Mundial 2030: el Camp Nou hace aguas en el Barça-Feyenoord, o cuando la lluvia recuerda a España los límites de sus estadios

Unas fuertes lluvias provocaron infiltraciones de agua en la zona de prensa del Camp Nou durante el partido de la Liga de Campeones entre el FC Barcelona y el Feyenoord, este miércoles 9 de septiembre de 2026.

El 10/09/2026 a las 11h49

Mientras los dirigentes españoles multiplican sus intervenciones para presumir de infraestructuras y reclamar la final del Mundial 2030, la lluvia vuelve con frecuencia a empañar esa imagen. Este miércoles, el Camp Nou se ha vuelto a inundar, al igual que ocurrió con el Santiago Bernabéu antes que él. Dos recintos que compiten directamente con el Gran Estadio Hassan II de Benslimane para albergar la cita cumbre de la Copa del Mundo.

A fuerza de repetir que España posee las mejores infraestructuras y que debe, de forma casi natural, acoger la final del Mundial 2030, sus dirigentes han situado a sus estadios en el centro de todas las comparaciones. Este miércoles 9 de septiembre, la lluvia se ha encargado de recordar que los dos principales escaparates españoles también presentan algunas grietas.

El Camp Nou volvió a experimentarlo con motivo del partido de la Liga de Campeones entre el FC Barcelona y el Feyenoord. Bajo las lluvias torrenciales que cayeron sobre Cataluña, el agua se filtró en diversas zonas del recinto, alcanzando incluso las áreas reservadas a la prensa. Los periodistas se vieron obligados a proteger sus equipos y a trabajar entre goteras. Una imagen distorsionada de lo que se espera de un estadio llamado a convertirse en una de las joyas del Mundial 2030.

El episodio resulta aún más incómodo al no tratarse de un hecho aislado. El pasado enero, con ocasión del encuentro entre el Barça y el Oviedo, el Camp Nou ya sufrió graves filtraciones. Un violento diluvio transformó varios sectores del estadio en auténticas piscinas. Las gradas, todavía parcialmente en obras y desprovistas de su cubierta definitiva, dejaron pasar importantes cantidades de agua. Ni tan siquiera la tribuna presidencial se libró del aguacero, terminando Joan Laporta la velada completamente empapado.

Barcelona no es un caso único. En Madrid, el Santiago Bernabéu también ha vivido sus particulares episodios acuáticos a pesar de una remodelación concebida para convertirlo en uno de los estadios más modernos del planeta.

En octubre de 2023, cuando las obras del coliseo madridista aún no habían concluido por completo, la borrasca Aline provocó cuantiosas filtraciones. Varias imágenes mostraron entonces cómo el agua descendía en cascada por las escaleras de los accesos destinados al público.

Meses más tarde, en junio de 2024, una nueva tormenta volvió a poner a prueba el Bernabéu. En aquella ocasión, las vías de agua alcanzaron el propio museo del Real Madrid, situado en las plantas superiores de la instalación.

Analizados por separado, estos incidentes podrían atribuirse a fenómenos meteorológicos excepcionalmente virulentos, dado que ningún recinto está totalmente a salvo de un contratiempo de esta índole. Sin embargo, su repetición choca con el discurso categórico que acompaña desde hace meses a la candidatura española para la final del Mundial 2030.

Al otro lado del estrecho, los responsables del fútbol español ya no se limitan a defender su proyecto, sino que exponen de forma recurrente las razones por las cuales la final debería corresponderles. El presidente de la Federación Española, Rafael Louzán, se pronunció de nuevo en este sentido recientemente, destacando el peso del fútbol español, su palmarés y sus infraestructuras. En España, el Santiago Bernabéu y el Camp Nou se presentan como dos bazas de primer orden en la pugna por el partido más codiciado del torneo.

Sin embargo, no compiten en solitario. En Benslimane, Marruecos levanta el Gran Estadio Hassan II, un recinto de 115.000 espectadores destinado a convertirse en uno de los estadios de fútbol más grandes del mundo. El proyecto de nuestro país avanza con una ambición manifiesta: disponer de un estadio capaz de responder a las máximas exigencias de una final de la Copa del Mundo y rivalizar directamente con los dos gigantes españoles.

Es precisamente aquí donde las imágenes procedentes de Barcelona cobran un matiz particular. No descalifican al Camp Nou, del mismo modo que las antiguas filtraciones del Bernabéu tampoco restan al recinto madrileño su condición de sede de primer nivel. Pero sí recuerdan una evidencia que el debate español parece a veces omitir: será la FIFA quien decida la sede de la gran final.

El organismo rector del fútbol mundial deberá examinar proyectos, inspeccionar instalaciones y evaluar las condiciones reales que ofrece cada uno de los aspirantes. Y cuando se presume de tener las mejores infraestructuras antes incluso de que la FIFA se haya pronunciado, resulta conveniente evitar que la lluvia empañe el debate.

Por Adil Azeroual
El 10/09/2026 a las 11h49