Matthieu Ghadiri, exagente del contraespionaje francés infiltrado en Irán: «Argel sirvió de palanca a Teherán para penetrar en las redes criminales argelinas en Francia»

Matthieu Ghadiri, el 5 de noviembre del 2024. (Foto: Nicolas Pagès para RFI)

El 11/08/2026 a las 08h55

En esta segunda parte de la entrevista, Matthieu Ghadiri relata la misión que le encomendó la DST francesa, la «leyenda» que construyó como futuro abogado y militante del Partido Socialista francés, y el acercamiento entre los servicios de inteligencia iraníes y argelinos. El exagente arroja luz sobre los discretos vínculos tejidos entre ambos aparatos y describe una cooperación basada, según afirma, en el intercambio de favores, las operaciones clandestinas y la proyección de influencia en Europa y África, especialmente desde 2005.

Nacido en Teherán y llegado a Francia para cursar estudios superiores, Matthieu Ghadiri pertenece a esa generación de iraníes cuya trayectoria se vio trastocada por la revolución islámica de 1979. Su vida dio un giro decisivo a mediados de la década de 1980, cuando la Dirección de Vigilancia del Territorio, la antigua DST, le encomendó infiltrarse en los servicios de inteligencia de la República Islámica. Para atraer su atención, adoptó la tapadera de un joven franco-iraní destinado a ejercer como abogado, militante del Partido Socialista y familiarizado con los asuntos de Oriente Próximo.

Aquella experiencia clandestina, anterior a una larga carrera en la Policía Nacional francesa, le permitió observar desde dentro los métodos de captación, las redes de influencia y las transformaciones del aparato iraní. Jubilado tras cuarenta años de servicio y condecorado con la Medalla de Honor de la Policía Nacional, aborda en esta segunda entrega un capítulo menos conocido de esta historia, los vínculos establecidos entre Teherán y Argel.

¿Cómo se produjo el acercamiento entre ambos aparatos? ¿Qué intereses guiaron su cooperación? ¿Hasta dónde convergen sus estrategias y dónde comienzan sus recelos mutuos? Matthieu Ghadiri ofrece su testimonio y su análisis.

Le360: ¿qué objetivos perseguía Francia al pedirle que se infiltrara en los servicios de inteligencia de la República Islámica?

Matthieu Ghadiri: Teníamos tres objetivos. El primero era comprender el funcionamiento del Ministerio de Inteligencia iraní. El segundo consistía en identificar sus objetivos en Europa y, particularmente, en Francia. El tercero era localizar a sus agentes activos o durmientes en territorio francés. Fue en ese contexto cuando salió a la luz el papel desempeñado por Argelia ante los servicios iraníes.

En aquella época, Francia fue el primer país occidental que consiguió una infiltración de semejante nivel en los servicios iraníes. Las autoridades francesas conocían todavía muy poco la organización del Ministerio de Inteligencia iraní, creado tras la llegada al poder del ayatolá Jomeini, así como sus métodos de captación y su cadena de mando.

Después de la revolución, Yaser Arafat fue uno de los primeros dirigentes que viajó a Irán. Propuso a Jomeini ayudar a las nuevas autoridades a crear un servicio de inteligencia con el apoyo de los servicios sirios. Jomeini, a quien Arafat no le agradaba demasiado —decía que era un mal musulmán y no lo consideraba suficientemente antioccidental—, rechazó la oferta y prefirió recurrir directamente a los soviéticos. Los servicios soviéticos contribuyeron, por tanto, a la formación inicial del aparato iraní. Posteriormente, este trató de captar agentes en países occidentales, especialmente en Francia. Mi función consistía en despertar su interés y conseguir que se acercaran a mí.

¿Cómo logró atraer la atención de los reclutadores iraníes?

Tenía que construir lo que nosotros denominamos internamente una «leyenda», es decir, una identidad creíble, coherente y lo bastante interesante como para que los servicios adversarios quisieran captarme. Mi tapadera, que hoy puedo revelar, era la siguiente: había terminado mis estudios y preparaba el certificado de aptitud para ejercer la abogacía, el CAPA. Conseguí que me contrataran en un bufete y, paralelamente, militaba en el Partido Socialista.

Fui asumiendo progresivamente responsabilidades relacionadas con Oriente Próximo, hasta formar parte del equipo encargado de esa región en la sede de la calle Solférino.

Para los servicios iraníes, mi perfil era sumamente atractivo: un joven franco-iraní, futuro abogado, integrado en la sociedad francesa, militante del Partido Socialista y especializado en Oriente Próximo. Creían estar captando a alguien capaz de penetrar de forma duradera en los círculos políticos franceses. Así fue como se acercaron a mí.

Los servicios iraníes buscaban captar en Francia a dos tipos de personas. El primero estaba compuesto por agentes operativos, capaces de recopilar información o ayudar a preparar determinadas acciones. El segundo, igualmente importante y al que yo pertenecía, era el de los agentes de influencia. Estos debían abrir puertas, transmitir análisis y defender las posiciones iraníes sin aparecer como representantes oficiales de Teherán.

¿Cuál fue una de las primeras misiones que le encomendaron los servicios iraníes?

Hay que recordar que nos encontrábamos en plena guerra entre Irán e Irak. La mayoría de la clase política francesa apoyaba entonces al Irak de Sadam Husein. Sin embargo, una parte de la izquierda francesa había recibido favorablemente la revolución de Jomeini. Algunos intelectuales la veían como una revolución antiimperialista y un movimiento de liberación. Todavía no habían comprendido la naturaleza del régimen que se estaba instaurando.

Una de mis primeras misiones consistió en acercarme a personalidades próximas al poder francés y convencerlas de que apoyaran a Irán en su guerra contra Sadam Husein. A ojos de Teherán, demostré inicialmente mi valía captando a intelectuales, periodistas, abogados y responsables políticos franceses. No se les pedía necesariamente que se convirtieran en espías en el sentido clásico, sino que actuaran como transmisores de los intereses de Irán en Francia. Bastaba con que defendieran los intereses de Teherán, legitimaran su política o influyeran en el debate público a su favor.

Un día, mis contactos iraníes me explicaron que debía acercarme a toda costa a François de Grossouvre, entonces asesor de François Mitterrand. Consideraban que su postura en la guerra entre Irán e Irak era menos favorable a Sadam Husein. Querían comprender el equilibrio de fuerzas dentro del círculo más cercano de Mitterrand, pero también encontrar personalidades capaces de modificar la política de París. Pensaron que François de Grossouvre podía desempeñar ese papel.

¿Lo hizo?

Responderé sin entrar en detalles. François Mitterrand trató, efectivamente, de acercarse al Irán de Jomeini. En 1989 llegó incluso a plantearse viajar al país, aunque la visita finalmente no se produjo.

Hablemos de Argelia. ¿Cómo descubrieron los servicios franceses que Teherán recurría en Francia o Europa a la delincuencia argelina o de países de Europa del Este para llevar a cabo operaciones clandestinas?

Los argelinos aparecieron más tarde, a partir de 2004-2005. Para que los lectores puedan comprenderlo, permítame retroceder al periodo anterior. Cuando los mulás llegaron al poder, todavía no disponían de redes operativas suficientemente sólidas en Occidente. Sin embargo, necesitaban asesinar a determinados opositores, cometer atentados u organizar secuestros.

Su método consistía en subcontratar las operaciones a estructuras ya implantadas en Europa y que disponían de armas, alojamientos, documentación falsa y vías de huida. Los iraníes recurrieron o solicitaron los servicios de grupos palestinos como el FPLP, armenios como el Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia —ASALA—, alemanes, italianos, vascos y otras organizaciones europeas. También trabajaron con individuos próximos a grupos de extrema izquierda como Acción Directa.

Las primeras eliminaciones de opositores a Jomeini ilustran este método, utilizado por Teherán durante una década en Francia, Europa y otros continentes. Citaré el caso más emblemático, el de Shapur Bajtiar, último primer ministro del sah, quien sobrevivió en 1980 a un primer intento de asesinato perpetrado por un comando a sueldo de Teherán y dirigido por el libanés Anis Naccache.

En 1991 fue asesinado por un equipo de dos terroristas iraníes enviados desde Teherán. Contaron con la ayuda de un agente infiltrado del Ministerio de Inteligencia de los mulás, que se había convertido en estrecho colaborador de Bajtiar. Al cabo de siete años, aquel hombre, que además tenía un vínculo familiar con él, se había convertido en su mano derecha. Por desgracia, hubo muchas otras eliminaciones similares en Francia y Europa.

A mediados de la década de 1990, los servicios iraníes crearon sus propias redes en Europa. Estructuraron su presencia en Francia y dejaron de recurrir a la subcontratación. Esa etapa coincidió también con la progresiva desaparición de los grupúsculos de extrema izquierda que perpetraban operaciones terroristas en Europa.

La nueva estructura operativa creada por la Fuerza Al Quds y los servicios iraníes estaba integrada principalmente por iraníes, pero también por estudiantes extranjeros, sobre todo africanos, argelinos o tunecinos. Para cada operación llegaba un agente desde Teherán, utilizaba las redes durmientes ya implantadas y regresaba después a Irán. No obstante, pudimos determinar que, dentro de aquel nuevo dispositivo, el cuartel general de las operaciones se encontraba en Estambul. Turquía siempre ha sido una importante retaguardia para los servicios iraníes.

Posteriormente, Irán decidió de manera repentina dejar de enviar a sus agentes a Francia y Europa.

Fue entonces cuando se produjo un acercamiento entre los servicios iraníes y los de países «amigos» como Argelia, Rusia y otros Estados de Europa del Este. A partir de 2004-2005, los servicios iraníes comenzaron a recurrir a la delincuencia organizada procedente de esos países, especialmente a la argelina implantada en Francia y Europa, cuyas redes eran manipuladas y controladas por los servicios de inteligencia de sus países de origen.

Afirma que Irán dejó «repentinamente» de enviar a sus agentes. ¿Por qué? ¿Llevaron a cabo los servicios franceses operaciones de gran envergadura que permitieron desmantelar esas redes en territorio francés?

Efectivamente, conseguimos detener a un gran número de agentes durmientes. Los servicios iraníes cambiaron su modus operandi y recurrieron a Argelia, Rusia y otros pequeños países europeos cuando comprendieron que los espías llegados de Irán cometían errores inverosímiles. No hablaban bien francés y llamaban la atención allí donde se suponía que debían pasar inadvertidos.

Por ejemplo, uno de los tres hombres detenidos tras el asesinato de Shapur Bajtiar solo hablaba persa. Los tres agentes fueron arrestados después del crimen. Acudieron a la estación de Lyon, en París, para comprar billetes con destino a Annecy, una ciudad próxima a la frontera suiza. Su objetivo era llegar después a Ginebra para ser evacuados. Pero pronunciaban tan mal el nombre de Annecy que la empleada de la taquilla les vendió billetes para Nancy, cerca de la frontera alemana. El error les hizo perder unas diez horas y permitió a los investigadores ganar un tiempo precioso.

Los dirigentes iraníes comprendieron que aquel método era peligroso, costoso y podía comprometer a sus redes durmientes. Cada detención permitía a los servicios occidentales llegar hasta otros agentes y comprender mejor la organización iraní. Se puede preparar una operación durante años y disponer de una red internacional, pero perderlo todo porque un ejecutor pronuncia mal el nombre de una ciudad. El trabajo de inteligencia también está hecho de esta clase de detalles.

¿Recurrió Irán a Argelia tras los contratiempos sufridos por sus agentes?

Sí. Irán buscó un modelo que implicara una menor exposición. Sabía que en Francia viven millones de argelinos y optó por recurrir a la delincuencia organizada como nueva vía para subcontratar sus operaciones clandestinas. Los mandos iraníes podían captar así a delincuentes comunes que no mantenían necesariamente ningún vínculo ideológico con la República Islámica. Se les pagaba para matar, vigilar un objetivo o transportar material Se les pagaba para matar, vigilar un objetivo o transportar material [Matthieu Ghadiri describe el mismo método utilizado por Argel en intentos fallidos de eliminar a Amir DZ, Hichem Aboud y Abdou Semmar, N. de la R.].

Este método ofrecía mayores posibilidades de negar cualquier implicación. Si los ejecutores eran detenidos, las autoridades iraníes podían alegar que se trataba de un ajuste de cuentas o de una operación criminal sin dimensión política.

¿Cómo entraron los servicios argelinos en este nuevo engranaje?

Argel sirvió de palanca a Teherán para penetrar en las redes criminales argelinas implantadas en Francia y otros países, y subcontratar operaciones clandestinas. Los iraníes consideraban que los servicios argelinos conocían muy bien la delincuencia organizada argelina presente en Francia y Europa. Pensaban que podían vigilar, manipular u orientar a algunas de esas redes.

A partir de 2005, varias operaciones atribuidas a la República Islámica fueron subcontratadas a miembros de la delincuencia organizada argelina. Para Teherán, la ventaja era evidente: podía disponer de redes ya implantadas en Europa, conocedoras del terreno, los barrios, los circuitos criminales y los medios para conseguir armas o documentación falsa. Los servicios iraníes evitaban así exponer directamente a sus agentes. A cambio, los servicios argelinos podían obtener contrapartidas políticas, de seguridad u operativas.

¿Puede afirmar que los servicios argelinos participaron en este procedimiento operativo? ¿Por qué Irán no captó directamente a miembros de la delincuencia magrebí en Francia sin pasar por Argel?

Porque la Fuerza Al Quds y los servicios de inteligencia iraníes no podían enviar a sus hombres y pedirles que captaran allí mismo a los ejecutores. Era demasiado peligroso y, además, complicado. Tampoco podían encomendar semejante misión a sus agentes durmientes sin correr el riesgo de quemarlos.

Captar agentes operativos para cometer delitos o llevar a cabo una misión criminal requiere mucho tiempo y un conocimiento perfecto de los círculos mafiosos. Ahí es donde los servicios argelinos actuaron como una palanca eficaz para poner en contacto a los servicios iraníes con la delincuencia argelina en Francia.

Existe un documento secreto al respecto. Será publicado próximamente en un libro escrito conjuntamente por los excelentes periodistas Emmanuel Razavi y Jean-Marie Montali. Este documento, intercambiado entre los servicios iraníes y argelinos, precisa el marco de esta colaboración y menciona las facilidades aportadas por los servicios argelinos para acercarse a la diáspora argelina en Francia. Habrá que esperar a la publicación del libro del gran reportero Emmanuel Razavi y de su compañero Jean-Marie Montali.

Esperemos, pues, pacientemente la publicación del próximo libro de Emmanuel Razavi y Jean-Marie Montali, grandes amigos de Le360… Tras la caída de la Siria de los Asad, ¿puede afirmarse que Argelia es el último bastión proiraní del mundo árabe?

Sí. El acercamiento entre los servicios argelinos e iraníes no es nuevo. Se sustenta en intereses comunes, en cierta proximidad geopolítica y en una hostilidad compartida hacia varios aliados de Occidente.

Histórica y políticamente, Argelia se ha situado durante mucho tiempo en un campo opuesto al de las potencias occidentales. También dispone de servicios de inteligencia muy activos en el Magreb, África y Europa. Para los iraníes, esa capacidad representa una importante ventaja.

¿Cuál es el principio fundamental de esta cooperación?

La relación se basa en el intercambio de favores. Ninguno de los dos Estados regala nada al otro. Cada uno presta un servicio y espera recibir algo a cambio. Además de la cuestión de la diáspora argelina en Francia, ha habido varios «dossieres» entre los dos aparatos.

Durante la década de 1990, Argelia pidió ayuda a Irán en plena guerra civil, durante la Década Negra. Teherán jugaba a dos bandas. Mantenía contactos con los servicios argelinos, pero también se interesaba por los grupos islamistas armados. En el fondo, los mulás veían con buenos ojos la posibilidad de que surgiera una República Islámica en Argelia. Sin embargo, tampoco querían romper con el poder argelino. Oficialmente, Irán afirmaba que no intervenía.

No obstante, algunas informaciones apuntaron a la existencia de ayudas financieras indirectas a determinados grupos. El sistema consistía en multiplicar los intermediarios: Irán entregaba el dinero a una persona, esta se lo pasaba a otra y una tercera terminaba haciéndolo llegar al grupo correspondiente. Con frecuencia aparece como intermediario una organización como Hezbolá. Teherán evita así aparecer directamente implicado, mientras Argel puede mantener oficialmente las distancias.

En el dosier del Polisario, el servicio prestado por Argel consiste, entre otras cosas, en permitir el acceso al movimiento. Durante décadas, este ha proporcionado hombres, incluidos sus mejores elementos, para guerras híbridas en Oriente Próximo, especialmente en los frentes sirio, libanés y palestino. Actualmente, el Polisario es utilizado como un caballo de Troya en el Sahel. Ayuda a Irán a implantar sus servicios entre grupúsculos terroristas [véase la primera parte de la entrevista, dedicada al Polisario]. A cambio, Irán proporciona financiación, formación, equipamiento y conocimientos especializados en guerra asimétrica.

En el dosier de África subsahariana, Argelia ha ayudado considerablemente a la Fuerza Al Quds a extender sus redes por el continente africano. Los servicios argelinos pueden facilitar el acceso a sus redes presentes en África y proporcionar información y medios técnicos.

Esta cooperación no implica una confianza absoluta. Al contrario, cada parte vigila a la otra y procura no cederle demasiado poder.

Afirma que Argelia se mantiene en guardia. ¿Cree que Irán no juega limpio y que existe el riesgo de que Teherán pueda volverse algún día contra ella?

Efectivamente. Que yo sepa, Abdelaziz Buteflika fue el primer y único presidente argelino que hizo sonar verdaderamente la alarma. Al parecer, le preocupaba el avance de la influencia chií iraní en Argelia. Le había impresionado la cantidad de argelinos formados en Irán que regresaban después a su país para predicar el islam chií y difundir la doctrina política de la República Islámica.

Estas personas solían pasar varios años en Qom. Hablaban persa, dominaban las referencias ideológicas del régimen y habían recibido apoyo económico durante su formación.

Buteflika comprendió que aquella red podía convertirse en un peligro para la propia Argelia. La cooperación entre dos servicios de inteligencia no impide que uno de los socios intente penetrar en la sociedad del otro.

¿Cómo extendió la Fuerza Al Quds sus redes más allá de Oriente Próximo?

La Fuerza Al Quds depende de los Guardianes de la Revolución, no del Ejército iraní ni del Ministerio de Inteligencia. Se ocupa exclusivamente de los intereses iraníes en el extranjero. Comenzó creando organizaciones en Oriente Próximo. El Hezbolá libanés sirvió como modelo. Posteriormente fueron creados o respaldados otros grupos, como las Fuerzas de Movilización Popular en Irak, los Fatemiyoun en Afganistán, los Zainebiyoun en Pakistán y los hutíes en Yemen. Son grupos interpuestos que han prosperado.

La Fuerza Al Quds extendió después sus actividades a África, América Latina y Europa. No pretende necesariamente crear en todas partes una organización idéntica a Hezbolá. Adapta sus métodos a cada región.

La Fuerza Al Quds se ha convertido progresivamente en un Estado dentro del Estado. Desde la muerte de Jomeini, los Guardianes de la Revolución han reforzado su control sobre la vida política, económica, militar y diplomática de Irán.

En África y América Latina, Hezbolá se ha apoyado en importantes diásporas libanesas. Ha utilizado redes familiares, comerciales y financieras implantadas desde hace décadas. Estas redes permiten crear sociedades, abrir casas de cambio, transferir dinero y acoger a dirigentes llegados desde Líbano o Irán.

La presencia de los Guardianes de la Revolución es muy importante en los países del Magreb, África, América Latina y Oriente Próximo. Varios agentes trabajan bajo cobertura diplomática.

En Europa, el Ministerio de Inteligencia iraní ocupa un lugar más visible, pero los Guardianes conservan su poder de supervisión. Cualquier persona destinada en París, Roma o Fráncfort debe obtener su aprobación.

Las embajadas, por tanto, no son meras representaciones diplomáticas. También sirven como plataformas de inteligencia, influencia y coordinación.

¿Cómo financia Irán esta actividad mundial pese a las sanciones internacionales?

Las donaciones de las diásporas no son suficientes. Los iraníes financian sus actividades secretas con el dinero de la droga. La Fuerza Al Quds y Hezbolá han tejido vínculos con organizaciones criminales de América del Sur. Según la información que hemos recabado, ambas organizaciones han utilizado estas redes para participar en el tráfico de cocaína y su traslado a Europa.

Los ingresos procedentes de estas actividades contribuyen a financiar operaciones clandestinas, organizaciones aliadas y programas militares. De este modo, la delincuencia organizada se convierte en un instrumento de la política exterior iraní.

Los Guardianes de la Revolución han creado sociedades pantalla en numerosos países, entre ellos Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Turquía, Hong Kong, Malasia e Indonesia. Oficialmente, estas empresas se dedican a la importación y exportación. Pueden vender petróleo o gas iraní, adquirir productos por cuenta del régimen o hacer transitar fondos.

También han creado decenas de casas de cambio, especialmente en Dubái, Turquía, Qatar y Hong Kong. Como Irán no tiene un acceso normal al sistema bancario internacional, estas estructuras sirven para mover el dinero.

La red financiera iraní en África no es reciente. Existe desde hace treinta años. Las empresas, las casas de cambio y las redes libanesas constituyen la infraestructura invisible de la proyección iraní.

El régimen también recurre a transferencias informales, a las redes comerciales de la diáspora libanesa y al transporte de dinero en efectivo. Los circuitos se fragmentan deliberadamente para impedir que una operación permita remontarse fácilmente hasta la Fuerza Al Quds.

Después de observar este sistema durante varias décadas, ¿cree que la República Islámica puede reformarse?

No. Lo que sucede en Irán me preocupa profundamente. Tengo dos patrias, Irán y Francia, y sigo profundamente vinculado a ambas. No creo que el régimen pueda cambiar su naturaleza. Su doctrina consiste en derrocar las monarquías, expulsar la influencia occidental de Oriente Próximo, aniquilar a Israel y enfrentarse después a las democracias occidentales.

Esta lógica no es una deriva pasajera, sino que forma parte del propio sistema. Es el programa de la Revolución, recogido negro sobre blanco en el libro-testamento dejado por Jomeini, que cualquiera puede leer. La Fuerza Al Quds, los grupos interpuestos, las redes clandestinas y la influencia religiosa son los instrumentos de esta doctrina.

Una parte de la izquierda occidental continúa creyendo que el régimen puede evolucionar. Pienso que se equivoca. Mientras este sistema siga en pie, no habrá una paz duradera en Oriente Próximo ni estabilidad regional.

Los países del Golfo están amenazados, Israel está amenazado, Occidente está en el punto de mira y el propio Marruecos se ve afectado por la estrategia iraní en el Magreb y el Sahel. Este régimen debe desaparecer políticamente para que Irán pueda volver a ser un país normal y recuperar su lugar entre las naciones.

Tras cuarenta años de servicio, ¿cómo es su vida actualmente?

Ahora estoy jubilado de la Policía Nacional y soy un abuelo feliz. En 2024 publiqué mis memorias, con la ayuda de Stéphane Joahny, bajo el título «Notre agent iranien». Tuve el honor de recibir la Medalla de Honor de la Policía Nacional. En aquella ocasión declaré: «Francia no me debe nada. Soy yo quien se lo debe todo a Francia. Pero me alegra comprobar que Francia no olvida a quienes la han servido».

Nunca consideré que servir a Francia significara renunciar a Irán. Al contrario. Serví a Francia porque me había acogido y combatí a la República Islámica porque quería defender al verdadero Irán.

Durante todos mis años en activo, mi fuerza fue tener dos patrias, conocer dos culturas y comprender dos mentalidades. Según mis compañeros, esa doble pertenencia me permitió convertirme en un buen agente.

Por Karim Serraj
El 11/08/2026 a las 08h55