Juanito Valderrama, el cantaor que encontró en Marruecos la inspiración de «El emigrante»

Juanito Valderrama (1916-2004).

El 25/10/2026 a las 10h30

Durante años, Juanito Valderrama fue una presencia familiar en los escenarios y las ondas de Tetuán, donde el flamenco gozaba de una enorme popularidad. Pero su relación con Marruecos dejó una huella todavía más profunda. Fue en una habitación de hotel de Tánger, después de encontrarse con españoles exiliados que no podían regresar a su país, donde el artista terminó de escribir El emigrante, una canción que acabaría convirtiéndose en un himno de la nostalgia y el desarraigo.

Juanito Valderrama había cantado en numerosos escenarios cuando una noche, en Tánger, se encontró ante un público que lo escuchaba de una manera diferente. Entre los asistentes a su actuación en el Teatro Cervantes había españoles que llevaban años lejos de su país y que, al oír sus canciones, no podían contener las lágrimas. Algunos habían combatido durante la Guerra Civil y habían encontrado refugio en Marruecos. Para ellos, aquella voz andaluza evocaba una tierra a la que muchos ya no esperaban regresar.

El episodio quedó grabado en la memoria del cantaor. Años después lo recordaría en Juanito Valderrama. Mi España querida, el libro de memorias elaborado junto al periodista Antonio Burgos y publicado en 2002. Valderrama contaba que, al terminar la función, algunos de aquellos hombres se acercaron a él para hablarle de sus familias y de las ciudades que habían dejado atrás. La emoción de aquel encuentro lo acompañó durante el resto de la noche.

Después de recorrer las calles del Zoco Grande y detenerse en los cafés de Tánger, regresó a su hotel. Allí tomó una hoja de papel y terminó de escribir la letra de El emigrante, una canción cuyo estribillo ya había preparado junto al guitarrista Niño Ricardo.

Lo que había visto aquella noche le proporcionó las palabras que le faltaban.

La historia tiene algo de paradójico. Una de las canciones más identificadas con la nostalgia española nació de un encuentro con el exilio en una ciudad marroquí. Y el hombre que la escribió, Juanito Valderrama, mantendría durante años una relación especialmente estrecha con el público del norte de Marruecos.

Tetuán, una ciudad que conocía su voz

Nacido el 24 de mayo de 1916 en Torredelcampo, provincia de Jaén, Juan Valderrama Blanca creció en una familia de agricultores y descubrió muy pronto su facilidad para el cante. Aprendió escuchando a los artistas de su época y comenzó una carrera profesional que lo llevaría a convertirse en una de las figuras más populares del flamenco y la copla española.

Su repertorio era extraordinariamente amplio. Interpretaba fandangos, seguiriyas, soleares y otros estilos flamencos, pero también canciones que alcanzaron una difusión masiva gracias a los discos, la radio, el teatro y el cine. Esa combinación le permitió llegar a públicos muy diferentes y mantener una carrera de varias décadas.

Entre los lugares que frecuentó durante sus giras figuraba el norte de Marruecos, especialmente Tetuán, donde existía una importante afición al flamenco.

El investigador y aficionado José María Ruiz Fuentes, que conoció personalmente al artista, dejó constancia de aquellas visitas en un texto dedicado a su memoria. Recordaba que Valderrama viajaba con frecuencia a las ciudades del entonces Protectorado español y que sus actuaciones eran seguidas tanto por espectadores marroquíes como españoles.

Tetuán ocupaba un lugar especial en esos recuerdos. Ruiz Fuentes evocaba sus visitas a Radio Dersa, la emisora tetuaní en la que el cantaor llegaba a presentar programas y compartir su música con los oyentes. No se trataba únicamente de actuaciones ocasionales ante un público extranjero, sino de una relación sostenida con una ciudad que conocía su repertorio y lo recibía con entusiasmo.

Para comprender aquella popularidad conviene recordar que Tetuán tenía una intensa vida musical. La tradición andalusí marroquí convivía con otros géneros y con una afición al flamenco alimentada por la circulación de artistas, discos y programas de radio entre las dos orillas del Estrecho.

Los recuerdos de Radio Dersa

Radio Dersa desempeñó un papel importante en aquella vida cultural. Sus emisiones musicales y sus programas de artistas contribuyeron a popularizar el flamenco en Tetuán, al tiempo que ofrecían oportunidades a intérpretes locales.

Un artículo histórico publicado por El Faro de Ceuta recuerda la actividad de la emisora y su programa Fiesta en el Aire, vinculado al teatro de la calle La Luneta. Por aquellos espacios pasaron numerosos aficionados y cantaores, entre ellos artistas marroquíes que encontraron en la radio una manera de darse a conocer.

Entre los nombres recordados figura Fader, un cantaor marroquí que despertaba un gran entusiasmo entre los oyentes. También aparecen Antonio el Relojero, el Niño del Cerro, Manolo Vega y otros intérpretes que formaban parte de aquel ambiente musical.

Valderrama pertenecía a otra dimensión de popularidad, pero no era ajeno a ese mundo. El mismo artículo lo recuerda como un visitante habitual de la emisora y señala que incluso llegó a conducir su propio espacio radiofónico.

Ruiz Fuentes dejó además una anécdota que ilustra la familiaridad del cantaor con las ciudades del norte marroquí. Durante uno de sus desplazamientos entre Tetuán y Melilla, Valderrama habría improvisado una canción inspirada en aquel recorrido y la habría dado a conocer posteriormente en Radio Dersa.

La historia, conservada en los recuerdos del investigador y recogida también por El Faro de Ceuta, pertenece a esa memoria musical que sobrevive muchas veces gracias a quienes escucharon personalmente a los artistas. No consta, sin embargo, que aquella improvisación llegara a publicarse en una grabación comercial.

Lo que sí reflejan estos testimonios es la naturalidad con la que Valderrama incorporaba Marruecos a sus desplazamientos profesionales y a su repertorio sentimental. Para el artista andaluz, Tetuán no era una ciudad desconocida en la que actuaba una sola noche, sino una escala recurrente de sus giras y un lugar donde encontraba un público fiel.

La noche de Tánger que cambió una canción

Pero el episodio marroquí más importante de su trayectoria tuvo lugar en Tánger, una ciudad que en aquellos años acogía a numerosos extranjeros y a españoles que habían abandonado su país después de la Guerra Civil.

Valderrama llegó allí acompañado de su compañía artística. Durante una actuación en el Teatro Cervantes descubrió entre el público a varios exiliados republicanos que escuchaban sus canciones con una emoción que lo impresionó profundamente.

En sus memorias, reconstruidas por Antonio Burgos, el cantaor explicaba que algunos de aquellos hombres se acercaron a él llorando y le hablaron de sus hijos y de las ciudades españolas que habían dejado atrás. El recuerdo de aquellas conversaciones lo acompañó cuando salió del teatro y caminó por Tánger.

La canción que estaba preparando con Niño Ricardo adquirió entonces un significado diferente.

Hasta aquel momento ambos tenían compuesto el estribillo. Después de encontrarse con los exiliados, Valderrama regresó a su habitación y escribió el resto de la letra. Burgos contaría posteriormente que lo hizo sobre el reverso de una factura del hotel, un detalle que aparece también en su evocación del cantaor publicada tras su muerte.

El emigrante acabaría convirtiéndose en una de sus interpretaciones más famosas. Aunque el título hablaba de emigración, el origen que Valderrama atribuía a la canción estaba relacionado con aquellos españoles que habían perdido la posibilidad de regresar libremente a su país.

La distinción no es menor. Con el paso del tiempo, millones de españoles que salieron a trabajar al extranjero encontraron en aquella canción una expresión de sus propios sentimientos. Pero la inspiración que el artista recordaba procedía de una experiencia distinta, la de quienes habían abandonado España por razones políticas. Marruecos fue el escenario de ese encuentro.

Una canción entre la emigración y el exilio

La trayectoria posterior de El emigrante también refleja las contradicciones de la España de la época.

Valderrama había servido en el ejército republicano durante la Guerra Civil, una experiencia que posteriormente recordó en sus memorias. Sin embargo, su enorme popularidad durante el franquismo hizo que parte del público terminara identificándolo con la España oficial de aquellos años.

El propio cantaor evocó una situación especialmente reveladora. En una reunión a la que asistía Francisco Franco, interpretó El emigrante y recibió la petición de repetirla. Según contó después, aquella solicitud le produjo inquietud porque sabía perfectamente cuál había sido la inspiración de la letra.

La canción podía escucharse como una expresión sentimental del amor a la patria, pero detrás de sus versos permanecía el recuerdo de los republicanos que había conocido en Tánger.

Antonio Burgos insistió en esa dimensión al recordar a Valderrama tras su fallecimiento. Para el periodista, El emigrante había nacido de las lágrimas de los españoles exiliados que asistieron a aquella actuación en el Teatro Cervantes, aunque posteriormente se convirtiera en una canción compartida por generaciones de emigrantes.

La composición también figura en el archivo de la Sociedad General de Autores y Editores, que atribuye su letra a Juanito Valderrama y la música a Manuel Serrapí, conocido como Niño Ricardo, y Manuel Pitto.

La popularidad de la canción terminó superando ampliamente el episodio que la había inspirado. Durante décadas fue interpretada, recordada y transmitida por públicos que probablemente desconocían que una parte fundamental de su historia había comenzado en Marruecos.

El flamenco que cruzaba el Estrecho

La relación de Juanito Valderrama con el norte de Marruecos no puede separarse de una época en la que el Estrecho era atravesado constantemente por músicos y compañías teatrales.

Tetuán y Tánger formaban parte de los circuitos de actuación de numerosos artistas españoles, mientras que el público marroquí participaba activamente en aquella vida musical. La presencia de cantaores locales en Radio Dersa demuestra además que el flamenco no era únicamente una música importada para los españoles residentes en Marruecos.

Valderrama conservó durante toda su carrera vínculos con ese mundo de giras, teatros y encuentros entre artistas. La Fundación Paco de Lucía recoge, por ejemplo, un recuerdo del cantaor relacionado con un viaje de regreso desde Tánger. Durante la travesía escuchó tocar al jovencísimo Paco de Lucía, que viajaba con la compañía, y llamó al Niño Ricardo para que también lo oyera. El guitarrista quedó tan impresionado que comprendió inmediatamente el talento extraordinario del muchacho.

La anécdota permite imaginar la vida de aquellas compañías, que viajaban de una ciudad a otra y en las que convivían músicos consagrados y jóvenes que todavía estaban aprendiendo su oficio.

Valderrama continuó cantando durante décadas y murió el 12 de abril de 2004 en Espartinas, Sevilla, después de una carrera que lo había convertido en una figura fundamental de la música popular española.

Su nombre sigue asociado a El emigrante, De polizón o Su primera comunión, pero su historia también pertenece a Tetuán y Tánger, ciudades que lo recibieron en numerosas ocasiones y que dejaron una huella concreta en su trayectoria.

En Tetuán encontró un público que lo escuchaba por la radio y acudía a sus actuaciones. En Tánger, el encuentro con unos españoles exiliados le proporcionó la inspiración que necesitaba para terminar una de sus canciones más conocidas.

De aquella noche quedó una melodía que acabaría acompañando a generaciones enteras de personas lejos de su tierra. Y detrás de ella permaneció siempre el recuerdo de una ciudad marroquí, de un teatro y de unos hombres que lloraban al escuchar cantar a Juanito Valderrama.

Por Faiza Rhoul
El 25/10/2026 a las 10h30