Diplomática de larga trayectoria y una de las figuras de la acción exterior del Reino en América Latina, Farida Loudaya está al frente de la representación diplomática de Marruecos ante Colombia y Ecuador desde hace casi una década. A lo largo de estos años, ha tejido sólidos vínculos con la clase política, el mundo académico y la sociedad civil de estos dos países estratégicos de la región.
En esta entrevista, la diplomática analiza el desenlace de un periodo complejo que culminó con el reconocimiento por parte de Colombia de la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Un cambio histórico que, a su juicio, se articula en torno a tres grandes ejes.
El primero es el cierre de un paréntesis ideológico. El cambio de posición de Colombia pone fin a las decisiones personales y aisladas de la anterior Administración de Gustavo Petro y permite retomar una relación bilateral de medio siglo, en sintonía con el amplio respaldo del Congreso y de la sociedad colombiana.
El segundo es el carácter firme y definitivo de este reconocimiento. La afirmación inequívoca de la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara va acompañada de la retirada inmediata del reconocimiento de la entidad ficticia y del compromiso de Bogotá, que ocupa un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de no prestarle apoyo alguno en los organismos internacionales.
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El tercer eje es el alcance de este avance diplomático, reflejo de la proyección y del estatus de Marruecos como socio respetado internacionalmente, impulsados por el Rey Mohammed VI. Una nueva etapa que abre además la puerta a una asociación estratégica inédita en ámbitos como la economía, la conectividad atlántica, la diplomacia cultural y los intercambios humanos.
Tras una espera que se ha hecho especialmente larga, finalmente se ha producido el desenlace. ¿Cómo valora el importante giro de Colombia sobre la cuestión del Sáhara marroquí, anunciado además con gran solemnidad?
Lo ocurrido durante el Gobierno de Petro, expresidente de Colombia, debe entenderse como un paréntesis estrictamente coyuntural. Este desencuentro apareció con su Administración y terminó con su salida. Históricamente, el Reino de Marruecos siempre ha mantenido excelentes relaciones con Colombia, especialmente durante las presidencias de Juan Manuel Santos e Iván Duque, por limitarme al periodo correspondiente a mi propio mandato.
Hace ya casi una década tuve el inmenso honor de ser nombrada por Su Majestad el Rey, que Dios le asista, embajadora ante la República de Colombia y la República del Ecuador. Desde mi llegada, nuestra principal misión fue construir una alianza duradera y estratégica sobre la base de medio siglo de relaciones diplomáticas bilaterales.
Sin embargo, la Administración saliente adoptó una postura que ni siquiera respondía a una línea gubernamental meditada, sino a una iniciativa personal del presidente Petro, guiada por sus antiguas afinidades ideológicas con el Polisario, que se remontan a su pasado como combatiente del movimiento M19. Sus argumentos, como afirmar que se trataba de «la única nación de habla española» de la región, ilustran claramente el carácter personal de una decisión adoptada sin tener en cuenta sus repercusiones políticas y económicas para Colombia.
¿Qué motivaba esa posición?
Pura ideología. Nos encontrábamos ante una situación singular que no contaba con el respaldo del conjunto del espectro institucional y social colombiano. Como prueba de ello, durante 2022 y 2023 conseguimos que el Congreso colombiano aprobara dos mociones solemnes de apoyo a Marruecos. Ambos textos recibieron un respaldo parlamentario abrumador y pretendían demostrar que la posición personal de Petro no era compartida ni por la clase política, ni por la sociedad civil, ni por los actores económicos del país.
Ahora debemos abrir una nueva etapa sin detenernos demasiado en estos cuatro años. La decisión adoptada por el presidente Abelardo de la Espriella es verdaderamente histórica. Aunque los canales diplomáticos nunca llegaron a romperse formalmente, el reconocimiento oficial y explícito de la soberanía de Marruecos por parte de las nuevas autoridades colombianas constituye un giro de gran calado que, además, se ha producido con una rapidez notable.
Uno de los aspectos más llamativos es la firmeza y el carácter aparentemente irreversible de esta nueva etapa. El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara fue seguido inmediatamente por la retirada del reconocimiento de la pseudo-RASD. Es una decisión especialmente contundente...
La secuencia de los acontecimientos es fundamental. Primero se produjo el anuncio oficial del ministro de Asuntos Exteriores, seguido rápidamente por la declaración del vicepresidente de la República, José Manuel Restrepo, quien quiso subrayar la dimensión estratégica de la asociación con Marruecos.
Es una persona a la que conozco especialmente bien. Trabajé con él en 2017, cuando era rector de la Universidad del Rosario y suscribimos el primer convenio académico entre esa institución y la Universidad Internacional de Rabat. Posteriormente fue ministro de Comercio durante la presidencia de Iván Duque, lo que nos permitió continuar trabajando conjuntamente. Es un hombre de Estado de gran talla, con una visión amplia, mucha madurez, un profundo conocimiento de Marruecos y una elevada consideración hacia nuestro país.
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El presidente cuenta además en gran medida con su aportación, junto con Omar Bula Escobar, ministro de Asuntos Exteriores, una personalidad de gran talla intelectual y profundo conocedor de los asuntos internacionales. Su experiencia y dominio de los equilibrios geopolíticos lo convierten en una figura central de la nueva política exterior colombiana.
¿Ha influido en esta decisión el momento favorable que atraviesa Marruecos en el dossier del Sáhara?
Los importantes resultados que estamos obteniendo actualmente son fruto de la visión estratégica de Su Majestad el Rey. Gracias a este impulso real, Marruecos se ha consolidado como un actor internacional fiable, influyente y respetado universalmente. Esta dinámica es la que ha hecho posible este importante avance en América Latina.
Me complace especialmente comprobar que los dos países de los que estoy a cargo, Colombia y Ecuador, han protagonizado sendos giros históricos. Ecuador, que durante años fue uno de los bastiones del Polisario y que entonces ocupaba un asiento en el Consejo de Seguridad, retiró su reconocimiento, reforzó sus relaciones con Rabat e inició el proceso para abrir su embajada en Marruecos.
«Desde el punto de vista geopolítico, América Latina fue durante mucho tiempo, junto con África, un espacio de vulnerabilidad diplomática en el que abundaban los reconocimientos de la entidad ficticia. Esa situación se ha invertido profundamente.»
— Farida Loudaya
Lo mismo sucede con Colombia. El punto de inflexión, de enorme valor simbólico, fue el mensaje real enviado por Su Majestad al presidente Abelardo de la Espriella tras su elección. Este gesto fue profundamente apreciado por las autoridades colombianas.
A ello se sumó la presencia de nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, enviado por el Soberano como emisario especial para asistir a la ceremonia de investidura. El hecho de que fuera el único ministro de Exteriores del continente africano presente en el acto causó una profunda impresión entre nuestros anfitriones.
Desde el punto de vista geopolítico, América Latina fue durante mucho tiempo, junto con África, un espacio de vulnerabilidad diplomática en el que abundaban los reconocimientos de la entidad ficticia. Esa situación se ha invertido profundamente durante los últimos años, hasta el punto de que actualmente son muy pocos los países que mantienen ese reconocimiento.
Precisamente, ¿cuántos países del continente americano siguen respaldando a esa entidad?
Quedan muy pocos. Entre ellos figuran Cuba, Nicaragua, Venezuela y México. El panorama ha cambiado considerablemente y la gran mayoría de los Estados de la región respalda ahora la posición marroquí.
En el caso de Colombia, estamos abriendo un nuevo capítulo de nuestras relaciones bilaterales, sobre bases sólidas y con una dinámica muy intensa. La secuencia resulta especialmente significativa. La nueva orientación fue anunciada públicamente por los máximos responsables colombianos, en presencia de nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, con una afirmación clara e inequívoca de la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara.
El comunicado oficial publicado posteriormente por el Ministerio colombiano de Relaciones Exteriores vino a consagrar esta posición y a establecer sus consecuencias diplomáticas. Se articula en torno a tres puntos fundamentales: el reconocimiento explícito de la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara; la congelación inmediata del reconocimiento de la pseudo-RASD, poniendo fin a todo contacto político o diplomático y a cualquier intercambio de misiones; y el compromiso inédito de Colombia, en su condición de miembro no permanente del Consejo de Seguridad, de no brindarle apoyo alguno en los organismos internacionales.
No estamos, por tanto, ante una simple declaración coyuntural, sino ante una nueva doctrina colombiana sobre la cuestión del Sáhara marroquí, claramente asumida y formalizada. Nuestra mirada está decididamente puesta en el futuro.
¿Existen garantías concretas que protejan al Reino frente a un eventual cambio de posición de la diplomacia colombiana en el futuro?
Durante los próximos cuatro años, correspondientes al mandato del presidente Abelardo de la Espriella y de su Gobierno, no habrá ningún retroceso. El rumbo seguirá siendo claramente constructivo.
Aunque la dinámica política puede experimentar fluctuaciones en función de las alternancias ideológicas, estoy firmemente convencida de que el diferendo regional en torno al Sáhara quedará definitivamente resuelto en un futuro próximo.
Además, la presencia de Colombia en el Consejo de Seguridad durante un mandato de dos años representa una importante oportunidad estratégica para defender nuestros legítimos intereses durante esta fase decisiva.
Para consolidar este apoyo a largo plazo, parece necesario ampliar la cooperación hacia los ámbitos económico y comercial. ¿Cuáles son las perspectivas inmediatas?
Durante las reuniones de alto nivel mantenidas por nuestro ministro con el vicepresidente, el jefe de la diplomacia y el ministro de Comercio colombianos, nuestros interlocutores expresaron su voluntad de incluir a Marruecos en el itinerario de su primera misión económica estratégica internacional, consagrando así al Reino como socio estratégico privilegiado de Colombia en el continente africano.
Los ámbitos prioritarios de esta cooperación reforzada incluyen un aumento sustancial de los intercambios comerciales, la atracción de inversión directa y el turismo. Colombia considera el modelo turístico marroquí una auténtica «historia de éxito» de la que desea inspirarse.
«Cada delegación que acompañamos al puerto de Tanger Med sale profundamente impresionada. Para muchos, hay un antes y un después de Tanger Med.»
— Farida Loudaya
El sector portuario y logístico despierta también un enorme interés. El complejo portuario Tanger Med se ha consolidado como una referencia mundial. Los responsables colombianos consideran Marruecos una plataforma estratégica y una verdadera puerta de entrada al continente africano.
Cada delegación que acompañamos al puerto de Tanger Med sale profundamente impresionada. Para muchos, hay un antes y un después de Tanger Med. Este interés encaja plenamente en la Iniciativa Real para el Atlántico destinada a reforzar la conectividad marítima, a la que pronto se sumará el puerto de Dakhla Atlantique. Todos estos elementos auguran una asociación bilateral inédita y de muy alto nivel durante los próximos años.
Esta dimensión económica nos lleva naturalmente al componente humano y cultural. Aunque Marruecos cuenta con una importante tradición hispanohablante, este potencial sigue estando poco explotado. ¿Qué vías deberían explorarse para reforzar estos puentes?
Uno de los mayores logros de los que podemos sentirnos orgullosos es la supresión recíproca de visados, que ha facilitado considerablemente la movilidad de ciudadanos y empresarios.
La cultura constituye, además, un instrumento fundamental de acercamiento. En este sentido, el nombramiento de la senadora Paola Holguín como ministra de Cultura representa una excelente oportunidad. Es una gran amiga de Marruecos y siempre ha defendido nuestra causa nacional en el Congreso y en la Comisión de Asuntos Exteriores.
Fascinada por nuestra civilización, me ha transmitido su entusiasmo por poner en marcha grandes proyectos culturales conjuntos. Contar con una aliada de este calibre al frente de este ministerio supone una garantía importante para el éxito de estas iniciativas.
Después de diez años al frente de esta misión, ¿qué herramientas considera que debería activar Marruecos para seguir avanzando?
Cuando llegué hace diez años existía un desconocimiento mutuo y persistían algunos estereotipos. En Colombia, la presencia de una mujer embajadora despertaba en ocasiones cierta curiosidad. En Marruecos, por su parte, Colombia, un país de extraordinaria belleza, arrastraba una imagen distorsionada por determinadas producciones cinematográficas.
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Hemos trabajado activamente para desmontar esas percepciones. La invitación a Marruecos como primer país de honor de Expoartesanías, la feria de artesanía más importante de Colombia, con motivo del 40º aniversario de nuestras relaciones diplomáticas, supuso un importante punto de inflexión. Gracias a la colaboración de la Maison de l’Artisan, nuestro pabellón ofreció un escaparate excepcional que cautivó tanto al público como a la prensa local.
Posteriormente, reforzamos nuestra presencia intelectual y mediática mediante la organización de conferencias impartidas por personalidades marroquíes, especialmente mujeres, con el objetivo de acercar a las nuevas generaciones la evolución contemporánea del Reino.
La diplomacia cultural desempeña un papel fundamental para despertar la curiosidad, animar al público a conocer mejor nuestro país y, en última instancia, transformar la percepción que se tiene de Marruecos.
El Mundial de 2030, que Marruecos coorganizará, constituye un extraordinario catalizador. Desde la supresión de los visados, los colombianos que visitan Marruecos regresan maravillados. Impulsando el turismo y multiplicando los intercambios humanos conseguiremos consolidar de forma duradera la excelente imagen del Reino en Colombia y, a su vez, la de Colombia en Marruecos.
