El Círculo de Empresarios pasa de cortejar a Marruecos a dictarle su política migratoria

Miembros del Círculo de Empresarios durante una visita en Rabat.

El 15/09/2026 a las 14h00

Menos de tres meses después de recorrer el Reino en busca de oportunidades de inversión, la organización defiende que la cooperación es «la mejor, cuando no la única opción», pero introduce acusaciones sobre una supuesta «interferencia del islamismo», habla de una vulneración de la integridad territorial y pretende condicionar la relación bilateral.

El Círculo de Empresarios ha necesitado apenas cuatro páginas para presentar a Marruecos como socio comercial indispensable, guardián de la frontera europea, «colchón geopolítico» frente al Sahel y país bajo sospecha. La organización reclama un enfoque «informado y meditado», pero construye su análisis con acusaciones sin desarrollar, conexiones sin demostrar y conceptos de enorme gravedad política.

La contradicción atraviesa toda su declaración institucional. El Círculo afirma que «España y Marruecos son una realidad permanente el uno para el otro», que la cooperación constituye «la mejor, cuando no la única opción» y que «la prosperidad compartida» ofrece el único equilibrio estable entre los dos vecinos. Pero, casi al mismo tiempo, califica lo ocurrido en Sebta de «política y jurídicamente inaceptable», sostiene que la relación se ha visto afectada y sentencia que el episodio «es destructivo». Con una mano reclama confianza. Con la otra instala la sospecha.

De las oportunidades al reproche político

El cambio de tono resulta todavía más llamativo porque el Círculo recorrió Marruecos a finales de junio, menos de tres meses antes de publicar este documento. Una delegación encabezada por su presidente, Juan María Nin Génova, visitó Tánger, Rabat y Casablanca dentro del programa Business Discovery para conocer proyectos, reunirse con responsables públicos y buscar oportunidades para las compañías españolas.

Entonces, Marruecos era una plataforma industrial, logística y comercial entre Europa y África. Nin Génova defendía la construcción de «relaciones de confianza duraderas» y afirmaba que el Reino representaba una oportunidad para profundizar los vínculos económicos bilaterales.

Nada ha cambiado desde entonces en esa realidad económica. España continúa siendo el primer socio comercial de Marruecos y uno de sus principales inversores. Los intercambios superan los 22.500 millones de euros anuales, más de 350 empresas españolas están implantadas en el Reino y ambos países comparten cadenas industriales, conexiones energéticas, redes de fibra óptica y un sistema logístico articulado alrededor de Algeciras y Tanger Med.

Lo que ha cambiado es el clima político español. Y el Círculo parece haber decidido adaptarse a él, aunque para hacerlo tenga que introducir en la misma declaración la confianza que necesitan los negocios y la desconfianza que alimenta la confrontación.

Un puzle geopolítico sin las piezas esenciales

El documento no se limita a examinar las consecuencias de la crisis para los empresarios de Sebta. En pocas líneas reúne el desempleo juvenil marroquí, la economía informal, las protestas de 2025, el Sahel y las relaciones del Reino con Estados Unidos, Israel y parte del mundo árabe.

El Círculo culmina ese recorrido con una afirmación especialmente grave: «Algunas declaraciones institucionales recientes en Marruecos evidencian la interferencia del islamismo en su política exterior con España».

No identifica esas declaraciones. No precisa quién las pronunció. No explica qué entiende por «interferencia del islamismo» ni demuestra su relación con la entrada masiva en Sebta. La organización ensambla un ambicioso puzle político, pero omite las piezas esenciales: los hechos, las fuentes y las pruebas.

También habla de acontecimientos que «culminaron en una vulneración de la integridad territorial de España», sin señalar quién habría cometido esa vulneración ni sobre qué elementos sustenta semejante calificación. Marruecos queda así bajo sospecha sin ser acusado expresamente, una fórmula cómoda que permite insinuar responsabilidades sin asumir la obligación de demostrarlas.

Este lenguaje no es inocuo. Introducir acusaciones sobre islamismo, soberanía e integridad territorial en una relación económica de 22.500 millones de euros contribuye a deteriorar la confianza que el propio Círculo consideraba indispensable en junio. Una organización empresarial debería conocer mejor que nadie el coste de convertir a un socio estratégico en objeto permanente de sospecha.

En los retornos, el Círculo tiene razón

En un punto, al menos, el Círculo acierta. Las personas que entraron irregularmente en Sebta y no tengan derecho a permanecer en territorio español deben retornar. Marruecos sostiene esa posición desde el primer día.

La tarde del 30 de julio, cuando la entrada masiva todavía estaba produciéndose, el Ministerio del Interior español anunció un acuerdo con Marruecos para reforzar la coordinación y activar los procedimientos de retorno. Fuentes marroquíes informaron entonces de que el entendimiento con Madrid contemplaba la devolución de todos los llegados, incluidos los menores. Desde entonces, Marruecos ha reiterado su disposición a readmitir a sus nacionales y ha reprochado a España la lentitud de las tramitaciones.

Pero la organización no se detiene ahí. A partir de una demanda razonable, se concede de pronto autoridad para dictaminar sobre todo el sistema migratorio. Afirma que el ordenamiento contiene «incentivos perversos», denuncia que «ampara en exceso» a quien cruza irregularmente una frontera y reclama una reforma inmediata.

La metamorfosis es notable. Una organización empresarial se convierte en experta en migraciones, intérprete de la ley y legisladora de urgencia, todo ello sin identificar una sola norma que deba modificarse, una garantía que considere prescindible o una propuesta capaz de superar el control de los tribunales.

Los negocios avanzan mientras el discurso perjudica la confianza

La agenda económica española, en cambio, no deja espacio para la ambigüedad. Entre el 22 de septiembre y el 18 de noviembre, el ICEX encadena en Casablanca cuatro actividades dirigidas a abrir mercado para las empresas españolas, el Horeca Equipment Lab, una misión de salud digital, Africa Sports Expo y Taste Spain. Equipamiento hotelero, tecnología sanitaria, industria deportiva y alimentación, cuatro sectores en los que España busca clientes, distribuidores y socios marroquíes.

A este calendario se suma, los días 10 y 11 de noviembre, la jornada «Mundial 2030, oportunidades para las empresas españolas en Marruecos 2026», concebida para acercar a las compañías españolas a las inversiones, licitaciones y proyectos que desarrollará el Reino. No se trata, por tanto, de una iniciativa aislada, sino de una estrategia comercial sostenida para ampliar la presencia empresarial española en Marruecos.

Mientras una parte del debate español acumula sospechas y reproches, sus instituciones económicas preparan a las empresas para competir por contratos en Marruecos. No las invitan a retirarse del Reino, sino a profundizar su presencia antes de que se adjudiquen los grandes proyectos de 2030.

El Círculo conoce perfectamente dónde están esos intereses. Por eso viajó a Marruecos en junio. Por eso habla de «prosperidad compartida». Y por eso admite que la cooperación es prácticamente la única opción.

Precisamente por ello, su declaración resulta perjudicial. No se puede reclamar estabilidad mientras se alimenta la sospecha, pedir confianza mientras se lanzan acusaciones sin pruebas y defender el comercio mientras se introduce incertidumbre política en una relación de la que dependen cientos de empresas.

Marruecos no puede ser presentado como una oportunidad cuando se buscan contratos y como una amenaza difusa cuando cambia el viento político español. Las relaciones estratégicas no se construyen elogiando la confianza en junio y erosionándola en septiembre. También en economía, las palabras tienen un precio.

Por Faiza Rhoul
El 15/09/2026 a las 14h00