La inteligencia artificial amenaza con reconfigurar el empleo mundial y acentuar las desigualdades entre trabajadores

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El 31/10/2026 a las 11h45

La inteligencia artificial está acelerando una transformación del mercado laboral que podría afectar a economías y profesiones de todo el mundo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que alrededor del 40% de los empleos a escala global estarán expuestos a esta tecnología, ya sea mediante la automatización de determinadas tareas, la modificación de sus funciones o la desaparición de algunos puestos. La proporción podría alcanzar el 60% en las economías avanzadas, frente al 23% en los países de bajos ingresos, donde la adopción tecnológica avanza a otro ritmo.

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha descrito este proceso como un «tsunami de evolución lenta», pero de consecuencias potencialmente profundas. La institución advierte de que la IA puede elevar la productividad y crear nuevas oportunidades, aunque también corre el riesgo de ampliar las diferencias entre trabajadores que cuentan con las competencias necesarias para aprovecharla y aquellos cuyas funciones son más fácilmente automatizables. La preparación de los sistemas educativos y de protección social será esencial para gestionar esa transición.

Las proyecciones económicas muestran, además, que el resultado dependerá de la velocidad y la profundidad de los avances tecnológicos. Un trabajo del Anthropic Institute sobre posibles escenarios económicos entre 2026 y 2030 plantea tres hipótesis, desde una transformación moderada hasta otra extrema. En este último escenario, la IA podría llegar a realizar casi la mitad del trabajo cognitivo actual, con un fuerte aumento de la productividad, pero también con una caída de la participación de los salarios en la renta y un incremento significativo del desempleo entre los trabajadores dedicados a tareas cognitivas. Se trata de una simulación condicionada por sus supuestos, no de una predicción segura.

La evolución de las capacidades de los sistemas de IA constituye otro factor de incertidumbre. El laboratorio METR mide el tiempo que necesitaría un experto humano para completar tareas que los modelos de IA pueden resolver con determinados niveles de fiabilidad. Sus evaluaciones muestran avances en la duración y complejidad de las tareas que algunos agentes pueden completar, aunque el propio laboratorio advierte de que sus pruebas se concentran principalmente en programación, aprendizaje automático y ciberseguridad. Por ello, estos resultados no permiten concluir que la IA pueda sustituir de manera equivalente cualquier actividad profesional.

En Estados Unidos, un estudio de la consultora McKinsey estima que la economía podría generar más puestos de trabajo de los que desaparecerían por efecto de la automatización hasta 2035. Sin embargo, la composición del empleo cambiaría de forma sustancial. Su escenario de referencia calcula que unos once millones de trabajadores de ocupaciones en retroceso podrían necesitar trasladarse a otros empleos, en un proceso que exigiría formación, nuevas acreditaciones y una mayor movilidad profesional. Entre las funciones más expuestas figuran las tareas administrativas y de apoyo de oficina.

Los primeros indicios también apuntan a que los trabajadores jóvenes podrían afrontar dificultades particulares para acceder al mercado laboral. Una investigación del Stanford Digital Economy Lab, basada en datos de nóminas de millones de trabajadores estadounidenses hasta junio de 2026, no encuentra pruebas de una destrucción generalizada del empleo atribuible a la IA. Sin embargo, observa que el empleo de los trabajadores de entre 22 y 25 años en ocupaciones muy expuestas a esta tecnología se sitúa aproximadamente un 19% por debajo del nivel que habría alcanzado si hubiera evolucionado al mismo ritmo que el de sus pares en ocupaciones menos expuestas. Los autores precisan que el análisis identifica una relación, pero no demuestra por sí solo una causalidad directa.

La reorganización del empleo también se observa en las grandes empresas tecnológicas. Microsoft anunció en octubre de 2026 un programa voluntario de salida dirigido a determinados empleados de sus equipos en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e India. La compañía presentó la iniciativa como una herramienta para adaptar su plantilla a las nuevas necesidades del negocio. Aunque el anuncio se produce en plena expansión de sus inversiones en inteligencia artificial, Microsoft no lo describió como un despido colectivo de 60.000 trabajadores ni atribuyó formalmente el programa exclusivamente a la automatización.

El desafío internacional consiste, en definitiva, en lograr que las ganancias de productividad no se traduzcan en una concentración de oportunidades y riqueza. Las estimaciones del FMI, los escenarios de investigación y los datos empresariales apuntan a una transformación profunda, pero también muestran que sus consecuencias no están predeterminadas. La formación, la adaptación de las políticas públicas y la capacidad de crear vías reales de transición hacia nuevas ocupaciones serán decisivas para determinar quién se beneficia de la revolución de la inteligencia artificial y quién asume sus costes.

Por Jose Manuel Castiñeira
El 31/10/2026 a las 11h45