Antes de que las mujeres ocuparan un lugar habitual en las redacciones y mucho antes de que el periodismo de guerra se convirtiera en una profesión reconocida para ellas, Carmen de Burgos se trasladó a Melilla para contar desde el terreno uno de los conflictos más traumáticos de la historia contemporánea de España. Bajo el seudónimo de Colombine, la periodista no buscó la épica del frente: puso el foco en los heridos, las familias y las víctimas de una guerra que se libraba al otro lado del Estrecho.
A comienzos del siglo XX, viajar hasta una zona de guerra no era una tarea habitual para una mujer. Mucho menos hacerlo como periodista. Carmen de Burgos rompió ambas barreras en 1909, cuando se desplazó a Melilla para cubrir para El Heraldo de Madrid los acontecimientos de la Guerra de Marruecos.
Nacida en Almería en 1867, Carmen de Burgos y Seguí había construido para entonces una trayectoria poco habitual para una mujer de su época. Maestra, escritora, traductora, ensayista y defensora de los derechos de las mujeres, se había abierto camino en la prensa bajo el seudónimo de Colombine.
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Su llegada al periodismo había sido ya una ruptura. En 1902 comenzó a colaborar con Diario Universal y se convirtió en la primera mujer contratada como redactora por un periódico español. Desde las páginas de la prensa comenzó a abordar cuestiones sociales, políticas y relacionadas con la situación de las mujeres, alejándose progresivamente de los temas que tradicionalmente se reservaban a las periodistas. Pero sería Marruecos el escenario que llevaría su carrera periodística a una nueva dimensión.
Rumbo a Melilla
En el verano de 1909, la tensión en torno a Melilla desembocó en una escalada de enfrentamientos entre las fuerzas españolas y combatientes rifeños. El conflicto provocó numerosas bajas y generó una enorme repercusión en la opinión pública española. En ese contexto, El Heraldo de Madrid envió a Carmen de Burgos a Melilla.
Su presencia en el escenario del conflicto convirtió a Colombine en una de las primeras mujeres españolas en ejercer el periodismo de guerra desde el terreno. Desde Melilla comenzó a enviar crónicas en las que describía el ambiente de la ciudad, la situación de los soldados y las consecuencias de los combates. Pero su interés no se limitó a las operaciones militares.
Una guerra contada desde sus consecuencias
La particularidad de Carmen de Burgos estuvo en su manera de mirar el conflicto. En lugar de limitarse a los movimientos de tropas o a los enfrentamientos, sus crónicas prestaron una atención especial a los heridos, los hospitales, los soldados y las familias que esperaban noticias desde la península.
La presencia de las mujeres ocupa también un lugar destacado en sus textos. Un estudio dedicado a sus crónicas de 1909 señala precisamente la importancia que concedió a la representación de las mujeres durante la Guerra de Marruecos. Era una perspectiva poco habitual en la prensa de la época.
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La guerra podía ser presentada como una cuestión de estrategia militar, honor nacional o expansión territorial. Colombine introducía otra dimensión: la del sufrimiento cotidiano.
Detrás de cada soldado enviado a Marruecos había una madre, una esposa, una hermana o una familia esperando su regreso.
De esta manera, sus crónicas contribuían a desplazar el foco desde el campo de batalla hacia quienes sufrían sus consecuencias.
Marruecos cambia su mirada sobre la guerra
La experiencia de Melilla tuvo consecuencias en la trayectoria intelectual de Carmen de Burgos. Su contacto directo con la realidad del conflicto reforzó sus posiciones contrarias a la guerra y su defensa de una sociedad más pacífica. Después de su regreso a Madrid, continuó escribiendo sobre cuestiones relacionadas con el militarismo y la violencia y defendió posiciones próximas al pacifismo y a la objeción de conciencia.
Marruecos había dejado de ser para ella una cuestión distante tratada desde una redacción madrileña. Lo había visto de cerca. Había visto los hospitales, los soldados, las familias y las consecuencias de una campaña militar que en España podía ser reducida a cifras y partes de guerra.
Su experiencia permite observar así una contradicción característica de la época: mientras España debatía sobre su presencia en el norte de África y sobre el coste humano de las campañas militares, una periodista decidió trasladarse al escenario mismo del conflicto para contar aquello que los partes oficiales no siempre mostraban.
Colombine, una pionera del periodismo español
El viaje a Melilla fue solamente una parte de una trayectoria marcada por la ruptura de convenciones. Carmen de Burgos defendió durante décadas cuestiones como el acceso de las mujeres a la educación, el divorcio, la igualdad jurídica y la emancipación femenina. También desarrolló una extensa carrera literaria y periodística.
Su actividad convirtió a Colombine en una figura excepcional de la España de comienzos del siglo XX. Pero su importancia no reside únicamente en haber sido una de las primeras mujeres periodistas en España.
También está en qué decidió hacer con ese espacio que consiguió conquistar. Cuando tuvo acceso a las páginas de los periódicos, no se limitó a ocupar el lugar que tradicionalmente se reservaba a las mujeres. Escribió sobre política, sociedad, guerra y derechos civiles. Y cuando tuvo la oportunidad de desplazarse a una zona de conflicto, decidió contarla desde una perspectiva profundamente humana.
Una mirada española sobre la Guerra del Rif
La visión de Carmen de Burgos sobre Marruecos debe situarse, inevitablemente, dentro del contexto colonial de la época. Colombine era una periodista española que escribía para lectores españoles sobre una guerra en la que España ejercía una presencia militar en el norte de África. Sus crónicas no pueden leerse fuera de ese contexto histórico. Precisamente por eso resultan interesantes hoy.
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Más de un siglo después, sus textos permiten analizar cómo una parte de la sociedad española observaba el conflicto y cómo una periodista de mentalidad reformista intentó introducir una dimensión humana en el relato de la guerra.
Su legado no consiste, por tanto, en ofrecer una visión contemporánea de Marruecos, sino en dejar testimonio de cómo se miraba Marruecos desde España en uno de los momentos más convulsos de las relaciones entre ambos territorios.
Una pionera que volvió del frente
Carmen de Burgos murió en Madrid en 1932, pero su figura quedó durante décadas en un segundo plano. En los últimos años, su obra ha sido recuperada por instituciones culturales e investigadores que han vuelto a reivindicar su papel como periodista, escritora y pionera del feminismo español.
Su viaje a Melilla en 1909 ocupa un lugar especial dentro de ese legado. En una época en la que las mujeres apenas comenzaban a conquistar espacios en la prensa, Colombine cruzó el Estrecho y se situó frente a uno de los conflictos más importantes de la España de su tiempo.
No fue simplemente una mujer que llegó hasta el frente. Fue una periodista que decidió mirar la guerra desde sus consecuencias.
Y en sus crónicas sobre Marruecos dejó una imagen que iba más allá de las trincheras: la de una guerra protagonizada por soldados, pero sufrida también por quienes esperaban su regreso.
