En medio de la campaña sistemática contra Marruecos, la prensa española presenta a Mehdi Hijaouy como un banco de información prófugo, una bomba de relojería en materia de seguridad que amenaza la reputación de los servicios de seguridad marroquíes y como el antiguo número dos de los servicios de inteligencia exterior. Algunos medios del país vecino del norte han llegado incluso a describirlo como el «señor Pegasus», que supervisaba el sistema de espionaje informático contra Pedro Sánchez y Emmanuel Macron.
Esta promoción desmesurada de la figura de Mehdi Hijaouy plantea más de un interrogante sobre la seriedad y la credibilidad de la prensa española. También suscita preguntas sobre su ingenuidad e imprudencia al aceptar contradicciones flagrantes en la trayectoria profesional y el historial judicial de una persona perseguida por causas penales en Marruecos y sobre la que pesan sospechas de haber cometido delitos graves en territorio español.
Sin embargo, parece que la controversia política y el encendido debate público que vive actualmente España tras la última crisis de flujos migratorios han llevado a la prensa española a desviarse de su función informativa, apartarse de la ética profesional periodística y buscar atacar a Marruecos, aunque para ello tenga que vender ilusiones y promover contradicciones flagrantes. Este «ensañamiento español» sistemático ha brindado incluso la oportunidad a algunas voces resentidas y llenas de odio dentro del panorama mediático español de atacar a Marruecos mediante una avalancha de noticias falsas.
El señor Pegasus… ¿Ha llegado el momento de pedir disculpas al señor Hammouchi?
Numerosos periódicos españoles, entre ellos ABC y El Debate, han publicado sucesivos artículos en los que atribuyen a Mehdi Hijaouy la condición de «señor Pegasus», alegando que era el responsable del espionaje informático realizado mediante programas israelíes contra el teléfono del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
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Si los medios españoles dan por cierta esta hipótesis y la publican ingenuamente para llevar a la opinión pública española a creerla, en medio de una intensa campaña contra la imagen de Marruecos, hoy deberían pedir disculpas al director general de la Seguridad Nacional y de la Vigilancia del Territorio, Abdellatif Hammouchi, y desmarcarse de los artículos tendenciosos que durante años dañaron la imagen de este alto responsable de seguridad en las páginas de la prensa española.
Periodistas españoles como Francisco Carrión e Ignacio Cembrero han difundido habitualmente las acusaciones de Forbidden Stories, que señalaban a Abdellatif Hammouchi por utilizar el sistema Pegasus para realizar operaciones de espionaje. La imaginación de algunos de ellos llegó incluso al extremo de afirmar que este alto responsable de seguridad había probado primero el programa en su propio teléfono antes de lanzar una campaña mundial de espionaje.
Hoy, la prensa española contradice sus acusaciones anteriores, retira al director general de la Seguridad Nacional y de la Vigilancia del Territorio la imputación relacionada con Pegasus y coloca esa descripción sobre Mehdi Hijaouy. ¿Ha llegado el momento de que esta prensa española ensañada, junto con Amnistía Internacional y el consorcio Forbidden Stories, pida disculpas a Abdellatif Hammouchi? ¿O acaso lo que ha cambiado son los frentes y la necesidad exige ahora magnificar la figura de Mehdi Hijaouy para justificar la continua campaña contra los servicios de seguridad marroquíes?
Incluso si aceptáramos, a efectos dialécticos, la seriedad de las acusaciones publicadas por la prensa española sobre Mehdi Hijaouy y consideráramos que realmente es el señor Pegasus, aunque la lógica y el desarrollo de los acontecimientos indiquen lo contrario, ¿por qué no ha actuado la justicia española para juzgarlo? La prensa española afirma que está implicado en los ciberataques contra la cúspide del poder ejecutivo español y sostiene que actualmente vive a caballo entre un apartamento en Madrid y una zona rural de Cáceres.
Contradicciones… entre la ingenuidad y el descaro
El lector no puede identificarse ni, al menos, aceptar lo que la prensa española viene publicando últimamente sobre Mehdi Hijaouy. Se le ha presentado como responsable de los ciberataques ocurridos entre 2019 y 2021, cuando, en realidad, fue destituido y apartado de los servicios de inteligencia exterior marroquíes en 2010. Estos datos pueden extraerse incluso del currículum que el propio Mehdi Hijaouy publicó sobre sí mismo.
¿Puede aceptarse, desde la razón y la lógica, que a una persona expulsada de su puesto por graves incumplimientos profesionales se le encomiende una compleja misión de espionaje más de una década después de su destitución? ¿Y cómo pueden explicarse las contradicciones de la prensa española, que anteriormente acusaba a la Dirección General de Vigilancia del Territorio —los servicios de inteligencia interior— de espiar mediante Pegasus y que hoy entrega el testigo del supuesto espionaje a Mehdi Hijaouy, quien pertenecía a la inteligencia exterior?
Más aún, el diario español ABC adjuntó dos carnés contradictorios de Mehdi Hijaouy con el propósito de respaldar sus acusaciones y su campaña propagandística contra Marruecos, pero esos mismos documentos terminaron destruyendo su relato y echándolo por tierra debido a sus burdas y flagrantes contradicciones.
Lo que causa asombro y lleva al lector a pensar que la prensa española se encuentra sometida al peso de la estupidez y la ingenuidad es que ABC publicara un carné profesional de Mehdi Hijaouy, destituido en 2010, cuya fecha de validez finalizaba el 31 de marzo de 2014. Es decir, el documento siguió siendo válido durante más de cuatro años después de que fuera expulsado de su puesto.
Entre los aspectos pintorescos y grotescos del carné atribuido a Mehdi Hijaouy se encuentra que muestra claramente señales de falsificación y manipulación. El lector no necesita técnicas informáticas avanzadas para descubrir su carácter ficticio y fraudulento, puesto que contiene errores lingüísticos incompatibles con la razón y con una lógica administrativa normal.
El carné falsificado de Mehdi Hijaouy contenía graves despropósitos lingüísticos y funcionales. Aparecía firmado por el «director generel» en lugar del «director general»; estaba encabezado con el nombre «Reino Maoroquí» en vez de «Reino de Marruecos»; y en su identidad visual figuraba la expresión Dirección General de «Estudios y Apoyos», cuando en realidad se trata de la Dirección General de Estudios y Documentación.
A pesar de todos estos descaros y contradicciones flagrantes, la prensa española insiste en difundir falsedades fundamentales sobre Mehdi Hijaouy, intentando presentarlo como una piedra en el zapato de Marruecos, cuando en realidad no hace más que revelar su propia ingenuidad cada vez que exagera en la promoción de una imagen engañosa de este delincuente prófugo de la justicia.
Este carné falsificado atribuido a Mehdi Hijaouy también contradice los relatos de periodistas españoles, entre ellos Ignacio Cembrero, quienes durante mucho tiempo sostuvieron que Hijaouy tenía un rango militar, antes de que el nuevo carné lo presentara como un funcionario civil con una categoría administrativa y no militar.
Las confesiones de Hijaouy en el caso Mandari…
No se puede hablar del expediente de Mehdi Hijaouy sin relacionarlo con las últimas filtraciones reveladas por el grupo Atlas Hackers sobre las conversaciones de este último con el estafador Hicham Jerando, prófugo de la justicia y residente en Canadá.
Con toda seguridad, la prensa española no escuchó esas filtraciones ni les prestará atención, porque no sirven a su relato ni alimentan su intensa campaña contra la imagen de Marruecos. En esas filtraciones, Mehdi Hijaouy reveló toda la información y las noticias que tenía en su poder. También añadió una serie de mentiras que proporcionaba a Hicham Jerando para que las publicara con el fin de atacar a las instituciones de seguridad marroquíes.
A lo largo de varias semanas quedó demostrado que todo lo que Mehdi Hijaouy filtraba en secreto a Hicham Jerando no eran más que noticias generales y vagas, informaciones maliciosas y datos transmitidos por personas corrientes —según sus propias declaraciones— que no alcanzaban la categoría de información sensible ni podían proceder de un alto responsable de inteligencia, como la prensa española pretende hacer creer hoy a sus lectores.
Sin embargo, el dato más destacado de esas filtraciones surgió cuando Mehdi Hijaouy se entusiasmó en exceso y confesó abiertamente que había sido él quien ejecutó la operación para eliminar a Hicham Mandari en 2004, en el sur de España. Aunque la secuencia de los acontecimientos confirma que miente, especialmente porque el testimonio de su hijo Yazid Hijaouy sostiene que su padre padece el síndrome de la mentira, esta «confesión» exige que las autoridades españolas la traten con seriedad y la consideren una posible revelación sobre un delito que debe investigarse, en lugar de que la prensa española la pase por alto y la trate con una extraña indiferencia.
Esta descarada selectividad en la manera española de tratar las «informaciones» de Mehdi Hijaouy contra Marruecos y sus «confesiones» contra la seguridad de España confirma que nos encontramos ante una de dos posibilidades: o bien una prensa española sometida al peso de la estupidez y la ingenuidad, porque se inclina a creer rumores y contradicciones flagrantes, o bien una campaña hostil y dirigida que pretende confabularse contra Marruecos, aunque para ello sea necesario ignorar la ética profesional y arrojarse a las garras de las guerras híbridas que apuestan por las noticias falsas.
