Numerosos fieles se congregaron ayer, lunes 21 de septiembre, para conmemorar el día más sagrado del calendario judío. Ante la comunidad reunida en Casablanca, Serge Berdugo, secretario general del Consejo de las Comunidades Israelitas de Marruecos, comenzó su intervención explicando el significado de esta jornada de ayuno y oración.
«En este mes de elul, sexto mes del calendario civil judío, las puertas del cielo están abiertas para recibir las oraciones y las súplicas con las que pedimos al Eterno que perdone todos nuestros pecados», declaró.
Yom Kipur, recordó, es «uno de los días más solemnes y sagrados del calendario judío, en el que cada persona rinde cuentas de sus actos y pide perdón a quienes haya podido ofender».
El perdón divino responde, sin embargo, a un orden preciso. Antes de dirigirse al cielo, el creyente debe acudir a los demás. «Antes de pedir y obtener el perdón de Hashem, debemos pedir perdón al prójimo por todo el daño que hayamos podido causarle», insistió Serge Berdugo.
Esta jornada culmina un periodo muy particular del calendario hebreo. Yom Kipur es «el punto culminante del periodo denominado “los días temibles”, que conducen al arrepentimiento mientras comparecemos ante el juicio de Dios», explicó.
La puerta del perdón permanece abierta para todos, aunque con una condición. «Todos los seres humanos pueden acceder al perdón divino si reconocen sus faltas y reparan las injusticias de las que han sido responsables», subrayó el dirigente comunitario.
Berdugo volvió después sobre este principio central. «Dios puede perdonar las faltas cometidas contra Él, pero antes debemos obtener el perdón por aquellas que hayamos cometido contra nuestro prójimo».
En coherencia con sus palabras, el propio Serge Berdugo participó en ese ejercicio. «Por mi parte, pido humildemente perdón, Mehilá, a todos aquellos y aquellas a quienes haya podido ofender involuntariamente», declaró ante los asistentes.
Para Serge Berdugo, Yom Kipur también encierra una esperanza. Es «un día de examen de conciencia, humildad y arrepentimiento, en el que el ser humano realiza una introspección y un análisis profundo de sus actos», pero también «un día de amor para quien conserva la esperanza de que los seres humanos puedan vivir en paz y concordia».
Una esperanza que extendió al conjunto de la región. «Deseamos que el año que comienza traiga por fin una solución pacífica y justa a los conflictos fratricidas que ensombrecen Oriente Próximo», afirmó.
La celebración adquirió este año una dimensión adicional al coincidir con la conmemoración del 28º aniversario del fallecimiento del rey Hassan II. El rabino Hazout fue invitado a elevar plegarias por el descanso del alma del difunto Soberano, «siempre presente en nuestros corazones».
También rezó por el descanso del alma de «nuestro venerado sultán, el difunto Mohammed V», a quien la comunidad encomendó a la «santa misericordia» divina.
El gran rabino de Casablanca, Yossef Israël, pronunció después bendiciones solemnes por el rey Mohammed VI. Los fieles pidieron al Todopoderoso que proteja al Soberano y le conceda «salud, alegría y éxito en todas las iniciativas que emprende por la gloria del Marruecos eterno».
Las plegarias también pidieron felicidad, salud y éxito para el príncipe heredero Moulay El Hassan, la princesa Lalla Khadija, el príncipe Moulay Rachid y el conjunto de la Familia Real.
«Que Dios bendiga a esta honorable asamblea y al pueblo marroquí», pronunció Serge Berdugo antes de que los asistentes respondieran «amén».
Preservar, defender y transmitir
El secretario general del Consejo de las Comunidades Israelitas de Marruecos se dirigió posteriormente a los miembros del Kahal, la comunidad de fieles, con un mensaje orientado hacia el futuro.
«En esta etapa de profunda transformación, es deber de todos movilizarnos dentro de la comunidad para garantizar la protección y continuidad del patrimonio material e inmaterial del judaísmo marroquí», defendió.
Esa movilización requiere, en su opinión, «defender sus valores ancestrales, preservar los logros de nuestra comunidad y asegurar su integración en el tejido social de nuestro país».
Para Serge Berdugo, esta fórmula ya ha demostrado su eficacia. «Como demuestra la historia reciente, todo es posible cuando recuperamos el espíritu comunitario que ha prevalecido durante siglos», aseguró.
Dos palabras resumen, a su juicio, ese espíritu, «unidad y solidaridad», que presentó como «las claves del futuro de nuestra comunidad».
La intervención concluyó con los deseos para el nuevo año hebreo. «Que Hashem guíe vuestros pasos y que este año 5787 traiga salud, alegría y serenidad a nuestros hogares, así como paz a los corazones y a los pueblos del mundo entero», expresó Serge Berdugo.
La ceremonia contó con la presencia del wali, varios gobernadores, representantes electos de la ciudad y rabinos, junto con miembros de la comunidad judía de Casablanca.
