La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Fundación Iniciativa para la Adaptación de la Agricultura Africana (AAA) presentaron el miércoles en Roma el informe «The State of African Agricultural Adaptation, 2016-2026: Assessment and Roadmap to 2036». El documento constituye el primer balance de una década de adaptación de la agricultura africana, coincidiendo con el décimo aniversario de la iniciativa lanzada por Marruecos durante la COP22 de Marrakech.
El informe parte de una constatación clara. Los países africanos ya han identificado en los planes presentados ante Naciones Unidas las necesidades de adaptación de sus sistemas agrícolas, con unas necesidades financieras que ascienden a cientos de miles de millones de dólares, una parte importante de ellos destinada al sector agrícola.
El siguiente paso, según el documento, consiste en transformar esas necesidades identificadas en inversiones concretas. Para ello serán necesarios mayores recursos financieros y un apoyo continuado al desarrollo de capacidades, especialmente para ayudar a los países africanos a preparar proyectos que puedan acceder a financiación.
El balance de los últimos diez años apunta, sin embargo, a que buena parte de los elementos necesarios ya están disponibles. Los países cuentan con planes, África dispone de una agenda agrícola común, existen bancos y fondos africanos capaces de financiar proyectos y las soluciones técnicas necesarias ya son conocidas y han demostrado su eficacia.
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El principal desafío está ahora en conectar estos elementos y llevarlos hasta el terreno. El informe subraya que todavía falta un vínculo efectivo «desde la decisión política hasta el agricultor, y después hasta el resultado que pueda verificarse». La nueva etapa de la Iniciativa AAA, para el periodo 2026-2036, se plantea precisamente con ese objetivo.
La urgencia está relacionada con los efectos que el cambio climático ya está provocando sobre las cosechas y los ingresos de las familias rurales africanas. El informe recuerda que la agricultura del continente depende en gran medida de pequeñas explotaciones familiares y de las precipitaciones, lo que aumenta su exposición a las condiciones climáticas.
La adaptación pasa, en este contexto, por medidas concretas como el acceso a semillas resistentes a la sequía, una mejor gestión del agua, la conservación de los suelos, servicios de asesoramiento agrícola accesibles y sistemas de seguros capaces de proteger a los agricultores frente a los años difíciles.
El informe considera que estas soluciones ya existen y han demostrado su eficacia. El reto consiste ahora en extenderlas a una escala continental, lo que convierte la financiación y el desarrollo de capacidades en dos elementos centrales para la próxima década.
En un discurso leído en su nombre, el ministro marroquí de Agricultura, Pesca Marítima, Desarrollo Rural y Aguas y Bosques, Ahmed El Bouari, destacó que África se encuentra entre las regiones más afectadas por una crisis climática a la que, según señaló, ha contribuido poco.
El ministro recordó que los responsables africanos de Agricultura han impulsado conjuntamente la Iniciativa para la Adaptación de la Agricultura Africana, lanzada bajo la visión del rey Mohammed VI, y han defendido su desarrollo de una conferencia climática a otra.
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Según El Bouari, durante estos diez años la adaptación de la agricultura africana ha pasado de ocupar un lugar marginal en las negociaciones a formar parte de la agenda. El desafío actual ya no consiste únicamente en reconocer la vulnerabilidad del continente, sino en transformar sus sistemas agrícolas.
Por su parte, la directora general de la Fundación Iniciativa AAA, Ghita El Ghorfi, destacó que hace diez años, en Marrakech, la iniciativa reclamaba que la agricultura africana tuviera mayor presencia en el debate climático. Ahora, señaló, la organización presenta un balance de los avances alcanzados y una hoja de ruta para la próxima década.
La presentación del informe contó con la presencia del embajador y representante permanente de Marruecos ante las agencias de Naciones Unidas en Roma, Youssef Balla, además de ministros, negociadores climáticos, organizaciones de agricultores, científicos e instituciones financieras.
La Iniciativa para la Adaptación de la Agricultura Africana tiene como objetivo reducir la vulnerabilidad del continente y de su agricultura frente al cambio climático mediante el impulso de proyectos concretos de adaptación, una gestión sostenible de los recursos y un mayor acceso a la financiación climática.
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La FAO desempeña un papel estructural dentro de esta iniciativa, desde el apoyo técnico y la documentación de los resultados hasta la aportación de la experiencia de la organización de Naciones Unidas. El nuevo horizonte hasta 2036 pone así el acento en pasar de los planes y compromisos a proyectos financiables, soluciones aplicadas sobre el terreno y resultados que puedan medirse
