En el periodismo de investigación, la frontera entre una exclusiva y la fabulación depende del rigor de las pruebas. Cuando un gran diario convierte hipótesis frágiles y declaraciones de personas con intereses propios en verdades de Estado, la información acaba transformándose en un relato de ficción. Eso es precisamente lo que pone de manifiesto el análisis cruzado del artículo publicado por la periodista Ketty Garat en el diario español ABC, de las «correcciones» difundidas en X por el periodista Ignacio Cembrero, conocido por sus posiciones críticas con Marruecos, y de la revisión detallada realizada por el académico y parlamentario marroquí Lahcen Haddad.
El relato de ABC: cuando la ficción se impone a la realidad
Bajo la firma de Ketty Garat, el diario conservador ABC publicó un artículo presentado como una «exclusiva» de importantes implicaciones geopolíticas, bajo el título El ex número dos de la inteligencia marroquí filtra «información sensible» a los hackers de Jabaroot. «ABC ha tenido acceso en exclusiva al documento de identificación de Mehdi Hijaouy dentro de los servicios secretos, el hombre que se encuentra detrás del fallo de seguridad que dejó al descubierto a 70.381 espías marroquíes», señala el artículo. El relato promete una revelación de gran alcance.
El artículo sitúa a Mehdi Hijaouy, un hombre buscado por Interpol por estafa, en el centro de un supuesto complot de Estado y le atribuye el pirateo del teléfono del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. «Marruecos desconoce su paradero actual y busca desesperadamente a quien fuera el ‘controlador general’ [...] de la DGED, el organismo que dirigió la operación de espionaje contra dirigentes europeos y que infectó los teléfonos móviles de Pedro Sánchez o Emmanuel Macron mediante el programa espía Pegasus», escribe la periodista.
Para justificar este perfil, Ketty Garat presenta las investigaciones judiciales internacionales contra Hijaouy como una simple maniobra de represalia. «La prensa oficial del régimen intentó ocultar su papel en los servicios secretos presentándolo como un delincuente común que se hacía pasar por espía. Por eso, el documento de identidad revelado hoy por ABC tiene una gran importancia». El artículo llega incluso a atribuirle la posesión de algunos de los datos más confidenciales de Europa, desde el caso Qatargate hasta secretos de Estado marroquíes. «Tendría en su poder el material extraído de los teléfonos pirateados mediante el programa espía Pegasus y los datos relativos a operaciones clandestinas de corrupción en el Parlamento Europeo».
Leer también : Caso Hijaouy. Denuncia por vigilancia en París: el contundente bofetón de su exesposa a las maniobras de la defensa
La ilusión de las «correcciones» de Cembrero
Tras la publicación del artículo, el periodista Ignacio Cembrero intervino en la red social X para aportar lo que consideraba correcciones técnicas. «Solo la agencia de inteligencia interior de Marruecos, la DGST, tuvo acceso a Pegasus, del que hizo un uso masivo. [...] La agencia de inteligencia exterior, la DGED, no utilizó el programa, aunque pudo indicar objetivos que debían ser espiados. Mehdi Hijaouy fue número dos de la DGED hasta 2014. La DGST comenzó a utilizar Pegasus en 2017». Cembrero señalaba así una contradicción institucional y cronológica, aunque mantenía la implicación general de los servicios de inteligencia basándose en publicaciones del consorcio Forbidden Stories.
Lejos de reconsiderar sus afirmaciones, Ketty Garat respondió rechazando las reservas de su colega. «Corrección a la corrección. Todo está en el artículo. Mehdi Hijaouy fue asesor del monarca de 2017 a 2022 y tuvo acceso a esa información. Citamos a esos medios y, concretamente, a ti. ABC publica documentos inéditos que ningún otro medio había obtenido», replicó en la misma red social.
Esta defensa, basada en sustituir el valor de un «documento inédito» por la exigencia de pruebas concluyentes, se encontraría posteriormente con una revisión basada en los hechos.
La demostración de las lagunas del relato de ABC
Lahcen Haddad intervino también en X con un análisis detallado en el que desmontó, punto por punto, la construcción narrativa de ABC.
La tesis de Garat sostiene que la tarjeta profesional de Hijaouy demostraría su condición de «número dos» y su capacidad para disponer de secretos de Estado en 2024. Haddad ofrece una precisión fundamental. «El ‘documento inédito’ publicado por ABC es una tarjeta profesional que caducó en 2014. Incluso si fuera auténtica, como máximo demostraría una antigua pertenencia y un rango dentro de la DGED. No demuestra que fuera el número dos de todo el servicio, que siguiera teniendo acceso a información operativa años después ni que filtrara datos a Jabaroot», escribe.
Garat sostiene además que Hijaouy dirigió el ataque contra el teléfono de Pedro Sánchez. «Para salvar esta ruptura institucional y cronológica, Cembrero escribe que la DGED ‘pudo indicar objetivos’. Precisamente: ‘pudo’. Es una posibilidad, no una prueba. Afirmar después que Hijaouy ocupó un puesto de asesor tampoco resuelve nada. Habría que demostrar que esa función le daba acceso al sistema operativo de la DGST, a los datos extraídos mediante Pegasus y, específicamente, al contenido del teléfono de Sánchez. Ningún registro técnico, documento, mensaje o testimonio independiente publicado lo acredita», responde el académico marroquí.
Para Garat, la implicación de Hijaouy y de Marruecos en el pirateo del Ejecutivo español es un hecho probado. Haddad recuerda, sin embargo, que «la Audiencia Nacional archivó la investigación sin poder identificar a los autores. [...] Hay que distinguir cuatro afirmaciones completamente diferentes: el consorcio atribuye a un usuario marroquí el acceso a Pegasus. Esa atribución no demuestra automáticamente cada operación atribuida a Marruecos. No está establecido judicialmente que la DGST, la DGED o el Estado marroquí infectaran el teléfono de Pedro Sánchez».
En cuanto a la afirmación sobre la filtración del grupo Jabaroot que supuestamente habría revelado la identidad de 70.381 agentes secretos marroquíes, Haddad señala que es «engañoso convertir una base de 70.381 registros, relacionados principalmente con personal de la DGSN, en una lista de ‘70.381 espías’. La DGSN es una amplia administración policial. No todos sus policías, funcionarios y empleados administrativos son espías. Además, la autenticidad íntegra de la base de datos, su origen único y la función exacta de cada persona registrada no han sido verificados», explica Haddad.
La confusión entre un conjunto de conjeturas y una demostración
Para Garat, citar múltiples fuentes e investigaciones periodísticas basta para respaldar el titular de ABC. Haddad responde que «citar a catorce medios no convierte una inferencia en una prueba. Esos medios trabajaron colectivamente sobre las mismas fuentes. Catorce publicaciones no equivalen a catorce confirmaciones independientes. Aquí se parte de una tarjeta caducada en 2014, se añaden fuentes anónimas, un ‘pudo’ y varios condicionales, y ABC termina afirmando en portada que Hijaouy ‘infectó el móvil de Sánchez’. Entre el documento realmente publicado y esta conclusión espectacular faltan todos los elementos esenciales. No es una demostración. Es una cadena de hipótesis convertida en certeza mediante un titular».
Al dar protagonismo a un individuo buscado por estafa y presentar una tarjeta profesional caducada como una prueba de Estado, ABC habría caído, según este análisis, en la trampa del sensacionalismo. La revisión de Lahcen Haddad vuelve a poner sobre la mesa una regla elemental del periodismo: la acumulación de condicionales, documentos caducados y testimonios indirectos nunca puede sustituir a una prueba material. Al llevar su titular mucho más allá de lo que sus fuentes podían demostrar, el diario español construyó un relato de espionaje allí donde el rigor exigía una investigación basada en hechos verificables.
