Cáncer, diabetes e hipertensión: cómo los gastos sanitarios están debilitando los presupuestos de los Estados africanos

El coste de los tratamientos contra la diabetes podría triplicarse de aquí a 2030 en África.

El 19/05/2026 a las 11h12

El rápido aumento de las enfermedades crónicas en África está transformando progresivamente el equilibrio de las políticas sanitarias y ejerciendo una presión creciente sobre unas finanzas públicas ya debilitadas por el endeudamiento, los costes energéticos y las necesidades sociales. El cáncer, la diabetes, la hipertensión arterial, la insuficiencia renal o las enfermedades respiratorias representan ya uno de los principales desafíos económicos para los sistemas sanitarios africanos entre 2025 y 2026.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades no transmisibles son responsables de alrededor del 37% de las muertes en el continente africano, una proporción en constante aumento debido a la urbanización, los cambios alimentarios, el tabaquismo, la contaminación y el relativo envejecimiento demográfico.

Africa CDC estima además que su peso económico crece más rápido que la capacidad presupuestaria de los Estados africanos, creando un desequilibrio duradero entre las necesidades médicas y los recursos disponibles.

Los sistemas sanitarios africanos han estado históricamente estructurados en torno a la lucha contra las enfermedades infecciosas. El VIH, la malaria y la tuberculosis siguen absorbiendo una parte importante de la financiación pública e internacional, especialmente a través del Fondo Mundial y de varios programas multilaterales.

Sin embargo, los datos publicados por el Banco Mundial y la OMS muestran que el avance de las enfermedades crónicas está modificando profundamente la estructura de la demanda sanitaria africana. La diabetes está experimentando un aumento particularmente rápido en las grandes metrópolis africanas, mientras que la hipertensión se está convirtiendo en uno de los principales factores de mortalidad prematura.

El cáncer ilustra igualmente esta transición. El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIRC/IARC) prevé un fuerte aumento de los casos en África durante la próxima década, impulsado especialmente por los cánceres de mama, cuello uterino, hígado y próstata.

Sin embargo, los presupuestos públicos tienen dificultades para seguir esta evolución. Según el informe 2025 de la OMS sobre la financiación sanitaria en África, varios países siguen destinando menos del 5% de su gasto público sanitario a las enfermedades no transmisibles. La debilidad de los sistemas de seguro médico acentúa esta presión financiera.

La OMS subraya igualmente que los gastos directos de los hogares —denominados «out-of-pocket»— siguen representando más del 50% del gasto sanitario total en varias economías africanas. Esta situación expone a millones de familias a gastos catastróficos, especialmente en tratamientos pesados relacionados con el cáncer o la insuficiencia renal.

Tratamientos costosos en sistemas insuficientemente equipados

La financiación de las enfermedades crónicas no se limita a la compra de medicamentos. Los costes relacionados con equipamientos, radioterapia, análisis biológicos, diálisis o tratamientos innovadores representan una carga considerable para las finanzas públicas africanas.

Un análisis publicado por The Lancet Oncology recuerda que África sigue siendo una de las regiones menos equipadas del mundo en infraestructuras oncológicas. Varios países aún disponen de un número limitado de centros de radioterapia o de laboratorios especializados capaces de garantizar diagnósticos precoces.

El déficit de recursos humanos agrava además los desequilibrios. Según varios estudios difundidos por la African Organisation for Research and Training in Cancer (AORTIC), el África subsahariana sufre una falta crítica de oncólogos, cardiólogos, endocrinólogos y nefrólogos, concentrados a menudo en unos pocos grandes polos urbanos como El Cairo, Casablanca, Nairobi o Johannesburgo.

Esta concentración territorial incrementa los costes indirectos soportados por los pacientes. Transporte, alojamiento e interrupción de la actividad profesional se convierten en gastos adicionales que fragilizan aún más a los hogares.

El coste de los tratamientos innovadores constituye otro foco de tensión. Las terapias dirigidas contra determinados cánceres, los biomarcadores o las tecnologías de secuenciación genómica siguen siendo difícilmente accesibles para una gran parte de los sistemas sanitarios africanos.

Pese a los discursos sobre la soberanía sanitaria africana, la financiación de las enfermedades crónicas sigue dependiendo en gran medida de los donantes internacionales. Los National Institutes of Health (NIH), la Unión Europea, la Fundación Gates o varias agencias de cooperación occidentales figuran entre los principales financiadores de la investigación y de los programas especializados.

Un estudio reciente dedicado a la investigación sobre el cáncer en África muestra que cerca del 70% de los proyectos financiados dependen de fondos extranjeros. Egipto aparece como una excepción relativa gracias a una financiación local más desarrollada de sus programas de investigación.

Esta dependencia expone a los sistemas africanos a crecientes riesgos presupuestarios. Las reorientaciones financieras observadas desde 2024 en varias economías occidentales ya están afectando a algunos programas sanitarios africanos, especialmente en investigación e infraestructuras.

El sector farmacéutico refleja igualmente esta vulnerabilidad. Según el Banco Africano de Desarrollo (BAD), África sigue importando la mayoría de sus medicamentos y equipos médicos, lo que incrementa los costes debido a las fluctuaciones monetarias y a las perturbaciones logísticas mundiales.

Las reformas de cobertura sanitaria se multiplican

Frente a estas tensiones, varios países africanos están acelerando las reformas de cobertura sanitaria universal. Marruecos continúa ampliando la cobertura del Seguro Obligatorio de Enfermedad (AMO), prestando una atención creciente a las enfermedades crónicas y a la continuidad de los cuidados.

Ruanda sigue consolidando su sistema comunitario de mutualización sanitaria, presentado con frecuencia como uno de los modelos más avanzados del continente. Kenia, Ghana, Costa de Marfil y Senegal también continúan impulsando reformas destinadas a mejorar el acceso a los cuidados de larga duración.

Los gobiernos africanos buscan paralelamente diversificar sus fuentes de financiación. Varios países están reforzando los impuestos sobre el tabaco, el alcohol o las bebidas azucaradas con el objetivo de financiar los gastos sanitarios vinculados a las enfermedades no transmisibles.

Sudáfrica mantiene especialmente su impuesto sobre las bebidas azucaradas introducido para luchar contra la obesidad y la diabetes. Otras economías africanas estudian mecanismos similares bajo el impulso de la OMS y del Banco Mundial.

Estas políticas siguen siendo sensibles desde el punto de vista económico y social. Varias organizaciones patronales africanas alertan sobre el impacto potencial de estos gravámenes en el consumo y en la actividad industrial dentro de contextos económicos ya debilitados.

La financiación de las enfermedades crónicas va ya mucho más allá del ámbito estrictamente médico. Según el Banco Mundial, las enfermedades no transmisibles representan un importante riesgo económico para las economías africanas debido a las pérdidas de productividad, el absentismo y la reducción del capital humano.

Algunos estudios económicos recientes estiman que los costes indirectos relacionados con el cáncer, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares podrían representar varios miles de millones de dólares de pérdidas anuales para las grandes economías africanas.

Esta evolución empuja progresivamente a las instituciones africanas a integrar las enfermedades crónicas en las estrategias de desarrollo y soberanía económica. Africa CDC aboga ya por un enfoque continental que combine financiación pública, producción farmacéutica local, digitalización de los sistemas sanitarios y mejora de los datos epidemiológicos.

El principal desafío sigue siendo, no obstante, el de los recursos. Entre el peso de la deuda, las tensiones sociales y la reducción de los márgenes presupuestarios, varios gobiernos africanos disponen de una capacidad financiera limitada para absorber el aumento continuo de los gastos relacionados con las enfermedades crónicas.

La financiación de las enfermedades no transmisibles aparece así como una de las principales pruebas económicas y sanitarias para el continente africano de aquí a 2030.

Por Mouhamet Ndiongue
El 19/05/2026 a las 11h12