La manipulación era burda. Sin embargo, bastó para incendiar durante unas horas una parte de las redes sociales marroquíes y españolas. Hicham Jerando y Maâti Monjib compartieron una fotografía en la que aparecía un joven gravemente herido en el hombro, presentándolo como un migrante marroquí atacado a pedradas por un miembro de las Fuerzas Auxiliares. La imagen, sin embargo, no guarda relación alguna con Marruecos. En ella aparece Yousef Al-Najjar, un joven palestino herido durante un bombardeo israelí en Gaza.
El periodista gazatí Amr Tabash documentó en Instagram la gravedad de sus heridas. Yousef Al-Najjar sufría una fractura conminuta del húmero y otra de la escápula. Una herida abierta se extendía hasta la axila y la espalda. El joven fue trasladado a un hospital egipcio, donde una intervención de cirugía reconstructiva permitió salvarle el brazo y la vida. Nada en esta trágica historia vincula a Yousef Al-Najjar con Marruecos.

El montaje no circuló únicamente por las cuentas de Hicham Jerando y Maâti Monjib. El diario español El Confidencial también utilizó la misma fotografía para ilustrar un artículo publicado el 3 de agosto de 2026 sobre «las fuerzas paramilitares desplegadas por Marruecos» que «atacaron brutalmente a algunos migrantes en la frontera» (sic). Semejante ligereza no sorprende demasiado en un medio en el que escribe Ignacio Cembrero. El «periodista» español lleva décadas cubriendo el Magreb y su producción sobre Marruecos le ha valido críticas recurrentes por su falta de imparcialidad. Su tratamiento de la actualidad marroquí ya provocó fuertes polémicas durante sus etapas en El País y El Mundo, antes de incorporarse a El Confidencial, desde donde continúa alimentando la sección del Magreb con relatos unilaterales sobre el Reino.

Hicham Jerando tampoco se estrena en el terreno de la manipulación. Pequeño comerciante con un historial poco edificante en la vida real y tribuno antisistema en Internet, dirige desde Montreal el canal de YouTube Tahadi, presentado como un espacio de denuncia de la corrupción en Marruecos. Sus vídeos le valieron una condena por difamar a un magistrado y a un abogado marroquíes, además de una multa de 10.000 dólares canadienses y un mes de prisión. La Policía Judicial marroquí también lo considera sospechoso de extorsión y chantaje, presuntamente con la colaboración de miembros de su propia familia. El disfraz de denunciante que se ha confeccionado resiste mal el examen de su propio historial judicial a ambos lados del Atlántico.

Maâti Monjib arrastra asimismo un pesado historial. El académico ya fue procesado en Marruecos por blanqueo de capitales y fraude, en un caso relacionado con el uso de fondos recibidos de organizaciones internacionales. Desde hace años multiplica sus declaraciones hostiles contra las instituciones del Reino, aunque ello no le impide seguir presentándose como víctima cada vez que encuentra una tribuna desde la que hacerlo.

