La migración mundial entra en una nueva fase de complejidad. El World Migration Report 2026, publicado por la Organización Internacional para las Migraciones, describe un escenario marcado por «disrupciones crecientes» donde factores como los conflictos, el cambio climático, la desigualdad económica o la transformación tecnológica están redefiniendo quién se mueve, por qué y hacia dónde.
En este tablero global, Marruecos se consolida como un país bisagra. Tradicionalmente emisor de migrantes hacia Europa, el Reino se ha convertido también en territorio de tránsito y, cada vez más, en país de destino, reflejando una tendencia que atraviesa todo el continente africano.
Un mundo en movimiento… pero no tanto como parece
Uno de los principales mensajes del informe desmonta una percepción ampliamente extendida: aunque el número absoluto de migrantes aumenta, la migración sigue siendo un fenómeno relativamente limitado en proporción.
En 2024, había alrededor de 304 millones de migrantes internacionales en el mundo, lo que representa apenas el 3,7 % de la población global. Es decir, la inmensa mayoría de las personas continúa viviendo en su país de origen, lo que relativiza los discursos alarmistas que dominan el debate público en muchos países.
Sin embargo, lo que sí ha cambiado es la naturaleza de los desplazamientos. El informe subraya que el mundo atraviesa una «superposición de crisis»: conflictos prolongados, fenómenos climáticos extremos, desigualdades estructurales y tensiones geopolíticas que se combinan para generar movimientos más complejos, más forzados y más difíciles de gestionar.
Nuevas dinámicas regionales en África
En África, estas transformaciones son especialmente visibles. El continente experimenta simultáneamente un fuerte crecimiento demográfico, urbanización acelerada y limitadas oportunidades económicas en algunos contextos, factores que alimentan tanto la migración interna como la internacional.
Marruecos encarna esta transición. Por un lado, sigue siendo un país de emigración, con una diáspora importante en Europa. Por otro, se ha convertido en un punto de paso clave en las rutas hacia el continente europeo, así como en un espacio de instalación para migrantes subsaharianos.
Esta evolución responde también a cambios en las políticas migratorias y en la propia estructura económica del país, que empieza a atraer mano de obra extranjera en determinados sectores, al tiempo que refuerza su papel como socio clave de la Unión Europea en materia de gestión migratoria.
Desplazamientos récord y presión climática
El informe pone cifras a una tendencia preocupante: el aumento sin precedentes de los desplazamientos forzados. Más de 120 millones de personas vivían desplazadas en el mundo en 2024, incluyendo refugiados y desplazados internos.
Dentro de estas cifras, los desplazamientos internos, especialmente ligados a desastres naturales, juegan un papel cada vez más importante. Solo en 2024 se registraron 65,8 millones de desplazamientos internos, la mayoría relacionados con fenómenos climáticos extremos.
Para países como Marruecos, particularmente expuestos al estrés hídrico y a los efectos del cambio climático, estas dinámicas plantean desafíos estratégicos a medio y largo plazo, tanto en términos de gestión territorial como de políticas públicas.
Migración y desarrollo, un motor silencioso
Más allá de los desafíos, el informe insiste en el papel positivo de la migración. Las remesas alcanzaron los 905.000 millones de dólares en 2024, superando ampliamente la ayuda oficial al desarrollo y la inversión extranjera directa en muchos países.
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Para Marruecos, donde las transferencias de su diáspora representan un pilar económico fundamental, esta dimensión es clave. La migración no solo implica movilidad humana, sino también circulación de capital, conocimientos y oportunidades.
A pesar de estos beneficios, la migración sigue siendo uno de los temas más politizados a nivel global. El informe alerta sobre el aumento de la desinformación y el uso del fenómeno migratorio como herramienta política, especialmente en contextos electorales o de tensión geopolítica.
Este clima también afecta a países como Marruecos, situados en el cruce de intereses entre África y Europa, donde la gestión migratoria se ha convertido en un eje central de la cooperación internacional.
En definitiva, el World Migration Report 2026 confirma que la migración ya no puede entenderse como un fenómeno lineal. Es una realidad compleja, multidimensional y profundamente conectada con los grandes desafíos del siglo XXI.
En ese contexto, Marruecos aparece como un laboratorio de estas transformaciones, siendo a la vez, país de origen, de tránsito y de destino, pero también actor diplomático y económico en la gobernanza migratoria regional.
