Un veredicto estadístico contundente, pero sobre todo una señal de alarma. La tercera participación de Marruecos en la evaluación internacional del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), después de las ediciones de 2018 y 2022, confirma un deterioro continuo y preocupante de las competencias de los alumnos marroquíes. Evaluados en 2025 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los 7.000 estudiantes de 15 años de la enseñanza pública marroquí que integraron la muestra representativa presentan un retroceso generalizado.
Tras realizar pruebas de dos horas en ordenador sobre matemáticas, ciencias y comprensión lectora, acompañadas de cuestionarios sobre su entorno y condiciones de vida, el balance resulta especialmente preocupante. En ciencias, Marruecos obtiene una puntuación media de 358 puntos, frente a los 482 de media de la OCDE, lo que sitúa al país en el puesto 82 de 90 economías evaluadas. En matemáticas, el resultado es de 355 puntos, frente a una media de 463 en la OCDE, situando a Marruecos en el puesto 82 de 86. En lectura, la caída llega hasta los 321 puntos, frente a los 461 de la OCDE, lo que coloca al sistema educativo marroquí en el puesto 86 de 89. Incluso en el nuevo módulo de pensamiento computacional, que se refiere a la capacidad de descomponer un problema complejo en elementos sencillos siguiendo una lógica algorítmica y que resulta esencial en la era digital, los alumnos marroquíes muestran un importante retraso.
Si los factores ambientales tradicionales, como el absentismo crónico, la grave falta de profesores y la insuficiencia de material pedagógico, siguen deteriorando el entorno escolar, el análisis de profesionales y expertos revela un problema más profundo, una importante crisis de atención alimentada por la sobreexposición a las pantallas, combinada con una inadecuación estructural de la pedagogía nacional.
La dictadura del formato corto y el deterioro de las funciones cognitivas
Sobre el terreno, los profesionales de la salud y la educación constatan a diario los efectos de la rutina digital, por no decir adicción, de los alumnos. Sami Akoudad, psicomotricista en Casablanca, señala que, aunque la sobreexposición a las pantallas no sea la única causa del fracaso escolar, actúa como un factor agravante de gran impacto sobre el cerebro de los jóvenes. Su diagnóstico se basa en su experiencia clínica y profesional y no en un estudio publicado, por lo que, aunque no invalida su observación, esta debe ser contrastada con los datos de la investigación científica. El consumo frenético de vídeos ultracortos, como los Shorts o Reels de entre 6 y 10 segundos, afecta directamente a la capacidad de mantener la atención. El cerebro funciona como un músculo y la falta de estímulos intelectuales profundos termina reduciendo sus capacidades.
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Un estudio publicado en 2019 en la revista JAM por investigadores del Hospital Infantil de Cincinnati midió, entre los niños más expuestos a las pantallas, una menor integridad de la sustancia blanca en las zonas cerebrales relacionadas con el lenguaje y la lectura. Otro estudio más reciente, realizado por la Universidad de Fukui y publicado en Translational Psychiatry en 2025, relaciona una exposición prolongada con modificaciones estructurales del cerebro en cerca de 10.000 niños seguidos entre los 9 y los 12 años. Los autores de ambos trabajos precisan, sin embargo, que se trata de estudios observacionales, que establecen una correlación pero no demuestran una relación causal directa entre el tiempo de exposición a las pantallas y las modificaciones cerebrales. Esta sobreestimulación inmediata reduce la tolerancia al esfuerzo y genera una impulsividad que hace casi imposible mantener la concentración durante periodos prolongados.
El fenómeno resulta aún más preocupante cuando la exposición comienza desde los primeros meses de vida. Sami Akoudad alerta sobre el uso de pantallas desde los 2 o 3 meses de edad, cuando el bebé, convertido en un receptor pasivo de imágenes en movimiento, queda privado de interacciones humanas esenciales. «Esta sobreestimulación temprana genera posteriormente déficits de atención y de relación tan importantes que en ocasiones imitan los síntomas del trastorno del espectro autista», afirma el especialista. Se trata, no obstante, de una semejanza clínica superficial entre determinados comportamientos observados y no de un diagnóstico establecido, ya que la investigación científica no ha demostrado hasta la fecha una relación causal entre la exposición a las pantallas y el trastorno del espectro autista. Al eliminar cualquier posibilidad de aburrimiento, que constituye sin embargo un motor esencial de la imaginación y la creatividad, las pantallas pueden frenar el desarrollo psicológico del niño. Un estudio de la Universidad de Toronto Scarborough respalda esta observación al mostrar que cambiar constantemente de contenido para evitar el aburrimiento no lo hace desaparecer, sino que puede intensificarlo al hacer que el visionado resulte menos satisfactorio y estimulante.
Este diagnóstico de deterioro de las capacidades cognitivas es compartido plenamente por Zineb Aboutaj, directora pedagógica de un colegio privado de Casablanca. «Soy profesora desde 2012 y el diagnóstico es contundente: existe una enorme brecha entre los alumnos de antes y los de hoy», declara a Le360.
Al igual que el testimonio de Sami Akoudad, esta observación se basa en la experiencia profesional cotidiana y no en una investigación cuantificada a escala del sistema educativo marroquí. En las clases de sexto de primaria, con niños de entre 11 y 12 años, la gran mayoría de los alumnos es incapaz de mantener la concentración durante más de 5 o 10 minutos seguidos. Entre las causas figura, según esta docente, una renuncia de los padres a su responsabilidad educativa que convierte el teléfono inteligente en un «chupete digital» entregado a niños de entre 3 y 11 años con el único objetivo de mantener la tranquilidad en el hogar. «Dejados a su suerte frente a contenidos violentos, expuestos al riesgo del ciberacoso y sometidos a ritmos de vida perjudiciales, teniendo en cuenta que algunos niños de primaria permanecen conectados hasta la una de la madrugada, los alumnos llegan a clase agotados, con retrasos en el habla desde la etapa infantil y sin ningún deseo de aprender», señala Zineb Aboutaj.
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Ante esta pérdida de interés, la institución escolar se ve obligada a adaptarse. La pedagogía tradicional basada en la pizarra ya no basta para captar una atención cada vez más volátil, por lo que los centros recurren de forma masiva a las pizarras digitales interactivas. Los profesores, al borde del agotamiento, se ven obligados a repetir continuamente los contenidos y a sobreestimular sus clases, hasta el punto de tener que convertirse casi en animadores de un espectáculo para mantener un interés fugaz.
Sobrecarga de la memoria y «desenganche escolar pasivo»
El análisis coincide con el de Badr Almajdi, cofundador de clubscolaires.com y especialista en anticipación de las necesidades de competencias. Almajdi dirige además una plataforma comercial de apoyo escolar, por lo que su diagnóstico debe contrastarse con investigaciones independientes. Según él, el flujo constante de información generado por el scrolling y la sucesión ininterrumpida de vídeos termina saturando la memoria a corto plazo. «Cuando esta memoria de trabajo se satura, ya no puede desempeñar su papel fundamental en el mantenimiento de la concentración y en la asimilación de los conocimientos», subraya.
Esta hipótesis coincide con las conclusiones de un estudio realizado en 2025 por la Universidad Estatal de San Diego, que estableció una relación entre hacer scroll de vídeos cortos antes de una sesión de lectura y una lectura más rápida y superficial de los textos. La literatura científica, sin embargo, sigue dividida sobre esta cuestión. Un experimento realizado por la Dublin Business School no detectó ningún efecto significativo de una exposición inmediata a TikTok sobre la atención o la memoria de trabajo, mientras que un estudio presentado en 2022 ante la Association for Psychological Science incluso observó una atención sostenida superior en un grupo que había visto vídeos de TikTok respecto a otro que había leído un texto.
Esta ruptura tecnológica ha erosionado el concepto de «lectura continua». Al perder el hábito de recorrer un texto largo y estructurado, los alumnos ven debilitadas sus capacidades de comprensión, razonamiento y análisis crítico. Por ello, las dificultades reveladas por la prueba PISA no se deben tanto a la debilidad de los contenidos pedagógicos incluidos en el programa como a la dificultad de los alumnos para procesar la información en profundidad. Este fenómeno se aceleró considerablemente tras la pandemia de COVID-19, cuyos confinamientos generalizaron el uso intensivo de las pantallas y los videojuegos entre los jóvenes de 12 a 15 años.
Esta dependencia genera lo que Badr Almajdi denomina «desenganche escolar pasivo». A diferencia del abandono escolar, en el que el alumno deja físicamente el centro educativo, el alumno que se encuentra en esta situación sigue asistiendo a clase, pero funciona en «piloto automático». Totalmente desinteresado por la enseñanza y obsesionado con la consola o el teléfono, se limita a soportar las clases sin llegar a analizarlas. Para reactivar el aprendizaje, resulta necesario volver a despertar el interés del alumno marroquí, identificando y acompañando sus talentos individuales.
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La trampa de la repetición sistemática y la falta de análisis
Más allá de la crisis de atención vinculada al entorno digital, las propias deficiencias del sistema educativo marroquí explican la gravedad de los resultados obtenidos en PISA. Durante una intervención en Medi 1 TV, el experto en educación Abderrahmane Lahlou identificó cinco factores principales detrás de este retroceso estructural. En primer lugar, señaló la acumulación de carencias no resueltas entre alumnos con un nivel muy bajo desde primaria, a lo que se suma un entorno general de clase y de escuela deteriorado y perjudicial para el aprendizaje. También apuntó a la inadecuación de los currículos, tanto en los programas como en los métodos, así como a la baja calidad de la enseñanza, agravada por la grave falta de formación continua del profesorado.
Sin embargo, según Abderrahmane Lahlou, la quinta razón constituye la causa real y fundamental del problema. Existe una gran brecha estructural entre lo que se enseña en la escuela marroquí y lo que evalúa la prueba PISA. Mientras el sistema nacional se apoya casi exclusivamente en la memorización y la repetición de contenidos para superar los exámenes, la prueba de la OCDE evalúa la comprensión real, la capacidad de análisis y la habilidad para aplicar conocimientos teóricos a situaciones concretas de la vida cotidiana. El alumno marroquí se encuentra así en desventaja ante una prueba que exige una autonomía intelectual que la escuela no le ha enseñado a desarrollar. Esta interpretación encuentra respaldo en los propios resultados de PISA. Singapur y Corea del Sur encabezan la edición de 2025, pese a que ambos países figuran entre los más conectados del mundo. En Corea del Sur, el Ministerio de Ciencia y Tecnologías de la Información estima que alrededor del 30% de los jóvenes de entre 10 y 19 años presentan una dependencia excesiva del teléfono inteligente, un dispositivo que posee prácticamente la totalidad de los adolescentes del país. Este contraste entre una elevada exposición digital y unos resultados académicos situados entre los mejores del mundo refuerza la explicación pedagógica y estructural planteada por Abderrahmane Lahlou, en lugar de atribuir la situación únicamente al uso de las pantallas.
El experto también matiza el alcance de las recientes reformas educativas. Si el despliegue del modelo de las «Escuelas pioneras» constituye un paso positivo para consolidar los conocimientos básicos, como la lectura, la escritura y el cálculo, este dispositivo sigue siendo demasiado elemental y mecanizado. Según Abderrahmane Lahlou, el programa corre el riesgo de limitarse a un simple «SMIG pedagógico» si no se acompaña de una ambición más amplia. Para revertir la situación, el experto aboga por una profunda revisión de los programas de secundaria, que permanecen sin cambios desde hace dos décadas, el desarrollo de sistemas nacionales de evaluación más adecuados y la apertura hacia modelos de gestión basados en la colaboración.
Palancas de regulación y transformación pedagógica
Ante esta doble crisis cognitiva y pedagógica, deben aplicarse respuestas concretas tanto en el ámbito familiar como en el escolar. Desde el punto de vista familiar y conductual, Sami Akoudad y Zineb Aboutaj recomiendan establecer un control estricto del uso de las pantallas sin demonizarlas. Las herramientas digitales deberían reservarse estrictamente para las tareas escolares, mientras que el uso recreativo de videojuegos y redes sociales debería limitarse considerablemente. Para proteger el sueño, recomiendan establecer un periodo de al menos una o dos horas sin pantallas antes de acostarse, mientras que los teléfonos deberían quedar completamente fuera de las comidas familiares para recuperar la comunicación verbal. Asimismo, para evitar la dispersión de la atención desde edades tempranas, aconsejan reorganizar el entorno doméstico limitando a un máximo de diez los juguetes visibles y aplicando un sistema de rotación.
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Desde el punto de vista pedagógico, la incorporación del pensamiento computacional ofrece una oportunidad para reconciliar a los alumnos con el razonamiento lógico. Mediante el uso de programas de programación visual como Scratch o la participación en proyectos colaborativos y simulaciones, los estudiantes dejan de ser consumidores pasivos de imágenes para convertirse en creadores activos.
Combinada con una reforma de los métodos de evaluación centrada en el pensamiento crítico y la autonomía, esta recuperación de la capacidad de atención constituye una condición esencial para elevar de forma duradera el nivel de la escuela marroquí. Estas propuestas se inscriben, no obstante, en un campo de investigación todavía en desarrollo, ya que la comunidad científica continúa debatiendo sobre la magnitud exacta de los efectos de las pantallas en el cerebro y el aprendizaje de los niños.
