidad para abastecer al continente, el gigante marroquí sigue dependiendo de materias primas esenciales para la fabricación de fertilizantes, tales como el amoniaco o el azufre. Actualmente, el Reino es el mayor importador mundial de azufre, un elemento clave en la producción de ácido sulfurico y abonos.
Dado que estos insumos proceden mayoritariamente de Oriente Próximo, el cierre del estrecho de Ormuz bloquea las importaciones y obliga al gigante marroquí a reorganizar su cadena de suministro de azufre y amoniaco.
Según datos de Global Soverign Advisory, el grupo OCP importó en 2024 cerca del 50% de su azufre desde esa región, una cifra que refleja la vulnerabilidad de la industria frente a la inestabilidad en la zona.
Aunque existen fuentes alternativas de suministro en Estados Unidos, Kazajistán o el Caribe, estas opciones conllevan costes más elevados, principalmente debido al encarecimiento del transporte. Como consecuencia, la producción de fertilizantes de la compañía marroquí podría experimentar un descenso durante el presente ejercicio.
En cuanto al amoniaco, los principales productores africanos en 2024 fueron Egipto (4,9 millones de toneladas), Argelia (3,2 millones) y Nigeria (1,3 millones), quienes concentran cerca del 58% de la producción total del continente, estimada en unos 17 millones de toneladas. Ese mismo año, Marruecos se situó como el primer importador africano de amoniaco con 3 millones de toneladas, lo que supone el 93% del volumen total destinado al continente, según la consultora IndexBox.
Egipto, segundo productor africano de abonos químicos tras Marruecos con más de 10 millones de toneladas entre fosfatos y nitratos, aspira a escalar posiciones en el «top 10» mundial para el año 2028. Para lograrlo, el país apuesta por nuevas e importantes inversiones. En este contexto, el grupo Indorama, un gran conglomerado internacional con sede en Singapur, ha iniciado la producción de fertilizantes en la zona industrial de Aïn Sokhna. Con una inversión de 525 millones de dólares en su primera fase, el proyecto permitirá producir 600.000 toneladas de abonos fosfatados, amoniaco, azufre, potasa y urea.
Paralelamente, la firma china Kunming Chuan Jin Nuo Chemical (CJN) se ha aliado con Elsewedy Industrial Development en un ambicioso proyecto de 1.000 millones de dólares para crear un complejo industrial integrado que ponga en valor los recursos de fosfato egipcios. Esta iniciativa permitirá la producción de ácido fosfórico, fertilizantes de tipo fosfato diamónico (DAP) y superfosfato triple (TSP), entre otros productos.
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Por su parte, la compañía Abu Tartour for Phosphoric Acid ha iniciado las obras de una nueva planta de ácido fosfórico. Con una inversión de 573 millones de dólares, esta unidad contará con una capacidad de producción de 500.000 toneladas anuales.
Más allá de los proyectos estatales, la iniciativa privada y las alianzas público-privadas están ganando un peso creciente en la industria de los fertilizantes en todo el continente.
En Nigeria, el país más poblado de África con más de 240 millones de habitantes y donde el sector agrícola es clave para el sustento de la población, el empresario Aliko Dangote ha tomado la iniciativa con la puesta en marcha de la mayor planta de producción de fertilizantes de África. Esta instalación, con una capacidad de tres millones de toneladas, ha sido fundamental para reducir la dependencia de las importaciones en el país.
Etiopía, la segunda nación más poblada del continente y el principal importador africano de abonos, también ha decidido romper con su dependencia externa tras los choques económicos provocados por la pandemia y la guerra en Ucrania.
En 2024, el país importó 2,32 millones de toneladas, consolidándose como uno de los mayores consumidores de la región. Sin embargo, el actual conflicto en Oriente Próximo ha provocado que Etiopía se enfrente a una grave escasez de suministros en plena temporada de siembra.
Consciente de su vocación agrícola, el gobierno etíope apostó incluso antes del inicio de esta crisis por la creación de grandes centros de producción para cubrir la demanda local y regional.
Bajo esta estrategia, el ejecutivo se ha aliado con Aliko Dangote para invertir 2.500 millones de dólares en una planta situada en la región de Gode que tendrá una capacidad de tres millones de toneladas. En esta sociedad, Dangote controlará el 60% del capital mientras que el Estado, a través de la entidad Ethiopian Investment Holdings (EIH), mantendrá el 40% restante.
Para garantizar su competitividad, la fábrica se abastecerá del gas natural de la reserva de Calub, situada a unos cien kilómetros de Gode. El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, subrayó que este proyecto representa «una etapa decisiva para reducir la dependencia del continente de las importaciones».
Al mismo tiempo, el gobierno ha reactivado su alianza con el gigante marroquí de los fosfatos, el grupo OCP, para la puesta en marcha de una unidad de producción de fertilizantes fosfatados de dimensiones similares.
Con estos proyectos, el país aspira a alcanzar la autosuficiencia en el horizonte de 2030 y convertirse posteriormente en proveedor para el resto de la región.
Ante la nueva crisis internacional, otros Estados también se han comprometido a reducir sus importaciones. Es el caso de Zimbabwe, uno de los mayores productores de tabaco y maíz de África, donde el cultivo de caña de azúcar y algodón también tiene un peso relevante. Para dejar de depender de las oscilaciones del mercado global, el país ha anunciado varios proyectos de plantas de fertilizantes impulsados por inversores chinos con una inversión total de 3.200 millones de dólares.
La meta de las autoridades de Zimbabwe es convertir este sector en una palanca para la recuperación industrial mediante el desarrollo de nuevas capacidades de producción de urea, amoniaco y abonos compuestos.
El proyecto más ambicioso es el de Jinfeng Chemical Investment Pvt Ltd, que contempla una inversión de 3.000 millones de dólares para la creación de un complejo que integrará la producción de fertilizantes con la industria química, la siderurgia y nuevas infraestructuras ferroviarias.
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Este complejo, que contará con una central térmica de 900 MW, producirá anualmente 500.000 toneladas de amoníaco, 520.000 toneladas de urea y 600.000 toneladas de fertilizantes compuestos. Por su parte, el proyecto de Xintai Pvt Ltd, de carácter más modesto con una inversión de 200 millones de dólares, tiene como objetivo una producción anual de 200.000 toneladas de urea y otras 200.000 de nitrato de amonio. Se espera que esta unidad comience su actividad en febrero de 2027.
Ambas iniciativas permitirán a Zimbabwe cubrir sus necesidades de fertilizantes y exportar los excedentes a los países de la región. En 2024, el país destinó cerca de 331 millones de dólares a la importación de estos productos.
Estos proyectos, sumados a otros que se desarrollarán en diversos países africanos a raíz de la crisis en Oriente Próximo, buscan garantizar la soberanía en materia de fertilizantes. Su puesta en marcha contribuirá a blindar la seguridad alimentaria, reducir la factura de las importaciones y, por tanto, preservar las divisas del continente.
Dangote Fertilizers, con una capacidad de 3 millones de toneladas al año, es la mayor planta de producción de fertilizantes a base de urea granulada de África. . DR
Más allá de la acción de los Gobiernos, diversas instituciones impulsan la reducción de esta dependencia. El Banco Africano de Desarrollo (BAD), que interviene activamente en el suministro de fertilizantes cada vez que surge una crisis en el mercado internacional, ha propuesto una serie de recomendaciones para solventar los problemas de abastecimiento de la agricultura africana.
El Banco Africano de Desarrollo (BAD) plantea cinco recomendaciones principales. En primer lugar, reforzar la vigilancia económica y el seguimiento de los flujos comerciales de fertilizantes e insumos. En segundo término, propone la coordinación de las compras a escala regional y la creación de reservas estratégicas.
Al centralizar los pedidos, las naciones africanas podrán negociar mejores condiciones tarifarias y reducir los costes de flete, mientras que las reservas regionales ayudarían a estabilizar los mercados en periodos de escasez.
Asimismo, el organismo insta a los países del continente a desarrollar con urgencia su producción nacional y regional de abonos. Naciones como Marruecos, Nigeria, Egipto y Etiopía ya han iniciado este camino, mientras que otros Estados como Kenya y Zimbabwe planean invertir de forma masiva en el sector para limitar la dependencia exterior de su agricultura.
No obstante, la producción actual sigue siendo limitada y se requieren inversiones para ampliar y modernizar las plantas, así como para mejorar la infraestructura portuaria y ferroviaria que garantice el suministro en todo el territorio.
Por último, la institución recomienda a los Estados proteger a los pequeños agricultores frente al encarecimiento de los precios mediante subvenciones específicas y un mayor acceso al crédito estacional. Finalmente, el organismo subraya la necesidad de respaldar la iniciativa africana para los fertilizantes y la salud de los suelos.




