Vulnerable y crispado, el régimen argelino arremete contra la televisión tunecina por un mapa de Marruecos que incluye el Sahara... oriental

Capture d'écran de la séquence diffusée par la chaîne publique tunisienne El Wataniya affichant une carte du Maroc incluant le territoire du Sahara oriental.

Captura de pantalla de la secuencia emitida por la cadena pública tunecina El Wataniya, en la que aparece un mapa de Marruecos que incluye el territorio del Sáhara Oriental.

El 13/06/2026 a las 15h50

Un «error técnico» en la cadena pública tunecina El Wataniya, que emitió un mapa de Marruecos con el territorio del Sahara oriental, ha bastado para desatar una airada reacción del régimen argelino, que ha exigé disculpas oficiales. Esta postura refleja la creciente inquietud de Alger ante el avance de las negociaciones actuales sobre el Sahara.

Una simple infografía en un canal de televisión tunecino ha sido suficiente para desatar una auténtica crisis de nervios en las altas esferas del Estado argelino. Detrás de la aparente insignificancia de un desliz cometido en un país bajo la profunda influencia del régimen vecino, se esconde una realidad psicológica mucho más profunda, que es la alarma visceral de un gobierno obsesionado con el fantasma de su propia delimitación territorial y con la legitimidad histórica de Marruecos sobre el Sahara oriental.

El incidente ocurrió en directo en la televisión pública tunecina El Wataniya durante la emisión del programa estrella «Studio El Mondial», dedicado a la cobertura de la Copa del Mundo 2026.

Capture d'écran de la séquence où la chaîne publique tunisienne El Wataniya affichant une carte du Maroc incluant le territoire du Sahara oriental.

Durante la emisión, el mapa proyectado en la pantalla dejó estupefactos a los espectadores y, de manera muy particular, a las autoridades argelinas, ya que la bandera marroquí no solo cubría la totalidad del Sahara occidental, sino que se extendía por una parte significativa del oeste del territorio que la Francia colonial seccionó de la soberanía histórica marroquí para integrarlo en su departamento de Argelia.

La respuesta del régimen de Alger fue inmediata. En un ataque de ira, el gobierno activó de inmediato sus canales oficiales y movilizó a sus grupos de activistas digitales en las redes sociales para ejercer una fuerte presión sobre Tunis. Ante la magnitud de la polémica, el nerviosismo se trasladó a los despachos del canal tunecino, lo que llevó al presentador del espacio a intervenir al día siguiente en antena para pedir disculpas públicas y asegurar que se trató de un error involuntario.

El director general de la televisión tunecina, Chokri Ben Nessir, hizo lo propio mediante un comunicado oficial de disculpa, en el que anunció severas sanciones para los técnicos y responsables de la emisión, además de la implantación de nuevos y estrictos protocolos de control de contenidos.

No es la primera vez, ni será la última, que las autoridades argelinas se muestran tan susceptibles y vulnerables cuando se roza la cuestión del Sahara oriental, aunque solo sea por el grosor del trazo de un lápiz sobre un mapa.

El temor existencial a revisar las fronteras coloniales

En un momento en el que los contactos sobre el dossier del Sahara avanzan a ritmo sostenido bajo la mediación de Estados Unidos y el respaldo de la Organización de las Naciones Unidas, Argelia deja al descubierto sus mayores temores. Para Alger, el escenario posterior a las negociaciones y el cierre definitivo del litigio —que se encamina de forma irreversible hacia el plan de autonomía bajo soberanía marroquí— no se reduce al destino de las provincias del sur, sino que representa un desafío existencial mucho mayor, que es blindar las fronteras heredadas del periodo de la Argelia francesa.

En un análisis muy revelador publicado por el laboratorio de ideas estadounidense The Washington Institute for Near East Policy, las investigadoras Sabina Henneberg y Souhire Medini exponen el trasfondo histórico de este conflicto. Basándose de forma evidente en revelaciones confidenciales de diplomáticos argelinos, las autoras confirman que el verdadero motivo de preocupación para Alger son los límites territoriales, ante el pánico a que vuelva al primer plano político la reclamación del «Sahara oriental», unos territorios históricamente marroquíes que la administración colonial francesa segregó para ampliar su demarcación en el norte de África.

Queda en evidencia de este modo que la implicación de Argelia en las conversaciones no busca proteger el bienestar de las poblaciones locales, sino obtener garantías vinculantes para que, una vez resuelto el conflicto del Sahara mediante la propuesta de autonomía de Marruecos, Rabat no reclame los territorios históricos anexados en su día por Francia.

Esta fijación con las fronteras se remonta a los propios orígenes de la Argelia independiente. Los archivos oficiales franceses del Servicio de Documentación Exterior y Contraespionaje (SDECE) recogen un documento de 1966 que resulta clave para entender la psicología del poder argelino, elaborado durante la conferencia de Addis-Abeba de la Organización de la Unidad Africana (OUA).

Por aquel entonces, el presidente Ahmed Ben Bella acababa de ser derrocado por el militar Houari Boumediene. El delegado argelino afirmó textualmente en esa cumbre que resultaba «ilusorio conceder la independencia a un territorio cuya población apenas alcanza los 50.000 habitantes» y que «Argelia no podía desentenderse del destino del Sahara español».

En términos claros, en el año 1966, el gobierno de Alger, que públicamente se autodenominaba la «Meca de los revolucionarios», respaldaba abiertamente la continuidad de la administración colonial española en el Sahara con el único propósito de bloquear los derechos legítimos de Marruecos.

A partir de ahí, el respaldo posterior brindado al Frente Polisario responde a una clara estrategia de continuidad geopolítica para evitar que el Reino consolide una posición estratégica que, con el tiempo, pueda reabrir formalmente el debate sobre el Sahara oriental.

Al igual que ocurrió en 1966, el gobierno argelino muestra un desinterés absoluto por la situación de la población saharaui. Tras haber renunciado de forma forzosa a sus viejas aspiraciones de conseguir una salida directa al océano Atlántico, su posición actual es meramente defensiva. El informe de The Washington Institute lo insinúa claramente al apuntar que, si un manto de estricto secreto rodea el contenido de los discretos contactos bilaterales en marcha, es debido a la exigencia directa de una diplomacia argelina que intenta ocultar sus profundas debilidades.

Por Tarik Qattab
El 13/06/2026 a las 15h50