La última ocurrencia llega desde España. Después de las disputas políticas en torno al Mundial de 2030 y las muestras de apoyo a Sebta en varios estadios del país, militantes de la derecha radical española han encontrado un nuevo objetivo: el Real Madrid. Acusan al club madrileño de haber querido impedir la entrada de banderas españolas y pancartas de apoyo a Sebta en el Santiago Bernabéu con motivo del partido de la Liga de Campeones contra el Inter de Milán.
El Real Madrid consideró la acusación lo bastante grave como para responder oficialmente. En un comunicado, el club asegura que es «totalmente falso» que se hayan dado instrucciones para prohibir en el Bernabéu las banderas españolas o las de las comunidades y ciudades autónomas.
El Real recuerda que su reglamento respeta la legislación vigente y que todas las banderas oficiales españolas han estado siempre permitidas en su estadio «sin ninguna restricción».
El asunto podría haber terminado ahí. Sin embargo, detrás de esta polémica sobre las banderas se esconde una campaña mucho más virulenta. Y tiene un nombre: Anas Laghrari.
Desde hace varios meses, el franco-marroquí, cercano a Florentino Pérez, se ha convertido en una figura recurrente de los ataques contra la dirección del Real Madrid. Su proximidad al presidente blanco es conocida y nunca se ha ocultado. Especialista en finanzas, Laghrari participa desde hace años en algunos de los grandes proyectos económicos del club, especialmente los relacionados con la financiación de la remodelación del Santiago Bernabéu y la reflexión sobre el futuro modelo económico del Real Madrid.
En las redes sociales, no obstante, esa cercanía profesional y personal ha ido transformándose en algo muy distinto. Algunas cuentas llegan a presentar a Laghrari como el hombre que controlaría a Florentino Pérez desde la sombra. Sus orígenes marroquíes se destacan sistemáticamente, como si bastaran por sí solos para demostrar la existencia de una agenda oculta dentro del mayor club español.
Las acusaciones han adquirido un cariz todavía más radical durante las últimas horas. Algunos militantes presentan ahora a Laghrari como el responsable de haber impedido cualquier manifestación de apoyo a Sebta en el Bernabéu. Otros van mucho más lejos y lo acusan directamente de «sabotear» al Real Madrid y su estadio para favorecer la candidatura del Gran Estadio Hassan II de Casablanca como sede de la final del Mundial de 2030.
En otras palabras, un financiero de origen marroquí asesoraría al presidente del Real Madrid mientras trabajaría desde la sombra para privar al Bernabéu del partido más prestigioso del planeta. Una teoría espectacular. El problema es que no existe ningún elemento serio que la respalde.
La prensa madrileña cuenta incluso exactamente lo contrario respecto a la final del Mundial. El pasado mes de julio, AS publicó que el Real Madrid, con Florentino Pérez «al frente», se había movilizado desde muy pronto para conseguir que la final de 2030 se celebrara en el Santiago Bernabéu.
Existe otro elemento que tampoco encaja con el relato de un Florentino Pérez supuestamente manipulado por su asesor marroquí. El propio presidente del Real Madrid habló públicamente sobre Laghrari la pasada primavera.
Preguntado por la influencia atribuida al franco-marroquí, Florentino Pérez nunca negó su cercanía. Todo lo contrario. «Vi nacer a Anas. Es como un hijo para mí y su padre era como un hermano», explicó en una entrevista concedida a El País. Describió a su asesor como un hombre dotado de una «inteligencia privilegiada» y precisó que estaba allí para ayudarlo.
En otra entrevista recogida por AS, Florentino Pérez también quiso rebajar su papel a unas proporciones mucho menos misteriosas que las descritas en las redes sociales. «Simplemente nos ayuda», afirmó. El presidente madrileño precisó que Laghrari aportaba su experiencia en cuestiones tecnológicas y que no era quien dirigía la política deportiva del club.
Eso no significa que Laghrari sea una figura secundaria. El Confidencial lo describe, por el contrario, como uno de los hombres de confianza de Florentino Pérez y le atribuye un peso importante en varias de las grandes operaciones financieras del Real Madrid. Su influencia llegó incluso a convertirse en uno de los temas de la última campaña electoral por la presidencia del club.
Pero una cosa es tener acceso directo al presidente y otra dirigir el Real Madrid en su lugar. Y todavía existe un abismo mayor entre asesorar a Florentino Pérez y organizar desde la sombra el sabotaje del Bernabéu en beneficio de Casablanca.
Algunos militantes de la derecha radical española atraviesan alegremente ese abismo. Y siempre colocan el mismo elemento en el centro de su relato: los orígenes marroquíes de Laghrari.
El financiero nació en Marruecos y mantiene antiguos vínculos con Florentino Pérez a través de sus respectivas familias. El propio presidente madridista contó que el padre de Anas, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, era un amigo muy cercano con quien había trabajado en Marruecos. Esa relación explica en parte la confianza que une hoy a ambos hombres.
También conviene recordar otro hecho especialmente incómodo para la teoría del «sabotaje» marroquí. Ya en mayo de 2025, AS reveló que ACS, el grupo presidido por Florentino Pérez, no era candidato a construir el Gran Estadio Hassan II de Casablanca. El mismo estadio que, sin prueba alguna, Laghrari es acusado ahora de querer favorecer en detrimento del Bernabéu.
Ante la ausencia de pancartas de apoyo a Sebta en el Bernabéu, algunos quisieron encontrar una explicación. Podrían haberse limitado a examinar el funcionamiento del estadio o a pedir explicaciones al club. Prefirieron mirar al otro lado del Estrecho y señalar a Laghrari.
El Real Madrid respondió sin rodeos: las banderas españolas y las de las comunidades y ciudades autónomas no están prohibidas en el Santiago Bernabéu.
Queda así la extraña situación de que uno de los clubes más emblemáticos de España tenga que asegurar públicamente que no prohíbe la bandera española en su propio estadio, mientras uno de los hombres de confianza de su presidente es acusado de trabajar contra el Real Madrid y contra el Bernabéu por ser de origen marroquí.
En el fondo, el episodio va mucho más allá del caso Laghrari. Refleja, sobre todo, la facilidad con la que Marruecos aparece en determinados debates en España. ¿Falta una pancarta en el Bernabéu? Marruecos. ¿Las decisiones de Florentino Pérez? Otra vez Marruecos. ¿Los problemas del estadio? Siempre Marruecos. De tanto buscar una mano marroquí detrás de cada contratiempo, algunos terminan revelando, sobre todo, su propia obsesión. Y esta, al contrario que las acusaciones lanzadas contra Laghrari, tiene ya muy poco de oculta.
