Incendios forestales: la estrategia del Reino frente a una amenaza que no deja de crecer

Un bombardier Canadair à l'oeuvre pour éteindre un feu de forêt dans la région de Tanger, le 12 août 2023.

Un avión Canadair trabajando para apagar un incendio forestal en la región de Tánger, el 12 de agosto de 2023.. AFP or licensors

El 18/07/2026 a las 09h30

La devastadora temporada de incendios que atraviesa España en 2026 vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de la cuenca mediterránea frente al cambio climático. Con miles de hectáreas calcinadas, decenas de miles de evacuados y uno de los incendios más mortíferos de su historia reciente, la situación al otro lado del Estrecho constituye también una advertencia para Marruecos. Consciente del aumento del riesgo, el Reino ha reforzado en los últimos años su dispositivo de prevención y extinción, apoyándose en una de las flotas de aviones anfibios más importantes de África y en una estrategia que combina vigilancia e intervención rápida.

El verano de 2026 está confirmando una tendencia que los expertos llevan años advirtiendo. La combinación de temperaturas extremas, una prolongada sequía, fuertes vientos y una vegetación cada vez más seca. Desde comienzos de año, España ha registrado numerosos incendios de gran magnitud que han obligado a movilizar a miles de efectivos y a evacuar a decenas de miles de personas. Andalucía, Castilla y León, Extremadura, Aragón, Castilla-La Mancha y Cataluña figuran entre las comunidades más afectadas durante una campaña que, apenas iniciada la temporada estival, ya acumulaba decenas de miles de hectáreas arrasadas por las llamas.

Según los datos publicados por Euronews y por el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), el número de grandes incendios registrados hasta comienzos de julio superaba ampliamente la media de los últimos años, confirmando que la campaña de 2026 se encuentra entre las más complejas de la última década.

La proximidad geográfica hace que la evolución de los incendios en la Península Ibérica sea seguida con especial atención por las autoridades marroquíes. Ambos países comparten condiciones climáticas muy similares en numerosas regiones del norte del Reino. Los bosques del Rif, las áreas montañosas de Chefchaouen, Larache, Tétouan, Tanger, Al Hoceïma o la región de Kenitra presentan características muy parecidas a muchas zonas forestales del sur de España.

Los episodios de calor extremo registrados durante los últimos veranos también han incrementado el riesgo en Marruecos.Precisamente por ello, el Reino lleva varios años reforzando su estrategia de prevención bajo una premisa clara: actuar antes de que un pequeño foco pueda transformarse en un gran incendio. Durante 2026 ya se han registrado varios incendios forestales en distintas regiones del país. Uno de ellos afectó al bosque de Rahrah, en Tanger, donde la rápida intervención de los equipos terrestres y de los medios aéreos permitió controlar el avance de las llamas antes de que alcanzaran zonas habitadas. Otro incendio declarado en Sidi Taibi, cerca de Kenitra, también fue extinguido sin causar víctimas ni daños significativos gracias a la movilización coordinada de los servicios de emergencia.

Marruecos apuesta por la anticipación

Si España afronta cada verano el reto de contener incendios cada vez más violentos, Marruecos ha optado en los últimos años por reforzar una estrategia basada en el principio de cuanto antes se detecte un incendio, mayores serán las posibilidades de evitar que se convierta en una catástrofe. Esta política de anticipación responde a una realidad geográfica cada vez más evidente. Consciente de esta amenaza, Marruecos ha desarrollado en los últimos años un dispositivo nacional que moviliza a numerosos organismos civiles y militares, permitiendo una respuesta coordinada desde el momento en que se detecta un foco.

La campaña nacional contra los incendios no comienza con la llegada del verano. Varios meses antes, la Agencia Nacional de Aguas y Bosques (ANEF), en coordinación con el Ministerio del Interior, las Fuerzas Armadas Reales (FAR), la Gendarmería Real, la Protección Civil y las autoridades locales, activarón un amplio programa preventivo destinado a reducir al máximo el riesgo. Las zonas forestales consideradas más sensibles son objeto de una vigilancia reforzada mediante patrullas terrestres, puestos de observación y sistemas de detección temprana.

La información meteorológica desempeña un papel esencial. Las autoridades analizan diariamente la evolución de las temperaturas, la velocidad del viento y el grado de sequedad de la vegetación para anticipar posibles escenarios críticos y reforzar la presencia de equipos en las zonas más expuestas. Esta planificación previa constituye uno de los pilares de la estrategia marroquí, ya que permite reducir considerablemente el tiempo de reacción una vez detectado un foco.

Aunque tradicionalmente se asocian a la defensa nacional, las Fuerzas Armadas Reales desempeñan un papel cada vez más importante en la protección del patrimonio forestal del país. Cada campaña moviliza efectivos militares especializados que trabajan conjuntamente con la Protección Civil y la ANEF en labores de vigilancia, logística y extinción. La participación de las FAR resulta especialmente valiosa cuando los incendios afectan a zonas montañosas o de difícil acceso, donde la capacidad de despliegue rápido del Ejército permite apoyar a los equipos civiles.

Además del personal sobre el terreno, las FAR aportan medios de transporte, coordinación aérea y capacidades logísticas que facilitan el abastecimiento de agua, combustible y material a los distintos frentes del incendio. Esta cooperación entre instituciones constituye una de las principales fortalezas del modelo marroquí, que evita la fragmentación de competencias y permite concentrar recursos bajo un único dispositivo operativo.

La vigilancia desde el aire y desde el espacio

Otra de las características del sistema marroquí es el creciente uso de tecnologías de observación para detectar incendios en sus fases iniciales. Las torres de vigilancia repartidas por las principales masas forestales se complementan con imágenes satelitales, sistemas cartográficos y herramientas digitales que permiten localizar con rapidez cualquier columna de humo. En los últimos años también se ha incrementado el empleo de drones para supervisar determinadas zonas forestales y evaluar la evolución de algunos incendios, especialmente cuando las condiciones dificultan el acceso de los equipos terrestres.

El objetivo consiste en obtener información en tiempo real sobre la dirección del viento, la velocidad de propagación y la evolución de los distintos focos, permitiendo adaptar continuamente la estrategia de intervención. La incorporación progresiva de estas tecnologías refleja la transformación que está experimentando la gestión de los incendios forestales, cada vez más apoyada en herramientas de inteligencia geoespacial y monitorización remota.

La eficacia de este dispositivo ha vuelto a ponerse a prueba durante el verano de 2026. En las últimas semanas, varios incendios registrados en el norte del Reino han obligado a desplegar importantes medios terrestres y aéreos. Uno de los episodios más destacados tuvo lugar en el bosque de Rahrah, en Tanger. Gracias a la rápida intervención coordinada entre la Protección Civil, las FAR, la ANEF y los medios aéreos, las llamas pudieron ser controladas antes de alcanzar zonas habitadas o provocar daños de gran magnitud.

Pocos días después, otro incendio declarado en una zona forestal de Sidi Taibi, cerca de Kenitra, fue extinguido sin causar víctimas ni pérdidas materiales significativas, confirmando nuevamente la importancia de actuar durante las primeras fases del fuego. Estos episodios, aunque de menor magnitud que los registrados este año en España, evidencian que Marruecos tampoco escapa al incremento del riesgo asociado al cambio climático.

La rapidez como principal ventaja

Los responsables de la gestión forestal coinciden en que la diferencia entre un incendio controlado y una catástrofe suele medirse en minutos. Mientras que un foco detectado de forma inmediata puede extinguirse con medios limitados, un retraso de apenas media hora puede convertirlo en un incendio de grandes dimensiones, especialmente cuando confluyen temperaturas extremas y fuertes vientos. Por ello, el modelo marroquí concede tanta importancia a la vigilancia permanente como a los medios de extinción.

La filosofía es clara: intervenir antes de que el incendio alcance una intensidad que haga necesaria una movilización masiva de recursos. En este dispositivo, sin embargo, existe un elemento que marca una diferencia significativa respecto a muchos otros países del continente africano y que constituye una de las principales bazas del Reino para afrontar los grandes incendios forestales: su flota de aviones anfibios Canadair, considerada una de las más importantes de África y uno de los recursos estratégicos más valiosos del sistema nacional de protección forestal.

Marruecos refuerza uno de los dispositivos aéreos más avanzados del Mediterráneo

Frente a un escenario climático cada vez más extremo, Marruecos ha apostado durante los últimos años por fortalecer de forma progresiva su capacidad de respuesta ante incendios forestales. El Reino dispone actualmente de uno de los sistemas de lucha aérea contra incendios más importantes del norte de África y de la cuenca mediterránea, apoyado en una combinación de medios aéreos, vigilancia terrestre y coordinación entre las Fuerzas Armadas Reales (FAR), la Agencia Nacional de Aguas y Bosques (ANEF), la Protección Civil, la Gendarmería Real y las autoridades locales.

La pieza central de este dispositivo es la flota de aviones anfibios Canadair, considerados entre los medios más eficaces del mundo para combatir grandes incendios forestales. Marruecos es uno de los escasos países africanos que dispone de este tipo de aeronaves, cuya adquisición resulta especialmente compleja tanto por su elevado coste como por su limitada disponibilidad en el mercado internacional.

Los Canadair pueden cargar varios miles de litros de agua en apenas unos segundos mientras sobrevuelan lagos, embalses o zonas costeras, para descargar posteriormente esa carga sobre el frente de las llamas con una precisión que permite frenar el avance del fuego y proteger áreas habitadas. Su eficacia ha quedado demostrada en numerosos incendios registrados tanto en Marruecos como en otros países mediterráneos, especialmente durante los episodios de calor extremo que afectan cada verano a la región.

La creciente intensidad de los incendios forestales en todo el mundo ha disparado la demanda internacional de estos aparatos. Sin embargo, su fabricación continúa siendo limitada. El modelo más moderno, el De Havilland Canada DHC-515 Firefighter, sucesor del conocido CL-415, requiere un proceso de fabricación que puede prolongarse durante varios años desde la firma del contrato hasta la entrega final, debido a la elevada complejidad industrial y al reducido ritmo de producción.

Esta situación ha convertido a los Canadair en un recurso estratégico muy cotizado. Países como Grecia, Francia, Italia, España, Croacia o Portugal han reforzado en los últimos años sus pedidos para renovar o ampliar sus flotas. En este contexto, disponer ya de una flota operativa supone una ventaja considerable para Marruecos, especialmente en campañas en las que la disponibilidad internacional de aeronaves resulta muy limitada.

Vigilancia permanente y despliegue preventivo

La estrategia marroquí no se limita a la extinción aérea. Cada campaña estival comienza con una fase preventiva en la que se identifican las zonas de mayor riesgo mediante imágenes satelitales, vigilancia forestal y modelos meteorológicos que analizan temperaturas, humedad, velocidad del viento y estado de la vegetación.

En las provincias del norte —las más expuestas por la densidad de sus masas forestales— se despliegan patrullas permanentes, torres de vigilancia, equipos terrestres especializados y medios aéreos preparados para intervenir de forma inmediata. El objetivo consiste en detectar cualquier foco durante sus primeros minutos de desarrollo, cuando las probabilidades de controlarlo son significativamente mayores y antes de que las altas temperaturas y el viento favorezcan una propagación rápida.

Las FAR participan además en estas operaciones mediante medios aéreos y capacidades logísticas que permiten apoyar a los servicios civiles en situaciones de emergencia, especialmente cuando el incendio afecta zonas de difícil acceso.

Por la redacción
El 18/07/2026 a las 09h30