Marrakech, 8 de mayo de 2026. La sala está llena, los continentes representados. Rostros llegados de Europa, América del Norte, el Golfo y Asia. El Foro Económico de los Marroquíes del Mundo, organizado por la Fundación de los Trofeos Marroquíes del Mundo, celebra su segunda edición y la ambición está a la altura del encuentro. «La contribución de los marroquíes del mundo ya no se limita a las transferencias financieras; ahora forma parte de una lógica de inversión productiva y creación de valor», afirmó Amine Saad, presidente de la fundación TMM, durante la apertura. El tono quedó marcado desde el inicio.
Tras tres paneles temáticos, una keynote y una ceremonia de entrega de premios, el mensaje de la jornada puede resumirse así: Marruecos ha construido la infraestructura de la inversión. Ahora queda convencer a su diáspora de utilizarla.
El primer panel, dedicado a la inversión productiva y la innovación, abrió el debate con cifras sorprendentes. Fue Ali Seddiki, director general de la Agencia Marroquí de Desarrollo de Inversiones y Exportaciones (AMDIE), quien sentó las bases numéricas de la discusión: las inversiones extranjeras directas rozan los 7.000 millones de dólares en 2025 y avanzan cerca de un 40% en comparación con 2026. «Esto refleja una dinámica de fondo que ha sido posible gracias a todos los mecanismos de facilitación», señaló.
Pero más allá de los flujos globales, lo que está en juego es el lugar específico que ocupan los marroquíes del mundo (MDM) dentro de este impulso. Said Jabrani, director general de TAMWILCOM, aportó una visión más concreta… e inesperada: «El 50% de las start-up que hemos acompañado están impulsadas por MRE». Una proporción que dice mucho sobre el perfil del empresario de la diáspora, descrito por los participantes como joven, familiarizado con las transformaciones tecnológicas y portador de una doble cultura de la que Marruecos puede beneficiarse.
Lamiae Benmakhlouf, directora general de Technopark, fue en la misma línea y habló de un ecosistema formado por seis parques tecnológicos y un polo de 500 start-up, de las cuales un 20% están lideradas por miembros de la diáspora. Define estos proyectos como smart investments: «No es solo una inversión financiera, es una aportación de experiencia, de intercambio de conocimientos y de knowledge sharing con las start-up locales». Y el abanico sigue ampliándose: desde la fintech hasta la agricultura de precisión, pasando por la Inteligencia Artificial (IA) aplicada a la salud, los sectores explorados por los MDM cubren ya buena parte de las prioridades estratégicas del país.
En materia de financiación, Mohamed Amimi, director ejecutivo de Banque Centrale Populaire, destacó una transformación notable en la naturaleza de los proyectos recibidos. El MDM que antes invertía en inmuebles para apoyar a su familia «se está convirtiendo hoy en un inversor estratégico». Y la geografía de los proyectos también se amplía: más allá de Francia, España e Italia, ahora llegan expedientes desde Estados Unidos, Catar, Singapur o Dinamarca. La diáspora, en otras palabras, se ha globalizado y sus ambiciones también.
¿La financiación alternativa, el eslabón perdido de la inversión?
El segundo panel puso sobre la mesa una cuestión más técnica, aunque igual de estratégica: cómo movilizar el ahorro de la diáspora más allá de los canales bancarios tradicionales.
La arquitectura del apoyo público a las start-up en Marruecos está concebida para acompañar cada etapa de vida de un proyecto. Todo comienza con una subvención que puede alcanzar los 200.000 dirhams: dinero concedido sin obligación de reembolso para permitir que un emprendedor pruebe y estructure su idea. Si el proyecto evoluciona favorablemente, puede acceder a un préstamo de 500.000 dirhams sin intereses, otorgado sobre la base de la credibilidad del portador del proyecto y sin las garantías que normalmente exige un banco. Finalmente, para las iniciativas que ya han demostrado su potencial y necesitan recursos para crecer, puede movilizarse un crédito de aceleración de hasta 2 millones de dirhams. Tres niveles y tres herramientas bajo una misma lógica: evitar que un proyecto viable fracase por falta de financiación en el momento equivocado.
El crowdfunding interviene en una fase previa, para proyectos todavía demasiado jóvenes como para acceder a financiación bancaria. Los fondos de inversión aportan acompañamiento y capital paciente. Los bancos, por su parte, aseguran la fase de escalada.
En cuanto a la regulación cambiaria, Younes Bouchelkha, representante de la Oficina de Cambios, quiso disipar un temor recurrente: el de no poder repatriar los beneficios de una inversión. Los MRE disfrutan de las mismas garantías que los inversores extranjeros no residentes, es decir, una libertad total para retransferir capitales e ingresos, así como para abrir cuentas en divisas o en dirhams convertibles sin condiciones. Desde 2015, los ingresos de los MRE se han duplicado, pasando de 60.200 millones a 122.000 millones de dirhams en 2025. «Son garantías fundamentales», insistió.
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El tercer panel desplazó el foco hacia la escala regional. Lejos de las grandes metrópolis, territorios como la región Oriental comienzan a dibujar una nueva geografía de la inversión MDM.
Rachid Rami, director general del CRI Oriental, presentó el retrato de una región en plena transformación: 150.000 millones de dirhams de inversión pública movilizados en veinte años para dotar al territorio de infraestructuras. Ahora, el relevo se espera desde el sector privado y la diáspora juega en ello un papel creciente. «Entre el 30% y el 40% de los proyectos industriales en los parques de la región están impulsados directa o indirectamente por marroquíes del mundo», precisó. Los sectores implicados abarcan industria, IT, logística, turismo o salud, en un panorama inversor cada vez más diversificado.
La jornada concluyó con la entrega de los Trofeos de los Empresarios Marroquíes del Mundo, una ceremonia que distingue a las empresas creadas en Marruecos por MDM o a las extensiones marroquíes de estructuras fundadas en el extranjero. No debe confundirse con los Trofeos Marroquíes del Mundo, cuya octava edición se celebrará este sábado 9 de mayo.
Hafssa Chakibi, doctora ingeniera en fisicoquímica y fundadora de Flora Sina, recibió el Premio al Impacto Económico. Mohamed Bouzidi, cofundador y CEO de Avaliance, obtuvo el Premio a la Innovación. Por último, Kamal Bouzir, cofundador y CEO de Stanley Group, ganó el Premio a la Inversión. Tres trayectorias, tres sectores y tres pruebas de que el potencial existe y solo espera ser activado.
