En un comunicado fechado el domingo 30 de agosto, el Ministerio argelino de Defensa sorprendió al anunciar el envío, por primera vez, de aviones militares a Niamey para apoyar a las autoridades nigerinas, que el sábado 29 de agosto frustraron un intento de golpe de Estado militar. «Tras los lamentables acontecimientos ocurridos recientemente en la capital nigerina, Niamey, en un intento de desestabilizar el país, y en respuesta a la petición de las autoridades nigerinas, el general de Ejército Saïd Chengriha, ministro delegado ante el ministro de Defensa Nacional y jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional Popular, ordenó el envío de dos patrullas de cazas Sukhoi Su-30 —cuatro aviones— en una misión de apoyo al Ejército nigerino para hacer frente a este intento de desestabilización del país hermano de Níger», señala el comunicado del Ministerio argelino de Defensa, que añade que la decisión se tomó siguiendo instrucciones del presidente Abdelmadjid Tebboune.
Sin embargo, el lunes 31 de agosto, la Presidencia argelina publicó su propio comunicado, en el que informó de que Tebboune había mantenido ese mismo día una conversación telefónica con el presidente nigerino. El mandatario argelino habría garantizado a su homólogo, Abdourrahmane Tiani, el pleno respaldo de Argelia «en todos los ámbitos». El general Tiani escapó a un intento de golpe de Estado militar urdido durante la noche del viernes al sábado. La asonada fue frustrada gracias a la intervención decisiva de los militares del Africa Corps, dependiente del Ministerio ruso de Defensa.
Según un comunicado publicado el domingo por el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores, estas fuerzas pusieron rápidamente fin al motín y restablecieron el orden en la capital nigerina. Argel, que acababa de recibir los días 26 y 27 de agosto al primer ministro de Níger, Mahamat Lamine Zeine, aprovechó la ocasión para respaldar a las autoridades nigerinas enviando aviones militares, entre ellos cuatro aparatos de combate. Se trata de un gesto sin precedentes, pues rompe con la doctrina mantenida hasta ahora por Argelia de no desplegar a su Ejército fuera de sus fronteras.
Aunque la intervención militar argelina en Niamey sea simbólica y persiga principalmente un efecto propagandístico, lo cierto es que este inédito despliegue de aviones militares en Níger contradice la postura proclamada reiteradamente por el régimen de Argel, que asegura rechazar cualquier forma de intervención militar extranjera en los países del Sahel o de injerencia en sus asuntos internos.
Una vez más, Argel deja al descubierto sus incoherencias al apoyar a unas autoridades que consideraba ilegítimas hace apenas tres años, cuando condenó con dureza al general Tiani por el golpe de fuerza de julio de 2023 contra el entonces presidente electo del país, Mohamed Bazoum. A su vez, Argelia fue acusada de injerencia en los asuntos internos de Níger, lo que desencadenó una crisis abierta con Niamey.
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Argelia también se opuso a la intervención militar planteada por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), organización de la que no forma parte y cuyos estatutos contemplan la posibilidad de restablecer militarmente el poder legítimo en uno de sus países miembros en caso de golpe de Estado. Atrapada en sus propias contradicciones, la diplomacia argelina afirmó haber recibido de Niamey el encargo de mediar entre las nuevas autoridades militares y la CEDEAO. Níger lo desmintió tajantemente, dejando en una posición embarazosa al ministro argelino de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, por aquella mentira manifiesta.
¿Cómo ha pasado un país que convirtió la no intervención militar en uno de sus principios fundamentales —hasta el punto de no haber enviado nunca un solo casco azul a las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU— a quebrantar de repente sus propios principios e intervenir militarmente allí donde menos se esperaba?
Es cierto que la Constitución argelina, reformada en 2020 tras un referéndum ampliamente boicoteado por los electores, abrió la puerta al posible despliegue de tropas argelinas en el extranjero bajo determinadas condiciones, especialmente en misiones de paz auspiciadas por la ONU, la Unión Africana o la Liga Árabe. Las operaciones denominadas «antiterroristas» también pueden justificar el envío de militares argelinos más allá de las fronteras de los países vecinos.
Sin embargo, en virtud del artículo 91 de la Constitución de 2020, cualquier despliegue militar fuera de las fronteras debe recibir previamente la aprobación de dos tercios de los miembros del Parlamento argelino. Todo indica que el envío de los aviones de combate a Níger se llevó a cabo sin respetar este procedimiento constitucional. Este brusco cambio de postura del régimen de Argel, plasmado en su intervención militar en Níger, se inscribe en la nueva lógica de la diplomacia argelina, que ahora multiplica los gestos para congraciarse con sus vecinos del Sahel.
Después de varios años de crisis y desencuentros diplomáticos con Mali y Níger, no puede descartarse que Argelia, en su nueva postura, se vea obligada a retirar su apoyo, declarado o encubierto, a determinados grupos separatistas y terroristas, principales focos de la inestabilidad que atraviesa actualmente el Sahel. Ese doble juego de Argel, que respalda al mismo tiempo a las autoridades establecidas y a sus enemigos, constituye el nudo gordiano de sus desacuerdos con los países vecinos. El fortalecimiento de la presencia militar rusa en el Sahel tampoco es ajeno a los giros que Argelia está dando en la región.
El 9 de julio de 2026, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, visitó Niamey, donde reafirmó especialmente el respaldo militar de su país a la Alianza de Estados del Sahel (AES), integrada por Mali, Níger y Burkina Faso, países con los que Moscú ha firmado acuerdos de defensa. La visita de Lavrov se enmarcó en la segunda sesión de consultas entre el jefe de la diplomacia rusa y sus homólogos de la AES.
Los Estados de la AES, y especialmente Mali, han acusado reiteradamente a Argelia de ser el «padrino del terrorismo» en el Sahel. Lavrov tampoco dejó pasar la ocasión de aludir a estas acusaciones. Durante una rueda de prensa celebrada en octubre de 2025, criticó indirectamente el apoyo de Argel a los rebeldes tuaregs de Mali al recordar a los argelinos que las fronteras de su país son «artificiales», pues fueron trazadas arbitrariamente con regla y cartabón por la colonización.
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La reprimenda de Serguéi Lavrov sacudió duramente al régimen de Argel, que pocas semanas después se apresuró a recibir con todos los honores al general Abdourrahmane Tiani, a quien ahora acaba de acudir en auxilio junto con los paramilitares rusos a los que hasta ayer criticaba y calificaba de mercenarios.
Al alinearse ahora con la estrategia rusa en el Sahel, Argelia también intenta, según algunos observadores, aprovechar el «espectacular» despliegue de uno de sus escuadrones en Níger para contrarrestar la influencia de Marruecos en la región.
