Las explosivas revelaciones de Matthieu Ghadiri, exagente del contraespionaje francés infiltrado en Irán, sobre los vínculos entre el régimen de los mulás, el Polisario, Hezbolá y Argelia

Matthieu Ghadiri. (PHOTO: M. Ghadiri)

El 07/08/2026 a las 08h55

Exagente del contraespionaje francés infiltrado en los servicios de inteligencia iraníes, Matthieu Ghadiri describe un entramado en el que la Fuerza Al Quds habría organizado el acercamiento entre Hezbolá y el Polisario. El movimiento chií libanés se encargaría de formar a la élite de los combatientes saharauis y asumiría parte del equipamiento y la financiación del Polisario, mientras que los servicios argelinos conservarían el control político y de seguridad del movimiento separatista. En esta primera parte de la entrevista, repasa el origen de esta relación, desde los primeros contactos con el entorno del ayatolá Jomeini hasta los mecanismos mediante los cuales Teherán habría extendido progresivamente su influencia entre Tinduf y el Sahel.

Nacido en Teherán, Matthieu Ghadiri llegó a Francia para cursar estudios superiores. Soñaba con ser ingeniero agrónomo, pero su destino cambió cuando fue reclutado por la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST), antecesora de la actual Dirección General de Seguridad Interior (DGSI). Su misión consistía en acercarse a los servicios de inteligencia iraníes, lograr que lo reclutaran y conocer desde dentro sus métodos, sus objetivos en Francia y sus redes en Europa. Su militancia en el Partido Socialista francés, donde fue ascendiendo hasta convertirse en un cuadro influyente, le sirvió entonces como tapadera y vía de acceso a círculos sensibles.

A partir de esta larga experiencia en el contraespionaje, Matthieu Ghadiri asegura haber presenciado la creación de un dispositivo dirigido por la Fuerza Al Quds, con el apoyo de Hezbolá, destinado a integrar al Polisario en la estrategia regional de Teherán. Formación, equipamiento, financiación, proyección hacia el Sahel, desestabilización de la monarquía marroquí y envío de combatientes saharauis a Siria y Palestina: según afirma, el movimiento separatista se habría convertido progresivamente en un instrumento de influencia iraní, aunque seguiría bajo la tutela política y de seguridad de Argel.

En esta primera parte de su entrevista con Le360, el exagente franco-iraní, condecorado por Francia por los servicios prestados y actualmente jubilado, analiza los mecanismos, los intermediarios y el funcionamiento bajo supervisión militar argelina de esta relación.

La segunda parte, que se publicará el próximo martes, abordará el pacto secreto entre los servicios argelinos y los de Teherán.

Le360: Antes de abordar el asunto del Polisario, ¿cómo pasó aquel joven iraní que soñaba con convertirse en ingeniero a ser un agente infiltrado del contraespionaje francés?

Matthieu Ghadiri: Nací en Teherán y llegué a París con 16 años y medio para continuar mis estudios. Mi proyecto inicial era convertirme en ingeniero agrónomo, pero la Dirección de Vigilancia del Territorio decidió otra cosa.

Mi camino se cruzó con el de dos amigos que eran oficiales del contraespionaje francés. Me propusieron infiltrar los servicios de inteligencia iraníes y acepté. Era 1985, un año después de que Jomeini creara oficialmente el Ministerio de Inteligencia iraní.

Acepté porque la Revolución Islámica de 1979 había trastocado mi destino y el de mi país. Siempre he considerado que la República Islámica de Jomeini no era Irán. Quería proteger a Francia, que me había acogido, pero también al Irán al que seguía profundamente vinculado. Me comprometí, arriesgando mi vida, junto a los servicios franceses para luchar contra el régimen de Jomeini y contra lo que había hecho con mi país natal.

¿Cuándo oyó hablar por primera vez de un acercamiento entre el Polisario e Irán?

Puedo responderle con certeza: las relaciones entre el Polisario y el nuevo régimen iraní se remontan a los meses anteriores a la Revolución de 1979. Una delegación del movimiento se reunió con Jomeini cuando este preparaba su regreso a Teherán. El encuentro tuvo lugar en Francia. El Polisario fue uno de los primeros movimientos que buscó y obtuvo el apoyo político de la recién creada República Islámica.

Nada más llegar al poder, Jomeini quiso acercarse a lo que presentaba como movimientos de liberación. Esto incluía al Polisario, pero también a la Organización para la Liberación de Palestina y a movimientos marxistas palestinos como el Frente Popular para la Liberación de Palestina.

La ideología de estas organizaciones podía ser nacionalista, marxista o islamista. Para Jomeini, esa diferencia era secundaria siempre que combatieran a un Estado aliado de Occidente o cuestionaran el orden regional. El Polisario encajaba perfectamente en esa categoría.

¿Por qué interesaba tanto el Polisario al régimen de Jomeini?

Desde el principio, Jomeini manifestó una profunda hostilidad hacia las monarquías. Rechazaba tanto las monarquías del Golfo como la monarquía marroquí. A sus ojos, Marruecos era un aliado de Occidente y pertenecía al bando que quería combatir.

Según su lógica, había que apoyar a los países, movimientos u organizaciones capaces de cuestionar ese orden. El discurso se basaba en el antiimperialismo, el anticolonialismo y el antisionismo. Todos aquellos que utilizaban estas referencias en su propaganda podían convertirse en socios de la República Islámica y recibir apoyo económico, o incluso algo más.

El acercamiento al Polisario respondía, por tanto, a varios objetivos: permitía combatir indirectamente a Marruecos, aproximarse a Argelia y abrir una vía de acceso al Sáhara y al Sahel. En ese marco se fueron desarrollando progresivamente las relaciones de cooperación entre las estructuras iraníes, los servicios argelinos y el movimiento separatista Polisario. Más tarde se diversificaron, ya que Hezbolá pudo utilizar a combatientes del Polisario en frentes de Oriente Próximo.

¿Cómo se transformó este acercamiento político en un dispositivo clandestino y militar?

La doctrina de la República Islámica consiste en utilizar el islam político como instrumento de poder. No se trata únicamente de religión, sino de un proyecto político e ideológico destinado a transformar las sociedades, desestabilizar los regímenes considerados hostiles y extender la influencia iraní.

Muy pronto, los dirigentes iraníes comprendieron que no podían apoyarse exclusivamente en el Ejército regular. Yasir Arafat los había advertido, además, del riesgo de un golpe de Estado militar. Les aconsejó crear una fuerza totalmente fiel al nuevo poder. En ese contexto nació el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica.

Dentro de esta institución, la Fuerza Al Quds se convirtió en la rama encargada de las operaciones exteriores. Es al mismo tiempo militar, ideológica y clandestina. Su misión consiste en crear, apoyar o infiltrarse en organizaciones extranjeras capaces de defender los intereses de la República Islámica sin implicar directamente al Estado iraní.

El principio es siempre el mismo: formar grupos interpuestos, armarlos, financiarlos y encomendarles las operaciones que Teherán no quiere asumir públicamente. El primer gran grupo interpuesto construido según este modelo fue Hezbolá en el Líbano.

¿Por qué ocupa Hezbolá un lugar tan particular dentro de esta arquitectura?

Hezbolá no es un simple grupo interpuesto. Es el hermano pequeño de la República Islámica y, en cierto modo, forma parte integral de su aparato exterior. No puede compararse con los hutíes de Yemen, las Fuerzas de Movilización Popular de Irak, los Fatemiyoun afganos o los Zainebiyoun paquistaníes.

Los iraníes crearon, formaron, financiaron y equiparon a Hezbolá. Posteriormente le encomendaron la misión de transmitir sus conocimientos a otras organizaciones. Aquello que la Fuerza Al Quds no quiere hacer directamente, se lo encarga a Hezbolá.

En el Magreb y el Sahel, este intermediario ofrece varias ventajas. Sus miembros hablan árabe, conocen las culturas de la región y pueden apoyarse en una diáspora libanesa asentada en África desde hace varias generaciones. Por tanto, pueden actuar con mayor discreción que los agentes iraníes, que hablan fundamentalmente persa.

Además, recurrir a Hezbolá permite a Teherán negar cualquier implicación. Si se descubre una operación, la República Islámica puede afirmar que se trata de una iniciativa autónoma del movimiento libanés. Esta estrategia de negación forma parte integral del sistema.

¿Puede considerarse entonces al Frente Polisario como un grupo interpuesto de Irán?

Sí, estaba llamado a convertirse en uno, pero no de la misma manera que Hezbolá. Los argelinos nunca permitirán que Irán tome el control absoluto del Polisario. Aceptan que la República Islámica lo ayude, lo forme, lo financie o lo equipe, pero quieren conservar su control político, de seguridad y territorial. Los argelinos también aceptan que Hezbolá reclute a miembros del Polisario para combatir en Siria, el Líbano o Palestina.

Los iraníes lo saben perfectamente y han aceptado esta regla. Cualquier cooperación con el Polisario, ya sea puntual o duradera, debe recibir el visto bueno de los servicios argelinos. Todas las operaciones iraníes en el Magreb o el Sahel que impliquen al movimiento se desarrollan bajo vigilancia argelina.

El sistema funciona, por tanto, en tres niveles. La Fuerza Al Quds define los objetivos y da luz verde. Hezbolá se encarga de la parte operativa, especialmente de la formación, la logística, el equipamiento y la circulación de los fondos. Por último, los servicios argelinos autorizan el acceso al Polisario y se aseguran de no perder nunca su control.

El Polisario no es, por tanto, un grupo interpuesto de Irán completamente sometido a Teherán. Es un movimiento controlado por Argel al que Irán puede acceder y prestar apoyo en el marco de un acuerdo con los servicios argelinos.

¿Qué obtiene cada uno de los actores de este sistema?

La relación se basa en un intercambio de favores. Argelia obtiene una ayuda exterior que puede reforzar al Polisario sin tener que aparecer como su único proveedor de recursos, armas o formación. Irán, por su parte, consigue acceder a los hombres y las redes de las que dispone el Polisario en el Sáhara y el Sahel.

El Polisario recibe recursos económicos, equipamiento, cohetes, drones y formación. Hezbolá refuerza su presencia en África y actúa como operador entre los distintos actores.

Para la República Islámica, el Polisario es una herramienta regional. Le permite presionar a Marruecos y entrar en contacto con redes activas en zonas donde la Fuerza Al Quds busca implantarse.

¿El dispositivo iraní en torno al Polisario sería exclusivamente militar?

No. También existe una dimensión religiosa e ideológica. Los iraníes crearon en la ciudad santa de Qom una universidad llamada Al Mustafa. Su misión es formar a religiosos y predicadores procedentes de todo el mundo, especialmente de África.

Las autoridades iraníes aseguran haber formado a más de 35.000 personas en poco más de cuarenta años. Nosotros calculamos que la cifra real se sitúa más bien en torno a 20.000, lo que sigue siendo considerable.

Según la información de la que disponíamos, personas enviadas por el Polisario cursaron allí estas formaciones. Otras procedían de Argelia, Mali, Burkina Faso, Senegal y varios países del África subsahariana.

Por lo general, los estudiantes permanecían cinco años en Qom. Aprendían persa, árabe clásico y la doctrina política de la República Islámica. Recibían alojamiento, manutención y una remuneración. Una vez concluida su formación, regresaban a sus países de origen para convertirse en predicadores, intermediarios ideológicos o portavoces de la influencia iraní.

Usted observó personalmente la llegada de argelinos y saharauis a Irán. ¿En qué circunstancias?

Después de varios años de infiltración, altos responsables de los servicios de inteligencia iraníes me pidieron que viajara a Irán. Querían conocerme. Para despistar, realicé un trayecto especialmente largo: París-Fráncfort, Fráncfort-Viena y, finalmente, Viena-Teherán. El viaje duró cerca de veinte horas.

En el último avión, que debía aterrizar en Teherán hacia las 02:30 de la madrugada, constaté la presencia de numerosos argelinos. Evidentemente, esta observación no demostraba por sí sola cuál era su misión, pero coincidía con la información que poseíamos sobre los desplazamientos organizados hacia Irán y la formación impartida a ciudadanos del Magreb.

Una parte de estas personas estaba a cargo de Hezbolá, bajo la tutela de la Fuerza Al Quds. Los iraníes delegaban esta misión en los libaneses porque hablaban árabe y podían establecer con mayor facilidad una relación con los reclutas argelinos, tunecinos o saharauis.

La República Islámica podía mantenerse así en un segundo plano. Encomendaba el trabajo a su intermediario libanés y después podía afirmar que no estaba directamente implicada. Encontrábamos el mismo método en el caso del Polisario, en los países del Sahel y en el África subsahariana.

En 2018, Marruecos rompió sus relaciones diplomáticas con Irán, al acusar, entre otras cosas, a la Embajada iraní en Argel de haber actuado como enlace entre Hezbolá y el Polisario. ¿Están las embajadas iraníes integradas en el dispositivo de la Fuerza Al Quds?

Todos los empleados de las embajadas de la República Islámica, tanto si poseen estatus diplomático como si han sido contratados localmente, deben contar con la aprobación de los servicios de los Guardianes de la Revolución. Sin esa autorización, nadie puede ser nombrado agregado cultural, agregado económico o empleado de una representación iraní.

La presencia de los Guardianes de la Revolución es especialmente importante en las embajadas situadas en el Magreb, África, América Latina y Oriente Próximo. En Europa, el Ministerio de Inteligencia iraní desempeña un papel más visible, pero la aprobación de los Guardianes sigue siendo indispensable.

La Embajada de Irán en Argel no escapa a esta regla. Según la información de la que disponemos, si los iraníes quieren ayudar al Polisario deben hablar primero con sus homólogos argelinos y obtener su autorización. Los grupos interpuestos intervienen posteriormente para ocuparse de la logística, la formación y el traslado del material.

La Embajada funciona, por tanto, como una interfaz. Facilita los contactos entre los responsables iraníes, los servicios argelinos y los operadores encargados de ejecutar las operaciones.

¿En qué nivel del aparato iraní se gestionaría el asunto del Polisario?

Todo lo relacionado con las operaciones exteriores está gestionado por la Fuerza Al Quds. Su comandante informa directamente al guía de la Revolución.

Aunque forma parte de los Guardianes de la Revolución, la Fuerza Al Quds disfruta de un estatus particular. Es el servicio predilecto del guía. Sus responsables trabajan en asuntos internacionales y disponen de una autonomía considerable respecto al resto del aparato militar.

Un asunto como el del Polisario no se aborda, por tanto, como una simple relación diplomática. Se inscribe en una estrategia regional en la que se mezclan inteligencia, operaciones clandestinas, influencia ideológica y apoyo militar.

¿Qué papel concreto desempeñaría Hezbolá entre la Fuerza Al Quds y el Polisario?

Cuando los argelinos aceptaron que los Guardianes de la Revolución entraran en contacto con el Polisario, la parte operativa fue encomendada a Hezbolá. Según nuestra información, los supuestos asesores o agregados militares enviados sobre el terreno, que fueron fotografiados por la CIA, son miembros de Hezbolá formados por asesores militares y agentes de la Fuerza Al Quds.

Son ellos quienes se ocupan de formar y equipar a los miembros del Polisario. Participan en el proceso de selección y envían a los reclutas a formarse en el Líbano y Siria. Les transmiten las técnicas aprendidas de los iraníes y supervisan la vertiente militar sin que la República Islámica aparezca directamente implicada.

Desde hace veinte o treinta años, las redes libanesas —Hezbolá— desempeñan este papel en el Magreb, el Sahel y el África subsahariana. El material suministrado por Irán transita por sus canales. Los fondos suelen seguir el mismo recorrido.

¿Por qué privilegia Irán las redes libanesas en África?

En varios países africanos, especialmente en Mali, existe una importante diáspora libanesa asentada desde hace treinta, cuarenta o cincuenta años. Hezbolá ha sabido aprovechar estas comunidades para crear redes comerciales, financieras y logísticas.

Ya había utilizado este mismo método en América Latina. Las redes familiares y económicas de la diáspora permiten crear empresas, transferir dinero, acoger a responsables y desplazar material sin llamar inmediatamente la atención.

Hezbolá domina el árabe y conoce las sociedades africanas y magrebíes mejor que los iraníes. Por tanto, constituye el intermediario ideal entre la Fuerza Al Quds, los servicios argelinos y el Polisario.

¿Qué rutas seguirían las armas y el equipamiento para llegar a la zona de Tinduf?

Según lo que sabemos, el principal punto de partida es el Líbano. Anteriormente, las operaciones podían transitar por Siria y el Líbano. Ahora parten de manera más directa desde el Líbano hacia determinados países del Sahel, especialmente Mali.

El material se distribuye posteriormente desde esos países. En las embajadas iraníes del Sahel trabajan miembros de la Fuerza Al Quds bajo cobertura diplomática. Establecen contactos con los servicios locales, las redes libanesas y las organizaciones presentes sobre el terreno.

A partir de estos intermediarios, el material puede ser transportado hasta el Polisario. Las rutas cambian en función de la situación de seguridad, pero el principio sigue siendo el mismo: multiplicar los intermediarios para impedir que pueda establecerse un vínculo directo con Irán.

¿Qué tipo de formación se ha impartido a los miembros del Frente Polisario?

Todo lo que los iraníes enseñaron a los libaneses, pidieron a Hezbolá que lo transmitiera a otras organizaciones. En lo que respecta al Sáhara, y además de la formación de los hombres que ya he mencionado, los conocimientos se centran especialmente en la construcción de redes subterráneas, el almacenamiento de armas y la preparación de posiciones ocultas. Es el sello distintivo de Hezbolá.

Se lo enseñaron a los combatientes de Hamás y, actualmente, el Polisario se ha convertido en un experto en la construcción de escondites de armas y pequeñas bases militares bajo las dunas del Sáhara. Son instalaciones subterráneas, como las del sur del Líbano y Gaza, destinadas a albergar drones, cohetes y otros equipamientos.

La formación también puede abarcar el uso de drones y cohetes, las comunicaciones, la ocultación del material y la organización de unidades móviles. Los iraníes desarrollaron estas técnicas con Hezbolá y posteriormente encargaron al movimiento libanés que las transmitiera.

El objetivo es permitir que una organización lleve a cabo operaciones asimétricas contra un Estado dotado de un Ejército convencional más poderoso.

¿Cómo circula la financiación destinada al Polisario entre Irán y Hezbolá?

También en este ámbito Irán evita entregar directamente el dinero al Polisario. La Fuerza Al Quds proporciona los fondos a Hezbolá, que posteriormente se encarga de transferirlos a los argelinos a través de sus propias redes.

Para ello pueden utilizarse sociedades pantalla, oficinas de cambio, circuitos comerciales o entregas de dinero en efectivo. Los Guardianes de la Revolución llevan varias décadas construyendo este sistema para eludir las sanciones y los controles del sistema bancario internacional.

En el caso del Polisario, las operaciones se desarrollan bajo la mirada de los servicios argelinos. Argel quiere saber qué se entrega al movimiento, a quién y con qué objetivo. Los argelinos aceptan la ayuda iraní, pero no quieren que esta genere una dependencia del Polisario respecto a Teherán.

¿Es el Sahel una contrapartida? ¿Qué pide Irán al Polisario a cambio de su apoyo?

Los iraníes saben que el Polisario dispone de contactos y redes en el Sahel. Intentan utilizar estas relaciones para implantarse en zonas donde la Fuerza Al Quds quiere reforzar su presencia.

Miembros de esta fuerza están presentes en varios países de la región, a menudo bajo cobertura diplomática. Necesitan intermediarios locales, personas capaces de ponerlos en contacto con responsables políticos, grupos armados o redes comerciales. El Polisario también es utilizado por sus combatientes en Oriente Próximo.

Por tanto, esta relación no se basa únicamente en la hostilidad de Teherán hacia Marruecos. También responde a la voluntad de expansión regional de la República Islámica.

¿No temen los servicios argelinos que Irán se instale de forma duradera en su entorno inmediato?

Sí lo temen, y precisamente por eso mantienen al Polisario bajo su control. Quieren beneficiarse del apoyo iraní sin permitir que Teherán actúe de forma autónoma en la región.

Las relaciones entre los servicios argelinos e iraníes combinan cooperación, vigilancia y desconfianza. Cada uno intenta utilizar al otro. Argel abre determinadas puertas, pero conserva las llaves.

El dispositivo funciona mientras la República Islámica acepte ese límite. Hasta ahora lo ha aceptado porque considera que las ventajas de acceder al Polisario y al Sahel son mayores que las restricciones impuestas por los argelinos.

La reciente participación de elementos del Polisario en ataques contra ciudades malienses constituye un ejemplo. Respondía a una agenda común.

¿Qué opina de la iniciativa estadounidense para incluir al Frente Polisario en la lista de organizaciones terroristas?

Respondo aquí desde mi convicción personal. Amo Marruecos y considero que es el único país capaz de desempeñar un papel «ilustrado» en la emancipación de África. Para garantizar la paz y la estabilidad en el Magreb hace falta un Marruecos fuerte. Un Marruecos fuerte puede contribuir al desarrollo económico, la cooperación regional y la estabilidad de todo el norte de África.

Las organizaciones que buscan el caos, y quienes las apoyan, no quieren ni esa paz ni esa estabilidad. Cuando no pueden atacar directamente a Marruecos, recurren a movimientos armados y operaciones indirectas.

La elección está, por tanto, clara. Y, como me gusta repetir: «¡Quienes quieren hacer daño a Marruecos también quieren hacérselo a la democracia y a la civilización!».

Por Karim Serraj
El 07/08/2026 a las 08h55