Marruecos y el arte de convertir su identidad en influencia: el auge del «soft power» marroquí

Durante el concurso «Défilé jeunes talents», organizado el 8 de mayo de 2026 en el marco de la 26ª edición de la Caftan Week de Marrakech bajo el lema «Souffle de l’Atlas». (FOTO: MAP)

El 17/05/2026 a las 14h30

La 26ª edición de la Caftan Week, celebrada en Marrakech bajo el lema «Souffle de l’Atlas», volvió a poner en escena algo que Marruecos lleva años construyendo más allá de la moda o del folclore: su estrategia de «soft power». El caftán dejó de ser únicamente una prenda tradicional para convertirse en símbolo de elegancia, memoria colectiva y continuidad cultural. Al situar el Atlas y la herencia amazigh en el centro del evento, la cita conectó patrimonio, identidad nacional y saber hacer ancestral en una misma narrativa.

Esta estrategia política, conceptualizada por Joseph Nye, se basa en una idea simple: un país puede pesar en el mundo no solo por su poder económico o militar, sino también por el atractivo que inspira. El «soft power» es precisamente la capacidad de seducir, convencer y atraer sin imponer. Entre moda, gastronomía, arte, fútbol y diplomacia religiosa, el Reino ha construido a lo largo de los años un «soft power» que le permite irradiar influencia más allá de sus fronteras.

Este tipo de eventos, como la Caftan Week, refleja una evolución más amplia. Marruecos multiplica las actividades culturales y las iniciativas de visibilidad internacional. El objetivo es convertir la cultura marroquí en una marca reconocida, identificable y deseable.

Una potencia cultural

Marruecos se apoya, ante todo, en su patrimonio. Ya sea el zellige, el caftán, el malhoun, la gastronomía o la literatura, todos ellos componen una imagen inmediatamente reconocible. Esta riqueza contribuye a construir un imaginario nacional que seduce incluso en el extranjero.

El zellige ilustra un saber hacer artesanal del que el mundo entero está enamorado. La gastronomía, por su parte, introduce Marruecos en la vida cotidiana de viajeros, expatriados y aficionados a la cocina internacional. En ambos casos, el patrimonio se convierte en una forma de darse a conocer a escala internacional.

La literatura también desempeña un papel importante. Autores como Leïla Slimani, Premio Goncourt 2016, o Tahar Ben Jelloun, Premio Goncourt 1987, otorgan a Marruecos una voz intelectual y simbólica presente en los grandes debates culturales y literarios mundiales. El «soft power» marroquí no se basa únicamente en la imagen, sino también en la palabra.

El deporte como palanca

El fútbol es, sin duda, la palanca más espectacular. La histórica semifinal de Marruecos en el Mundial de 2022 frente a Francia marcó un punto de inflexión: el país ocupó de repente un lugar central en el imaginario mediático mundial. La palabra «Marruecos» se convirtió en el término más buscado en Google a escala planetaria tras aquella actuación. Esto reforzó la idea de un Marruecos capaz de superar expectativas, sorprender y encarnar un orgullo colectivo mucho más allá del deporte.

La organización de la Copa Africana de Naciones 2025 y la futura coorganización de la Copa Mundial de la FIFA 2030 junto a España y Portugal prolongan esta dinámica. Estas citas deportivas refuerzan la visibilidad del Reino y afirman su capacidad para organizar eventos de envergadura internacional. También otorgan a Marruecos un lugar más fuerte dentro de la diplomacia deportiva mundial.

Un país que atrae

El «soft power» también se mide por el atractivo turístico. En 2025, el Reino recibió 19,8 millones de turistas, un récord histórico que confirma la fuerza de su imagen internacional. Es precisamente ese poder de atracción el que empuja cada año a millones de viajeros a cruzar el Mediterráneo para descubrir su gastronomía, leer a sus autores, perderse en sus medinas o recorrer sus dunas y costas atlánticas.

Un país conocido, admirado o asociado a una experiencia intensa atrae más. Marruecos lo comprendió hace tiempo: cuanto más visible es, más deseable se vuelve; y cuanto más deseable es, más refuerza su prestigio.

Una diplomacia de influencia

El «soft power» marroquí no se limita a la cultura y al turismo. También se apoya en la diplomacia religiosa, que constituye uno de los pilares centrales de su influencia en África subsahariana. En calidad de Comendador de los Creyentes, el rey Mohammed VI otorga al país una posición particular dentro del mundo musulmán. El Reino promueve un islam moderado, tolerante y respaldado por instituciones sólidas, como la Fundación Mohammed VI de Ulemas Africanos o el Instituto Mohammed VI para la Formación de Imames, que acoge cada año a centenares de estudiantes africanos.

Esta dimensión religiosa se suma a una diplomacia económica activa y a una posición geográfica estratégica en África. Marruecos se presenta así como un puente entre África y Europa, entre el Mediterráneo y el Atlántico, entre el mundo árabe y el africano. Esta posición lo convierte en un actor importante de la cooperación Sur-Sur y en un actor clave en África.

¿Qué cambia concretamente el «soft power» para Marruecos?

El resultado de esta política de «soft power» es muy visible. Marruecos se impone como una potencia emergente. Su puesto 50 en el Global Soft Power Index de 2025, primero del Magreb y tercero de África, confirma este ascenso. El Reino gana notoriedad, respeto y credibilidad.

Esta imagen positiva tiene consecuencias concretas. También atrae inversiones extranjeras y sostiene un turismo en plena expansión, con la ambición de alcanzar los 26 millones de visitantes de aquí a 2030. En definitiva, el «soft power» marroquí no es un simple decorado. Se ha convertido en una manera de existir en el mundo, de ser reconocido y de contar en el escenario internacional. Desde la Caftan Week hasta los estadios del Mundial, pasando por el zellige o la gastronomía, Marruecos construye una estrategia que sirve tanto a su imagen como a su posición internacional.

La próxima etapa podría consistir en transformar estos éxitos visibles en una infraestructura cultural duradera, para que el brillo de Marruecos no dependa únicamente del próximo gran acontecimiento, sino de una presencia constante, profunda y organizada en el mundo.

Por Margaux Paris
El 17/05/2026 a las 14h30