Sáhara: el veto de Moscú retrasa la resolución de 2026, pero no frena el avance del plan marroquí de autonomía

Sala del Consejo de Seguridad de la ONU durante una votación sobre el Sáhara, en octubre de 2025.

El 30/10/2026 a las 19h59

El proyecto de resolución estadounidense, que establecía la autonomía bajo soberanía marroquí como única base de negociación, obtuvo 11 votos en el Consejo de Seguridad. Solo el veto de Rusia impidió su aprobación. Este bloqueo procedimental no altera el marco fijado por la resolución 2797, los tres ciclos de negociaciones celebrados sobre la base del plan marroquí ni la dinámica internacional favorable a la autonomía. Con su actitud hostil, Rusia hiere al pueblo marroquí y hace un uso irresponsable de su derecho de veto.

El viernes 30 de octubre de 2026, el Consejo de Seguridad no adoptó el proyecto de resolución presentado por Estados Unidos sobre el Sáhara marroquí. El texto fue bloqueado por el veto de Rusia, miembro permanente. Sin embargo, el recuento fue de once votos a favor, uno en contra —el de Rusia— y tres abstenciones, las de China, Pakistán y Somalia. Para que una resolución salga adelante, necesita al menos nueve votos y que ningún miembro permanente ejerza su derecho de veto. Por tanto, el proyecto estadounidense fue bloqueado no por falta de apoyo, sino por un solo veto.

Al actuar así, Rusia optó por el bloqueo diplomático y el mantenimiento del statu quo. Sin embargo, aunque esta postura consiga retrasar la adopción formal del texto en Nueva York, resulta impotente ante la dinámica estratégica irreversible que se ha asentado sobre el terreno. El análisis del proyecto rechazado y de la abrumadora mayoría que se había formado en torno a él, con 11 votos favorables, demuestra que la iniciativa marroquí de autonomía se impone más que nunca como el único horizonte político.

La primera conclusión que se desprende del proyecto es que la propuesta de autonomía presentada por Marruecos se reconocía como el marco exclusivo de cualquier negociación futura. En la redacción sometida a votación, el discurso internacional daba un paso decisivo: la autonomía ya no se calificaba únicamente de «seria y creíble», sino que quedaba consagrada como la única base. El texto elogiaba los esfuerzos de mediación realizados por Estados Unidos y por el enviado personal del secretario general durante los tres ciclos de negociaciones directas celebrados en Washington y Madrid entre Marruecos, el Polisario, Argelia y Mauritania. Al establecer la propuesta marroquí como única referencia de las conversaciones, el Consejo pretendía cerrar la puerta a las opciones poco realistas y fijar definitivamente el marco político.

El texto rechazado por el veto ruso preveía una profunda transformación institucional: a partir del 1 de noviembre de 2026, la MINURSO pasaría a denominarse MINUSO (Misión de las Naciones Unidas en el Sáhara Occidental). La eliminación prevista del término «referéndum» —la «R» de la sigla histórica— suponía una clara ruptura jurídica. Los redactores del texto reconocían así que el proceso de referéndum había quedado obsoleto y proponían adaptar el formato y el personal de la misión a la realidad actual sobre el terreno.

Durante décadas, la propaganda de los adversarios de la integridad territorial del Reino ha intentado presentar al Polisario como representante exclusivo de la población saharaui. El proyecto de resolución cuestionaba ese relato al pedir al enviado personal que consultara a un grupo más amplio de interlocutores: cargos electos de las regiones de Laâyoune-Sakia El Hamra y Dakhla-Oued Ed-Dahab, actores de la sociedad civil, representantes de la diáspora y movimientos alternativos como el Movimiento Saharaui por la Paz. El texto también abordaba la opacidad mantenida en los campamentos de Tinduf, en territorio argelino. Ante el deterioro de las condiciones humanitarias, el proyecto exigía al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que completara, en un plazo estricto de seis meses, el registro de toda la población. Esta exigencia de transparencia, que debía cumplirse «sin injerencia de ninguna entidad», apuntaba directamente al Polisario y a Argelia para poner fin al riesgo de desvío de la ayuda internacional.

La obstrucción rusa, motivada por consideraciones que van mucho más allá del marco regional, solo retrasa el calendario en los pasillos del Consejo de Seguridad. Sin embargo, la señal diplomática y política es clara: primacía de la autonomía, obsolescencia del referéndum, apoyo unánime de los países africanos y consenso internacional en torno a la soberanía del Reino. Este veto concede un respiro artificial al régimen de Argel y al Polisario, pero no puede ocultar el callejón estratégico en el que se encuentran tras medio siglo de hostilidad. El rumbo está marcado: pese al retraso impuesto por la diplomacia rusa, el plan marroquí de autonomía sigue siendo la única vía hacia una solución política definitiva.

Queda pendiente la cuestión del mandato de la MINURSO, que, de facto, no ha sido prorrogado. La falta de renovación, provocada por el veto de Moscú, implica, en el mejor de los casos, que la misión funcione al mínimo bajo la gestión administrativa de la Secretaría General de las Naciones Unidas. Este bloqueo diplomático acelera, de hecho, la obsolescencia de su formato. En este punto, como en tantos otros, el veto ruso plantea interrogantes.

Por Tarik Qattab
El 30/10/2026 a las 19h59