Marruecos refuerza su lucha contra la contaminación del aire con 140 estaciones para 2030

La ciudad de Casablanca. (Foto de archivo)

El 07/09/2026 a las 17h46

Invisible pero indispensable, el aire es mucho más que un simple fluido gaseoso. Se trata de un recurso vital del que depende el equilibrio medioambiental del planeta.

Compuesto principalmente por oxígeno y nitrógeno, este elemento indispensable para la vida en la Tierra desempeña un papel fundamental en el buen funcionamiento de los ecosistemas y en la preservación de la biodiversidad.

Sin embargo, este valioso recurso natural se encuentra hoy seriamente amenazado por las emisiones contaminantes derivadas de la intensificación de las actividades humanas, lo que expone al mundo a los riesgos asociados al deterioro de la calidad del aire.

«La contaminación atmosférica sigue siendo uno de los mayores desafíos medioambientales a los que se enfrentan las poblaciones. Desde la Revolución Industrial, constituye una de las principales causas del cambio climático, cuyos efectos tienen un elevado coste para la economía mundial», advierte el climatólogo Mohammed-Saïd Karrouk.

«Las emisiones contaminantes procedentes de la combustión de combustibles fósiles son un ejemplo claro. Una vez liberadas, alteran la composición química de la atmósfera y perturban el funcionamiento del sistema climático mundial», explica Karrouk en una entrevista concedida a la MAP.

A su juicio, la contaminación atmosférica y el cambio climático son dos fenómenos «estrechamente relacionados», de manera que la reducción de uno contribuye también a mitigar el otro.

Esta misma relación es señalada por la Climate and Clean Air Coalition (CCAC), que advierte de que «las olas de calor y los episodios de estancamiento atmosférico, cada vez más frecuentes como consecuencia del cambio climático, atrapan los contaminantes cerca del suelo, deteriorando a su vez la calidad del aire». De ahí la necesidad de abordar ambos problemas de forma conjunta y no por separado, para aprovechar plenamente sus beneficios compartidos.

Precisamente en esta lógica se enmarca el lema elegido este año para el Día Internacional del Aire Limpio por un Cielo Azul, que se celebra el 7 de septiembre: «Aire limpio para la acción climática».

La jornada pretende concienciar sobre la importancia de una acción colectiva, coordinada e integrada en favor de un aire más limpio, con el objetivo de garantizar una vida más saludable y reforzar la lucha contra lo que el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, califica de «emergencia mundial», debido a sus graves repercusiones no solo sobre el clima y el medio ambiente, sino también sobre la salud pública.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación atmosférica provoca más de seis millones de muertes prematuras al año y está detrás de graves enfermedades respiratorias y cardiovasculares, lo que la convierte en uno de los principales riesgos medioambientales para la salud a escala mundial.

Ante este fenómeno, considerado una auténtica amenaza para el desarrollo sostenible y la prosperidad económica de los países, Marruecos ha convertido la mejora de la calidad del aire en una prioridad nacional. Desde finales de la década de 1990, el Reino ha puesto en marcha una ambiciosa política destinada a reforzar la prevención, la vigilancia y la reducción de las emisiones contaminantes.

En continuidad con esta dinámica, el Programa Nacional del Aire (PNAir) 2018-2030, impulsado por el Ministerio de Transición Energética y Desarrollo Sostenible en coordinación con los distintos actores implicados, constituye una hoja de ruta estratégica articulada en torno a cuatro ejes complementarios.

Estos ejes incluyen el fortalecimiento de la red nacional de vigilancia de la calidad del aire, la reducción de las emisiones atmosféricas procedentes de los distintos sectores de actividad, la consolidación del marco jurídico y reglamentario relativo a la protección del aire y la sensibilización sobre los riesgos asociados a la contaminación atmosférica.

En la misma línea, se puso en marcha el Programa Nacional de Vigilancia de la Calidad del Aire (2020-2030), destinado a reforzar la capacidad del Reino para medir y seguir la evolución de la calidad del aire en todo el territorio nacional.

Esta iniciativa permitió dotar a la red de vigilancia de la calidad del aire de 76 estaciones fijas de medición distribuidas por todo el país. El objetivo es elevar esta cifra hasta las 140 estaciones fijas para 2030, al tiempo que se lleva a cabo una renovación progresiva de las instalaciones existentes.

Asimismo, se han creado comités regionales permanentes de seguimiento y vigilancia de la calidad del aire con el fin de adaptar la acción pública a las realidades territoriales, de acuerdo con el principio de regionalización avanzada.

Esta dinámica ha ido acompañada de un refuerzo del marco normativo, con la entrada en vigor de varios textos legislativos destinados a complementar la Ley 13-03 relativa a la lucha contra la contaminación atmosférica.

Los esfuerzos nacionales también se han centrado en reducir las emisiones contaminantes, especialmente las procedentes del transporte por carretera y de las instalaciones industriales.

En este ámbito, Marruecos lleva varios años trabajando en la mejora progresiva de la calidad de los combustibles y ha establecido un marco normativo que fija valores límite para las emisiones de contaminantes atmosféricos, al tiempo que establece mecanismos de vigilancia y control de dichas emisiones.

El Reino también ha emprendido esfuerzos para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y acelerar su transición energética mediante fuertes inversiones en energías renovables.

Los esfuerzos de Marruecos no se limitan a los contaminantes atmosféricos convencionales, sino que abarcan también los contaminantes climáticos de vida corta (SLCP), sustancias cuyo potencial de calentamiento es muy superior al del dióxido de carbono (CO₂).

En este sentido, el Ministerio de tutela recuerda que Marruecos se incorporó a la CCAC en 2014 y elaboró un inventario de emisiones, así como un plan de acción nacional destinado a reducir los SLCP, reafirmando así su firme compromiso con un aire más limpio y una prosperidad compartida.

Esta movilización sostenida, traducida en múltiples iniciativas estratégicas, abre el camino hacia un enfoque integrado en el que cada ciudadano se convierte en protagonista de su propia salud y de la de su comunidad. La preservación de la calidad del aire es, en efecto, un desafío cotidiano que, más allá de las políticas nacionales, depende también de la voluntad colectiva de adoptar estilos de vida más saludables.

Por Le360 (con MAP)
El 07/09/2026 a las 17h46